Cayetano González – La cruda realidad.


MADRID, 22 (OTR/PRESS)

Hay un dicho popular aplicado a la actividad periodística que dice: «no dejes que la realidad te estropee una buena noticia». Eso es lo que debió pensar Mariano Rajoy en la noche electoral del pasado domingo al contraponer el contundente triunfo de su partido en Galicia, con lo sucedido en las elecciones vascas, donde la franquicia de ETA irrumpió con fuerza en el Parlamento Vasco como segunda fuerza política al conseguir 21 escaños de un total de 75, al mismo tiempo que el PP se hundía hasta la cuarta posición en la Comunidad Autónoma Vasca con sólo 10 escaños, lo que les devuelve a unos niveles de representación de hace veinte años. Algo por lo que los Antonio Basagoiti, Iñaki Oyarzabal o Borja Semper de turno deberían asumir urgentemente su evidente responsabilidad política en ese desastre

El triunfo del PP en Galicia -muy merecido y trabajado por Núñez Feijóo- le sirve a Rajoy para salvar los muebles en el muy corto plazo. Pero no le sirve para resolver los dos grandes problemas desde el punto de vista institucional que están ahí: Cataluña y el País Vasco. Dentro de un mes habrá elecciones en la primera de esas dos comunidades y la gran duda que puede existir a día de hoy es si Artur Mas y CIU consiguen la mayoría absoluta o se quedan a muy escaso margen de ella. En cualquier caso, la mayoría independentista que se conformará en el Parlamento de Cataluña, sumando los escaños que obtengan CIU, ERC y quizás el partido del expresidente del Barca, Joan Laporta, será mayor que la que tiene actualmente. Artur Más ya ha anunciado cuales serán los siguientes pasos que dará: convocará un referéndum independentista a todas luces ilegal, pero que creará un grave problema político e institucional al Gobierno de Rajoy.

En el País Vasco, el Parlamento surgido de las elecciones del pasado domingo cuenta también con una mayoría de diputados independentistas -48 sobre 75- como nunca ha tenido antes. Con el agravante que los dos partidos nacionales, PSE y PP, solo suman entre ellos 26, cifra a la que habría que añadir el diputado obtenido por UPyD. El próximo lehendakari, el peneuvista Iñigo Urkullu, ya ha anunciado un nuevo marco institucional para Euskadi en el 2014, basado en la bilateralidad en sus relaciones con el Estado. La franquicia de ETA no le dejará a Urkullu tanto margen de tiempo y le exigirá desde el minuto uno que emprenda el camino de la independencia.

Si a todo lo anterior se une la delicada situación que atraviesa el PSOE y su actual líder, ¿por cuánto tiempo?, Alfredo Pérez Rubalcaba, se comprenderá que el futuro de España como nación no es nada halagüeño. Ya lo dijo recientemente Otegui desde la cárcel de Logroño y lo repitió posteriormente Artur Más: el Estado español está débil y hay que aprovechar esta situación para avanzar por el camino de la independencia. En eso están unos y otros.

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