Julia Navarro – Escaño Cero – Y se va, pero no se ha ido.


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

Pues no, Oriol Pujol, el «hijísimo» no ha hecho mutis por el foro. Simplemente ha «delegado» sus cargos orgánicos dentro de CiU, pero va a continuar como diputado en el Parlamento de Cataluña.

En realidad, Oriol Pujol no ha hecho nada distinto a lo de políticos de otras formaciones. La cuestión es que los políticos suelen ver la paja en el ojo ajeno y suelen pedir las dimisiones de los acusados de corrupción cuando estos son de otros partidos, pero cuando les toca a ellos entonces se deshacen en excusas y reclaman el principio de la presunción de inocencia. Y, precisamente, ese es el quid de la cuestión. Una persona no es culpable hasta que no lo dictamina un tribunal de Justicia, pero en el caso de los políticos la pregunta es ¿deben de dimitir antes de que haya una sentencia condenatoria? Hay quienes defienden que cuando un político es acusado de lo que sea lo mejor es que deje su cargo, si lo tiene, o en todo caso dimita de todas sus responsabilidades y deje la vida pública. Otros argumentan que eso es condenar por adelantado a alguien y que se pone en entredicho la presunción de inocencia.

En mi opinión, los partidos deberían de llegar a un acuerdo estableciendo en qué momento un político debe de dar ese paso atrás, pero sin trampas, sin dejar una responsabilidad pero continuando en otra. El criterio, ya digo, debería de ser común, estableciendo también la manera de que reivindicar y devolverle sus cargos a quien salga indemne de su paso por los tribunales porque es verdad que hay ocasiones en que una persona puede ser acusada injustamente y luego los tribunales dictaminar su inocencia pero para entonces su fama y prestigio ya está hecha añicos.

Creo que en el caso de los políticos su imagen sufriría menos si dieran ese paso atrás, si se alejaran temporalmente de toda actividad política hasta que sus asuntos fueran resueltos por los tribunales. El caso de Oriol Pujol ya digo que es el mismo de otros casos ya sean en el PSOE, en el PP o en otras formaciones políticas: dicen que se van pero en realidad se quedan y eso es visto por los ciudadanos como una tomadura de pelo.

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