LOS PACTOS Y LAS INVESTIDURAS

Con Pedro Sánchez vuelve el vergonzoso pacto que nunca se fue: el del PSOE con zarrapastrosos, proetarras e independentistas

Con Pedro Sánchez vuelve el vergonzoso pacto que nunca se fue: el del PSOE con zarrapastrosos, proetarras e independentistas
Pedro Sánchez y sus aliados para seguir en La Moncloa. PD

Todo lo que se diga y anuncie hasta la investidura de alcaldes, regidores autonómicos y finalmente presidente del Gobierno, desde casi todos los partidos, quedará enterrado por lo que finalmente pacte cada uno de ellos y habrá formado parte, una vez más, de la estrategia negociadora del momento.

Algo que la opinión pública, y especialmente los medios de comunicación, debieran tener en cuenta en el futuro para no ser cómplices, rehenes o involuntarios impulsores de un juego del engaño poco respetuoso con el ecosistema político, que tiene en la transparencia y la sinceridad dos soportes elementales a menudo desvencijados por la mentira y el tactismo.

En ese sentido, parece especialmente nítido el caso -una vez más- de Pedro Sánchez y del PSOE, que se presentaron a las Elecciones intentando borrar la huella de sus acuerdos con el independentismo y Podemos; mantuvieron esa pose ficticia tras ganarlas para simular moderación y, al final, van a volver al mismo lugar que les dio La Moncloa hace un año con una traumática moción de censura.

Esto es, a un Gobierno con una fuerza parlamentaria limitada, aun mayor que en el pasado y con más legitimidad electoral sin duda, sustentado en Podemos y de nuevo en el independentismo: que el partido de Iglesias se haya debilitado hasta puntos insospechados y que el soberanismo sea ahora el de ERC -vencedor en el pulso contra Puigdemont que en realidad explica buena parte del procés-, no varía el espíritu y la letra de un pacto ya antiguo.

Porque, pese a las ceremonias de confusión habituales en el sanchismo, amplificadas hasta el extremo por la práctica totalidad de las televisiones, lo cierto es la pinza del populismo y el nacionalismo llevan siendo muletas del socialismo desde 2015 en ciudades, regiones y la propia Moncloa y lo van a seguir siendo.

Todo lo demás es propaganda previa para adormecer al ciudadano y hacerle pensar que, si se llega a ese punto, es por culpa de terceros partidos que, como PP o Ciudadanos, no han dejado otro remedio al PSOE que volver a pactarlo todo con quienes en realidad ya venían siendo sus socios desde hace tiempo: el escandaloso caso de Navarra, donde muy probablemente acabe gobernando la socialista Chivite gracias a la nueva Batasuna, es paradigmático de ello.

Lo que puede variar ahora es la dimensión del pago a cambio de ese respaldo. El crecimiento del PSOE, la debilidad y fraccionamiento de su alternativa y el hastío de la opinión pública parecen la antesala de un catálogo de concesiones, espaciadas en el tiempo, sin precedentes conocidos. ¿De verdad Podemos no va a querer cobrarse la factura? ¿Y no se la va a pasar Junqueras de un modo u otro? ¿En qué términos ambos?

Que todo ello no tenga una respuesta clara, aunque la más verosímil sea inquietante en grado máximo, lo dice todo de un momento político muy poco tranquilizador, imprevisible y que no termina con la investidura de Sánchez: en realidad empieza ahí, y tendrá en las decisiones económicas, territoriales y hasta judiciales las pruebas del oscuro intercambio de favores que ahora desconocemos. Lo hará de manera espaciada, con hitos distintos separados en el tiempo, pero lo hará.

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