LA PROPINA

LA PROPINA

 

Dar con un Rojo que sea decente,

Es como quien se encuentra un tesoro,

Lo cual sabemos que no es frecuente;

 

Esto en ellos no es ningún desdoro:

Lo que va unido a su naturaleza

Es lo de saber siempre estar al loro,

 

Para lo cual les sobra tal destreza,

Que poco tiene que ver con el volumen

De decencia que tiene una cabeza,

 

En román paladino: el cacumen;

Con esta albarda montan en la burra

Los Rojos … Valga pues como un resumen

 

De lo que son … Y si alguien se lo curra

Con más jaeces, que levante el puño,

Cante la Marsellesa y grite ¡hurra!;

Sea del asfalto o sea del terruño,

A lo largo y ancho de su historia,

Esta es su cédula, firma y cuño;

 

Si vuelven a darle vueltas a la noria

Del bienestar y progreso, el pozo

Quedará otra vez lleno, … pero de escoria;

 

Quienes, aunque pocos, tenemos el gozo

De peinar canas, recordamos el cuándo,

El dónde y el cómo de aquel destrozo

 

Que quedó hecha España bajo su mando;

Arrimando ascuas a su sardina,

Inventaron, además del contrabando

 

Para sobrevivir, el odio y la inquina…

Y al dar fin el alguacil a las alarmas,

Sellaba su consigna con esta propina:

“Y quien no, … ¡será pasado por las armas!”.

Autor

Salvador Monzó Romero

Salvador Monzó Romero cuenta la feria según le ha ido y según le va, siempre ante la pantalla de la Televisión, reivindicando desde su sillón-bol, un tanto escorado a la derecha, su derecho a la crítica mordaz y ácida, pero con carácter moralizante.

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