LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO DISCRIMINA A LA MUJER POR CONSIDERARLA INFERIOR, Y AL HOMBRE POR ROBARLE SU DERECHO A LA PRESUNCIÓN DE INOCENCIA

Las feministas radicales no son mujeres, son una suerte de mutantes

Las feministas radicales no son mujeres, son una suerte de mutantes

En el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, aparte de tener un recuerdo especial para aquellas mujeres que fallecieron en la empresa de camisas Triangle de Nueva York, cuando aún no existía un mínimo derecho a la seguridad en el trabajo, y otro recuerdo de solidaridad con las mujeres que sufren opresión en los países africanos y asiáticos, no estaría de más una reflexión somera sobre lo que significa ser mujer. Desde luego, ser mujer no es lo que reivindica la totalitaria ideología de género y mucho menos lo que la ministra de Igualdad que tenemos la desgracia de padecer pregona desde su incultura, incapacidad, ignorancia, incoherencia y falta de sentido común. El espíritu del 8 de marzo dista mucho de ser el esperpento de los últimos años.

El año pasado, las femilocas querían llegar a casa solas y borrachas. Gracias a la pandemia, las del “sí es sí hasta el final”, este año no invadirán calles y micrófonos echando espuma por la boca y vomitando verde, como la pobre Regan McNeil, la niña de El Exorcista. Estar posesas es lo que tiene. Tanta chochocharla, exaltación del clítoris y “empoderamiento desde sus coños”, como ellas dicen en sus charlas y talleres financiados por los Ayuntamientos, les ha producido un colocón, no sé si orgásmico, que va in crescendo. Aunque últimamente no les están saliendo bien las cosas y los fiscales les han bajado los humos con el “sí es sí”, y lo de la ley trans parece que tampoco va por buen camino, a Dios gracias. ¡Pobres niños en manos de esta gente!

Con los proyectos de las nuevas leyes de la radical Montero se han pasado siete pueblos y tienen a las feministas de pedigrí de toda la vida en contra y pidiendo la dimisión de la marquesa de Galapagar. Una feminista la acusaba uno de estos días de no representar a las mujeres, de ser la antítesis del feminismo y de ser ministra por ser la pareja del jefe. ¡Qué fuerte! A poco más y le dice que llegó por la cama.

Pero las feministas radicales, por el hecho de ser hembras, pueden hacer y decir lo que les dé la gana, sin que nadie se atreva a piarles. Pongamos por caso que eres hombre y que en un brote de sinceridad les se te ocurre decirle a alguna de ellas que es diputada, portavoz, ministra o lo que sea, por esa cosa estúpida de la tómbola de la paridad o por compartir mesa, mantel y cama con el jefe. ¡Pobre de ti! Como poco, te caería una buena multa en virtud de no sé qué argumento raro que tiene que ver con el honor, como le pasó al juez de marras con la podemita deslenguada. Porque ya sabes que ellas pueden llamarte machista, maltratador, asesino y mil burradas más, pero tú calladito, porque a ti la ley no te protege. No hay ley para ti. Pero incluso en el Parlamento se está viendo esta desigualdad. No sabes cuánta rabia me da, cuánta lástima te tengo y cuánto me solidarizo contigo. Pero vamos a seguir luchando para que esto cambie.

Estas locas excéntricas de los discursos feministas, que llenan el aire de bobadas, a mí no me representan. A las que no somos mujeres-cuota solo nos representa la Constitución y la ley. Las mujeres no somos inferiores ni minusválidas para que un grupo de descerebradas tenga que reivindicar unos derechos que no son tales, basados en teorías acientíficas e implantados a base de presión a políticos y legisladores de escaso sentido común y abundante ambición. No necesitamos ser tuteladas, y mucho menos por estos grupos de hembristas cavernícolas tan amantes de luchar en el barro. No hay que olvidar, además, que cada feminista de estas es un agente inquisitorial. Una amenaza.

Las mujeres feministas de verdad, antes de que desde la corrupta ONU llegara ese engendro del “género” en forma de ideología totalitaria, basada en el patrón de la lucha de clases, estamos en contra de las cuotas. Nada me daría más vergüenza que me colocaran en una lista o me regalaran un puesto por ser mujer, para hacer la cremallera. Las mujeres feministas de verdad ni queremos derechos extra, ni los necesitamos.

Me siento avergonzada por estas mujeres manipuladoras, desafiantes e insaciables, que están creando una sociedad caótica e invivible. No puedo hablar de esto sin recordar al frívolo Zapatero, que fue quien empezó este carnaval y que el PP en pleno dio por bueno continuando con la mascarada. Lo siguiente fue pura pendiente resbaladiza.

La verdad, si con carácter obligatorio el fin de las mujeres fuera llegar al grado de involución mental y espiritual, a ser una caricatura de nuestra esencia, yo optaría por quedarme en casa y con la pata quebrada.

NOTA. Si algún youtuber desea reproducir este texto o parte de él para la locución de su vídeo, debe pedir autorización y citar la fuente al principio de la narración.
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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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