Andrés Aberasturi – Inmoralidad o democracia


MADRID, 21 (OTR/PRESS)

Caso Filesa: entre el comienzo y la sentencia, más de siete años. Y fue rápido. Caso BOE: los hechos ocurrieron entre 1989 y 1991; la sentencia en 2003. Caso AVE: la sentencia llegó 14 años después de su inicio como pieza desgajada del caso Filesa. Algo no funciona bien en este país harto de que los embargos y desahucios -por ejemplo- se resuelvan con una celeridad pasmosa mientras los grandes juicios que afectan a partidos o instituciones poderosas se prolonguen años y años sin que se sepa muy bien por qué y hasta prescriban. Pero la cosa no acaba ahí. Todos parecen estar de acuerdo en la Ley que regula la financiación de los partidos, pese a las sucesivas reformas, sigue siendo turbia, poco clara y con demasiadas grietas por las que colar «maniobras contables». Para que nos hagamos una idea del absoluto desastre, baste decir que las cuentas de los partidos se conocen con seis años de retraso y un portavoz del propio Tribunal de Cuentas aseguraba -según recogía el diario «El País»- que a finales de 2013 se pondrán al día con las cuentas de 2008, 2009, 2010 y 2011, afirmación de la que dudan los expertos. Pues señoras y señores, esto es lo que hay. Y si a este panorama no ya opaco sino verdaderamente negro, le añadimos detalles tales como que las fundaciones de los partidos no entran dentro de esa Ley a la hora de recibir donaciones, que los bancos pueden -y de hecho lo hacen- perdonar deudas millonarias y que el único poder con posibilidad para solucionar este desastre vergonzoso como Dios y la sociedad exigen es el legislativo, es decir, el que componen los propios partidos, las esperanzas de que algo cambie son más bien escasas. Y otra vez volvemos al origen de casi todos los conflictos, de casi todos los cabreos de la gente normal: el enorme poder de los partidos que han secuestrado de hecho algo tan hermoso como la democracia.

Ahora LE toca el turno al PP que tiene que dar tantas explicaciones y salir al paso de tantas evidencias que al final ha hecho lo de siempre: amenazar con llevar ante los tribunales a quienes «difamen» su buen nombre y su honradez, es decir, a quienes hagan exactamente lo que ellos hacían cuando las sospechas se cernían -y algunas aun se ciernen- sobre los otros partidos. Pues que empiecen por llevar a los tribunales al señor Vestrynge, por ejemplo. Se equivoca el PP que se encuentra en un trance con sólo dos caminos a elegir y una tercera posibilidad insoportable desde un punto de vista moral. Los dos caminos son sencillos: o tirar ellos de la manta o dejar que lo haga el entorno de Bárcenas -con más de una persona sentada en el Comité Ejecutivo Nacional- . La tercera solución, que para muchos es la que busca el ex tesorero, es la de callar, esperar e indultar. Demasiada posible inmoralidad.

Lo más triste de todo este grave asunto es que quien está dando la cara ha sido de las pocas personas que, de verdad, ha querido poner orden en Génova: Maria Dolores de Cospedal que tuvo que aguantar en su momento las chulerías de Bárcenas porque Rajoy o no quiso o no pudo -que si que pudo- o tuvo miedo de respaldarla cuando la secretaria del partido se limitaba a cumplir primero con su obligación como tal y segundo con las indicaciones mismas de un Presidente que parecía dar un paso al frente para luego recular. Ya veremos que sale de estas auditorias anunciadas, pero a la vista de cómo están las cosas en tantos partidos -que el PSOE no se frote demasiado las manos- los ciudadanos esperamos ya muy poco de todo. Y a la velocidad que va la Justicia, tal vez nuestros hijos sean testigos del desenlace definitivo de un tiempo de vergüenza generalizada en el que la inmoralidad pública secuestró lo que tendría que ser una aburrida y feliz democracia.

a.aberasturi

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