Charo Zarzalejos – Los líos del copago


MADRID, 12 (OTR/PRESS)

Quizás se deba a su juventud, a la inexperiencia, a un cierto afán de protagonismo o a una clara ausencia de equipo que oriente su acción, pero lo cierto es que la ministra de Sanidad, la catalana Dolors Monserrat, ha organizado un buen «lío» que diría Mariano Rajoy.
Después de unos días de no saber si va o viene, la ministra se ha estrenado con una polémica o globo sonda, que nunca se sabe, que ha dado en una diana especialmente sensible. En España y en los actuales momentos, mentar a los pensionistas es meterse por caminos bien abruptos. Meterse, además, sin tener claro el mensaje, sin tener tomada una decisión, sin tener la certeza de lo que se quiere hacer, es una autentica temeridad y la temeridad en política se convierte en una muy espesa tela de araña de la que es muy complicado salir sin picadura alguna.
Siendo verdad que es titular de un Ministerio cuyo grueso de competencias está en manos de las autonomías, la cartera de Dolors Montserrat es una cartera que tiene competencias sobre asuntos que afectan directamente a la calidad de vida de los ciudadanos. Son competencias con «piel» que hay que administrar con especial sensibilidad. Cuidando las palabras y los tiempos. En este caso no ha ocurrido ni una cosa ni otra. Con las palabras, la ministra se ha perdido y el tiempo no ha sido el más adecuado. Bastante frentes tiene el Gobierno delante de sí, como para introducir justo ahora el debate sobre el copago que, como bien se sabe, es un asunto que levanta ampollas.
Tanto en el asunto que nos ocupa, como en otros muchos que afectan de manera directa a la vida social, a amplios colectivos, bueno sería que los responsables políticos, tanto del Gobierno como de la Oposición, pero sobre todo del Gobierno tanto central como los de las comunidades autonómicas, acudieran, previamente a cualquier pronunciamiento, a expertos capaces de analizar las cuestiones que se quieren poner encima de la mesa con el rigor necesario para que ni unos se equivoquen a la hora de lanzar ideas ni otros a la hora de oponerse.
La repentización, las ocurrencias, solo sirven para frivolizar decisiones de largo recorrido y los políticos, como los periodistas, debemos admitir que no sabemos de todo, que no dominamos las claves ciertas, de ahí que se echen en falta esos debates previos de gentes que con acreditados conocimientos que ofrezcan a la sociedad y los responsables políticos criterios objetivos y profesionales y a partir de ahí, pero solo a partir de ahí, y en función de la ideología de cada cual, del momento político, de las estrategias de unos y otros, tomar las decisiones que se quieran, pero nunca de manera frívola. La banalización y la frivolidad deberían estar reñidas con la política.

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