No te va a gustar – Cándido


MADRID, 25 (OTR/PRESS)

Desde hace muchos años siento el mayor respeto por el secretario general de UGT, Cándido Méndez. Lo cual no significa que yo no piense que debería haber anunciado, y consumado, su retirada hace ya algún tiempo, no demorándola hasta fecha tan tardía como 2016. Como protesta ante lo que estaba haciendo su organización en Andalucía, por ejemplo; sé que anduvo tentado de dar un portazo, pero, al final, cedió a las presiones de su entorno y no lo hizo. O podría haberse marchado cuando el líder ugetista en Madrid fue sorprendido en el feo asunto de las tarjetas «negras» de Caja Madrid. Primó en él esa mezcla de sentido del deber y de pereza ante el cambio que es lo que muchas veces nos sujeta al sillón.
Le conozco desde hace tantos años como los que lleva en la secretaría general del sindicato. Todos los días pasaba andando, recorriendo un largo trayecto hasta la suya, por delante de mi oficina. Creo que los bienes materiales, todas esas cosas que otros anhelan, casas, coches, viajes de lujo, restaurantes de muchos tenedores, a él le resbalan. Pero le ha faltado el valor de la denuncia de muchas cosas. Y lo, que es peor, le ha faltado el coraje del cambio: los sindicatos españoles no pueden seguir así, anclados en el mundo laboral del posfranquismo. Hacen falta ideas nuevas, reaccionar positivamente ante términos como «emprendimiento» o «trabajador autónomo», porque ambos están inscritos en una realidad y porque hay muchos postulados, entre ellos algunos que también reivindican nuevas formaciones -semana laboral de 35 horas, jubilación a los sesenta–, que son, sencillamente, imposibles.
Creo que debemos reconocimiento a Cándido Méndez porque muchas veces ha sabido colocarse en actitudes constructivas y prácticas. Ha sabido no romper la baraja, evitando el caos, aunque no haya sabido forzar unos nuevos pactos de La Moncloa, los que sí aceptó al fin su antecesor, Nicolás Redondo.
Yo creo que el tiempo de Cándido Méndez ha pasado. No porque ahora cualquiera que haya sobrepasado los cincuenta -ponga usted, si quiere, los sesenta- está considerado como un trasto viejo e inútil. No; es porque, con su mentalidad actual, toda la UGT, por citar solamente a este sindicato, corre el riesgo de convertirse en un trasto viejo e inútil, y no están las cosas como para que algo tan valioso, tan necesario, como un sindicato se oxide hasta el punto de resultar inservible. Los tiempos del cambio han llegado al mundo laboral: puede no ser una crisis, sino una oportunidad.

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