Antonio Casado – Pobreza infantil


MADRID, 16 (OTR/PRESS)

Es muy duro toparse con el recadito de Save the Children donde se documenta el lacerante dato: uno de cada tres niños españoles está en situación de pobreza o en riesgo de exclusión social. No menos lacerante es ver a España ocupando el segundo lugar del mundo en incapacidad de lucha contra la pobreza infantil. Solo Grecia nos gana a la cabeza de tan humillante clasificación, con datos de Euroestat (Agencia Estadística de la UE).
Aún resuena en nuestros oídos el grito de otra ONG internacional como Cáritas Europa, que hace pocos días nos alertaba sobre la tragedia de las 700.000 familias españolas donde no entra ni un euro. En este caso el ranking era de los países con mayor índice de pobreza infantil. También segundo lugar: los niños españoles son los más pobres de Europa después de los de Rumanía. Datos parecidos a los oficiales de Eurostat, que sitúa en el 29,9% el índice de pobreza infantil en nuestro país, muy por encima de la media europea (21%).
Tanto Save the Children como Cáritas relacionan este panorama con la crisis económica. Sin embargo, en el informe de aquella se invita a no buscar las causas de la pobreza solamente en la falta de dinero para comprar ropa, comida o vivienda. También se habla de la falta de condiciones para un acceso fluido a los servicios sociales y de entornos que dificultan la socialización de los niños en situación precaria. Lo cual nos lleva a relacionar la pobreza infantil, asimismo, con el fracaso de las políticas de los poderes públicos o, directamente, la ausencia de políticas para combatir la pobreza infantil.
A principios de año también hemos conocido los informes de la Unión Europea y la OCDE sobre la situación social en los países de nuestro entorno. Y en ambos, al igual que en los elaborados por las dos ONGs mencionadas, España sale muy mal parada. En Bruselas se nos dice que el empleo precario -un grave defecto de nuestro mercado laboral-, tiende a consolidar la pobreza (informe 2013 sobre la situación social en Europa), mientras en París, sede de la OCDE, se habla directamente de la «escasa atención que España presta a pobres y parados».
Volviendo al demoledor dictamen de Save the Children, se constata que como efecto de la crisis económica en estos últimos años (2008-2012) hay un millón de niños más en situación de pobreza. Con un matiz muy revelador. No tanto por el impacto directo de la crisis económica, que también, por supuesto, sino por la falta de voluntad política para corregir esa tendencia.
No sugiero que al Gobierno español tenga voluntad de contribuir a aumentar la pobreza, pero sí diría que las decisiones que toma o las que deja de tomar tienden a crear condiciones que favorecen la situación denunciada. Pienso, por ejemplo, en una reforma laboral que hizo más fácil y barato el despido, la merma de la partida dedicada al subsidio de paro o, en general, los recortes de los servicios sociales.

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