Dar con un Rojo que sea decente,
Es como quien se encuentra un tesoro,
Lo cual sabemos que no es frecuente;
Esto en ellos no es ningún desdoro:
Lo que va unido a su naturaleza
Es lo de saber siempre estar al loro,
Para lo cual les sobra tal destreza,
Que poco tiene que ver con el volumen
De decencia que tiene una cabeza,
En román paladino: el cacumen;
Con esta albarda montan en la burra
Los Rojos … Valga pues como un resumen
De lo que son … Y si alguien se lo curra
Con más jaeces, que levante el puño,
Cante la Marsellesa y grite ¡hurra!;
Sea del asfalto o sea del terruño,
A lo largo y ancho de su historia,
Esta es su cédula, firma y cuño;
Si vuelven a darle vueltas a la noria
Del bienestar y progreso, el pozo
Quedará otra vez lleno, … pero de escoria;
Quienes, aunque pocos, tenemos el gozo
De peinar canas, recordamos el cuándo,
El dónde y el cómo de aquel destrozo
Que quedó hecha España bajo su mando;
Arrimando ascuas a su sardina,
Inventaron, además del contrabando
Para sobrevivir, el odio y la inquina…
Y al dar fin el alguacil a las alarmas,
Sellaba su consigna con esta propina:
“Y quien no, … ¡será pasado por las armas!”.

