Andrés Aberasturi – Cataluña no es Mas


MADRID, 18 (OTR/PRESS)

Realmente lo del presidente Mas debería empezar a ser mucho más preocupante para los catalanes que para el Gobierno.

En todas las autonomías lo que realmente preocupa es el paro, la sanidad, la educación, los impuestos, las pensiones, los transportes y sobre todo eso debate en sus parlamentos, opinan sus medios de comunicación, se enfrentan los que están en el gobierno con los que están en la oposición.

Pero los que mandan en Cataluña -cada vez más Convergencia y menos Unió y Esquerra Republicana- están obsesionados con la independencia, los presuntos agravios y las no menos presuntas deudas. Y en esa obsesión vale todo, incluso algo tan poco estético como el plantón de Mas a los empresarios y a la presidenta en funciones del Gobierno de España. Las explicaciones dadas son aun más penosas que el plantón, así que mejor ni comentarlas.

Pero en este laberinto en el que se ha metido Mas y sus socios de Esquerra, los que pueden salir peor parados son los propios catalanes que reclaman soluciones a sus problemas diarios y que -salvo excepciones muy radicales- no se pueden creer que la culpa del desastre sanitario o las alarmante cifras de déficit en la alimentación infantil sean culpa del resto de España.

La estabilidad política en Cataluña ha recaído siempre en CiU y en el PSC, dos siglas que hoy se debaten en una confrontación interna verdaderamente grave y ni es descartable en absoluto que Unió termine teniendo que abandona a esta Convergencia de Mas ni que la indecisión del PSC y un PSOE sin liderazgo rompan el partido en pedacitos que a nadie van a beneficiar.

La otra gran fuerza catalana, la burguesía empresarial, ha guardado hasta ahora un silencio que cada día se va rompiendo en contra del sueño obsesivo de Mas y si primero fue Lara del Grupo Planeta, lo mismo ha dicho en EEUU José Luis Bonet Ferrer, presidente de Freixenet: «Cataluña es una parte esencial de España y así es como debería continuar».

¿Y qué pasa en el resto de esa España? Pues poca cosa, la verdad; entre que los independentistas no van haciendo precisamente amigos (Albert Pla: «me da asco ser español») y las cosas que vienen diciendo ya de antiguo algunos dirigentes de Esquerra sobre todo sobre Andalucía y Extremadura, no se puede afirmar los secesionistas catalanes ayuden mucho en ese diálogo que proponen para lograr sus objetivos.

¿Y el Gobierno? Pues el Gobierno de perfil, para variar, teniendo que escuchar cómo es el propio Durán quien le pide que lidere una respuesta contra el sueño imposible de Mas.

Pero en el fondo -el problema es que creo que sin darse cuenta- no está del todo mal ese pasotismo del que se le acusa. Dice Durán que se pueden encontrar con una declaración unilateral de independencia votada por unos grupos en el Parlamento de Cataluña; bien ¿y qué?

La cosa no dejaría de ser algo tan testimonial, inútil y escasa -no quiero usar la palabra infantil- como el plantón de Mas a los empresarios amparando su propio orgullo en el respeto a Cataluña.

El problema es que Artur Mas aun no se ha dado cuenta de algo muy elemental: que Cataluña no es él.

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