Carmen Tomás – A mover el ladrillo


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

El tan denostado y demonizado sector del ladrillo es en todo el mundo una necesidad. Hace unos días celebraban con repique de campanas que en estados Unidos se hayan vendido más de 4 millones de casas. En España, ha sido el motor del crecimiento y del empleo durante muchos años y ahora el provocador de muchas desgracias. Ni una cosa ni otra. La construcción tiene que ser uno de los motores de la economía, de cualquiera. Su poder de arrastre sobre numerosos sectores y como generador de empleos es innegable y volver a potenciarlo muy necesario en este país. Esto no quiere decir que España vuelva a ser el reino del ladrillo. Hay que potenciar y dedicar recursos y energía a otros sectores productivos, obvio.

Ahora se está montando porque el gobierno, al igual que otros de nuestro entorno y tan dispares como Gran Bretaña y Francia, también Portugal, le otorga a la compra de una vivienda un plus para lograr la residencia temporal. Por supuesto, si se cumplen los demás requisitos. La demagogia se ha disparado y ya se está hablando de la entrada de mafias y demás gente de mal vivir, como si estos colectivos no estuvieran ya aquí. Personalmente, me parece una buena idea para salida al ingente parque de viviendas que en nuestro país ni se venden ni se alquilan. Por qué no confiar en que la medida logre que se instale en nuestro país una clase media adinerada y creciente en países como Rusia, China o de donde sea, que disfrute de temporadas en nuestro país y que además consuma y pague impuestos. Me parece miope y demagógico que se hable de trato discriminatorio hacia personas con menos recursos y sin papeles que ahora dejamos «sólo» con la posibilidad de acudir a las urgencias si se ponen enfermos.

La medida que ya veremos cómo queda al final ha sido aplaudida por numerosos economistas de distinto pelaje. En lo único que parece haber gran desacuerdo es en el mínimo precio de las viviendas. Parece que los 160.000 euros en que se puede fijar por el Gobierno el precio mínimo se habría quedado corto, a pesar de que media costa española se quiere vender por bastante menos.

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