Rosa Villacastín – El Abanico – La ceguera de nuestros políticos.


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

En el debate de investidura de Ignacio González, Tomás Gómez -líder socialista de la oposición-, le espetó al ya presidente de la Comunidad de Madrid: «Los políticos no pueden permanecer sordos al cuestionamiento de nuestro sistema y deben afrontar su defensa en lo que sea justo y su cambio en lo que sea necesario». Palabras que posiblemente pasaron desapercibidas en el fragor de la batalla política pero que ponen el dedo en llaga de lo que está pasando fuera de las instituciones, y que son tema de conversación en los hogares, en las cafeterías, en el trabajo y en las reuniones de amigos.

Que la gente se siente cada día mas alejada de sus representantes políticos, es una realidad que nadie puede ignorar, salvo que estén ciegos y sordos para ver lo que está ocurriendo en el seno de unas familias cada día más castigadas por una crisis, que no solo no remite sino que se acentúa, afectando a un amplio sector de la sociedad, como lo demuestran las manifestaciones que se celebran en todas las ciudades de España, y en las que participan miles de ciudadanos de todas las edades y clases sociales. Ciudadanos que nunca en su vida pensaron que en pleno siglo XXI tuvieran que echarse a la calle a defender de nuevo unos derechos que creíamos a salvaguarda de crisis y de tiburones financieros.

Intentar ocultar la realidad sembrando el miedo entre quienes protestan, demuestra lo alejados que están los gobernantes de los gobernados, por más que se les llene la boca hablando en nombre de la mayoría silenciosa, que si bien es cierto que no se salen a protestar, viven con el miedo pegado al cuerpo pensando que los próximos en engrosar las listas del paro y la miseria pueden ser ellos, nosotros, todos.

Yo invitaría al presidente del Gobierno, a la Vicepresidenta, a los ministros de Economía y Hacienda, a los presidentes autonómicos, a los lideres de todos los partidos que por unas horas se bajasen del coche oficial, se vistieran con el traje laboral y se fueran a los supermercados, a las calles, a los barrios de la periferia, y se mezclaran con la gente, con los parados, con esos padres de familia que tienen que hacer malabarismos para seguir manteniendo a sus hijos o a sus nietos a una edad en que lo que les pide el cuerpo es disfrutar un poco de la vida, pese a sus míseras pensiones. Y a la ministra Mato le suplicaría que no se parapete en su despacho y pregunte a los farmacéuticos, a los médicos de familia que atienden a la gente de bien, cómo en tan poco tiempo ha bajado tanto el consumo de medicamentos. Seguro que le asustaría saber la de ellos que no los compran porque no pueden pagarlos, con las repercusiones que sus medidas extremas van a tener en el corto y largo plazo.

Creo sinceramente que si algún político de los que con tanta ligereza recortan fuera capaz de enfrentarse cara a cara con la realidad, con la pobreza, con el hambre, con la desesperación de tantas familias, quizá, empezarían a comprender las razones por la que tantos ciudadanos empiezan a desentenderse de la clase política española, con el peligro que eso supone para el futuro de nuestro país.

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