No te va a gustar – «Operación Madonna»


MADRID, 8 (OTR/PRESS)

Desde luego, nada me gusta el término «operación Menina», que, él creerá que de manera ingeniosa, inventó Pablo Iglesias. Pero sí puede que exista, a escala superior a la puramente nacional, una «operación Madonna». Rajoy se sabe, quizá, sobrepasado a medio plazo por la coyuntura, por su propio estilo, algo antiguo en un país que respeta poco las canas y la experiencia. Y todos intuyen que es llegada la hora de las mujeres: Soraya Sáenz de Santamaría no va a ser presidenta del Gobierno de España (quien más probabilidades sigue teniendo a corto plazo es Rajoy, por supuesto)… pero puede que lo sea algún día, quién podría asegurar lo contrario. O lo propio. Qué duda cabe de que, en la bastante acertada campaña que Jorge Moragas ha diseñado para el Partido Popular -aunque él esté formalmente encuadrado en la Presidencia del Gobierno-, SSdeS se ha encaramado a cumbres insospechadas hace un mes y me parece que no del todo deseadas por aquellos que, en el Consejo de Ministros, creen que la «número dos» se excede en sus funciones, en su protagonismo y en su dejación en la tarea de coordinar la marcha global del Gobierno. No les gusta que se suba a un globo o que maneje con vehemencia un todoterreno como una especie de moderna Indiana Jones: ellos no lo harían.
Personalmente, valoro mucho a la vicepresidenta: no es hipócrita ni en lo religioso -y no es eso fácil en el PP, aunque también Rajoy comparta esa sinceridad-, ni en lo social. Ni es rica ni presume de pobre, como hacen tantos otros políticos. Su mirada de niña pícara y vivaz enamora a las cámaras de televisión, que no necesitan de bellezas explosivas para mimar un rostro. Sabe lo que se trae entre manos y desespera a sus contrincantes en las sesiones de control parlamentario. Trabaja muchísimo y, sin que se le noten demasiado presuntas cacicadas, ha sabido acumular un impacto que nunca tuvieron ni Fernando Abril, ni Guerra, ni Rato, ni María Teresa Fernández de la Vega, ni Elena Salgado. Y todo ello, claro está, porque a Mariano Rajoy, fuente de todo poder, le-ha-dado-la-gana delegárselo. Como las fotografías en los carteles electorales. Como su presencia en el debate más comentado hasta ahora en esta campaña loca. ¿Qué es, se preguntan muchos, quizá desde el vacío, lo que se está tramando? Posiblemente, nada. Excepto la lógica.
Y la lógica dice, aunque suene a tópico, y quizá lo sea -los tópicos no siempre son falsos, aunque puedan ser excesivos-, eso que antes apuntaba: que es la hora de las mujeres en política. Es lo nuevo, lo único nuevo de verdad en una campaña que, como la española, está llena de novedades. Pero podemos hablar de otras latitudes. Venezuela nunca ha tenido un líder de la oposición semejante a lo que podría ser una Lilian Tintori, cuyo rostro lleno de expresión acapara las portadas del mundo entero. Ni en los Estados Unidos se ha dado jamás una candidatura a la presidencia tan atractiva como la de Hillary Clinton, ni siquiera la de Obama. Angela Merkel lidera Europa, no solamente Alemania. Y la muy polémica figura de Marine Le Pen se ha hecho con la llave de la gobernabilidad territorial en Francia, lo que no es, a mi entender, poco riesgo, pero ahí está. En otro orden de cosas, si usted quiere, son dos niñas, y una reinará en España, las que nos conmueven estos días felicitándonos la Navidad. Las mujeres copan las oposiciones a jueces, las facultades de Periodismo, las cátedras que luego nutrirán la clase política, los puestos clave del alto funcionariado, comenzando, ya se ve, por la Abogacía del Estado. Ocupan las alcaldías de las dos principales ciudades españolas y de la autonomía central…
El machismo, la discriminación, lamentablemente incluso contemplada por nuestra muy reformable Constitución, ya no tienen ni cabida ni sentido. Hablar de «operación Menina» con un deje levemente despectivo -ya sé que no era eso lo que el líder de Podemos pretendía; simplemente quería ser gracioso, y eso es lo malo: que se nos cuelan en la conversación cosas así_ solamente agrede a quien suelta risotadas con ello. Como ese necio concejal que llama «fondona» a una política emergente, jaja, qué risa. Precisamente por todo eso, SSdeS estaba destinada, con su desenvoltura, a ganar el debate frente a sus oponentes masculinos. Y puede que también precisamente por eso, Mariano Rajoy, que de campañas ha aprendido no poco, envió a su téorica «número dos» -los «cartoonist» la adoran, y la presentan, con buen humor, mangoneando lo indecible en La Moncloa_ a fajarse con Sánchez, con Rivera, con Iglesias; los tres obviamente incómodos porque una mujer, quizá de manera un tanto espuria, porque allí debería haber estado un hombre -que contemplaba el espectáculo desde el paraíso de Doñana-, había osado irrumpir en «su» plató de televisión.
Todavía nos queda, en esta campaña, un «cara a cara» televisivo entre Rajoy y Sánchez. Los dos, por cierto, acudirán antes a programas de audiencia millonaria en televisión que están dirigidos por mujeres. Los finalistas, si es que lo son ellos dos, que lo más probable es que sí, son hombres. Pero muchos de sus espectadores estarán pensando, cuando escuchen sus discusiones, en Soraya. O en Susana, quién sabe. ¿No andan por ahí las apuestas de futuro no tan lejano, al fin y al cabo, tras lo que ocurra dentro de ya menos de dos semanas?

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