Fernando Jáuregui – La semana política que empieza – Esa mujer tan valiente, por ejemplo.


MADRID, 17 (OTR/PRESS)

La semana que comienza estará llena de noticias. Desde las reacciones al resultado de las elecciones en Grecia (y en Francia) hasta los contactos que el Mariano Rajoy «internacional» mantiene en el G-20 en México y, más aún, los que mantendrá con los mandatarios de Francia, Alemania e Italia el próximo jueves. Solamente eso bastaría para un cronicón de páginas y páginas, conscientes todos como somos de lo que está en juego. O podría citar, entre los acontecimientos que nos vienen, la inminente dimisión, al fin, del presidente del Supremo y el Consejo del Poder Judicial, Carlos Dívar. Sin embargo, hoy quiero centrar el comienzo de mi comentario en una mujer valiente, que va a protagonizar, creo que esta misma semana, un acto a mi parecer heroico.

Hablo de Consuelo Ordóñez, la hermana de aquel concejal de San Sebastián, a quien tantos quisimos y admiramos, llamado Gregorio Ordóñez. Consuelo, que no ha dejado de pasmarnos con su entereza a lo largo de ya muchos años, ha tomado la iniciativa de entrevistarse con Valentín Lasarte, el etarra que disparó la bala que asesinó a Gregorio. Lo visitará en la cárcel, donde Lasarte parece haberse arrepentido, a su manera, de lo que hizo. Es uno de los presos etarras que ha roto, ya digo que a su modo, con la banda del horror. Consuelo le mirará a la cara -no sé si él se atreverá a lo mismo_y quizá le diga que le perdona, aunque nunca olvide.

Traigo hoy este asunto a mi comentario porque cualquier signo de reconciliación me parece positivo, alentador, en un mundo carcomido por las divisiones. Las de Hollande y Angela Merkel, que pueden lastrar cualquier avance en el G-20 y en Europa. Las internas en España, que bien las conocemos y las padecemos. Es la hora de los grandes acuerdos y, sin embargo, nos ahogamos en las diferencias, cosa absurda cuando el diagnóstico que todos hacemos es el mismo. Las encuestas muestran el descrédito de la clase política nacional y, sin embargo, seguimos sin ver gestos de estadistas en quienes dicen representarnos.

¿Será esta, al fin, la semana en la que Rajoy, Rubalcaba, los demás, comparezcan solemnemente para anunciarnos los grandes acuerdos que España va necesitando ya urgentemente, cuando las voces que hablan de intervención total sobre España gritan cada vez más alto, mientras las que insisten en la necesaria tranquilidad de ánimos empiezan a callar de manera inquietante?

Confieso que ya he perdido casi del todo mi habitual optimismo. No entiendo por qué Rajoy no acude, en beneficio de los ciudadanos, a una petición de rescate no económico, sino político, al resto de las fuerzas políticas. Eso sería lo propio de un estadista que supera su condición de buen líder de un partido, y que sabe, además, que, si la intervención europea avanza, su presente -y no digamos ya su futuro_ político está liquidado.

Ignoro cuánto están pesando en el ánimo de Rajoy los consejos de quienes le piden que recapacite sobre el gran paso a dar; no parece que esté pensando en darlo, a tenor de lo que le escuchamos. Como si esa mayoría absoluta, que cada día que pasa lo es menos, le garantizase el éxito ante las agresiones internas y, sobre todo, externas.

Y es entonces cuando, calladamente, la hermana de un gran hombre cobardemente asesinado -lo han hecho también otros en estos días_ decide ir a la cárcel a ver al verdugo de su hermano y quién sabe si hasta a perdonarlo. Seguro que Consuelo ha tenido que sortear los avisos de quienes se mantienen en el rencor y en la inflexibilidad; ha superado ese obstáculo y las consiguientes críticas. Algunos, que para colmo no tienen tan cruentos agravios en su recuerdo, deberían pensar cómo aplicar en sus/nuestras vidas tan magnífico ejemplo de búsqueda de concordia.

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