Absurdo

¡Socorro!

Dos grupos de tertulias

¡Socorro!

Reconozco que las tertulias políticas no se encuentran, precisamente, entre mis platos favoritos. En raras ocasiones, sólo cuando espero que comenten asuntos de especial interés, les presto alguna atención.

Y ese fue el caso tras las recientes elecciones en Extremadura y Aragón.

Sorprendida por el tratamiento que la primera que escuché dio a la cuestión, me tomé la molestia de dar un largo paseo por Internet en busca de más opiniones.

Había, claramente, dos grupos de tertulias; descartado el primero de ellas, las del “’¡Viva Sánchez que tan generosamente nos paga!” me concentré en el resto, las que reunían personas contrarias a la banda.

La unanimidad era total: sin siquiera una excepción, todos los opinantes manifestaban de modo contundente la necesidad de que el Partido Popular y VOX llegaran a un acuerdo, en Extremadura, en Aragón y donde fuera preciso, pues, para ellos era evidente la prioridad:   deshacerse de Sánchez.

Semejante dislate debía obedecer, sin duda a alguna razón. No me pareció lógico que personas sensatas, de elevado nivel cultural y bien informadas fueran capaces de llegar a tan disparatada conclusión. No tenía el menor sentido.

Por si fuera poco, estudiaban los resultados a partir de la división de los votantes en dos grupos: derecha e izquierda; tras comprobar que la suma de los primeros era muy superior a la del resto, concluían que el electorado más sensato les estaba pidiendo a gritos, con su voto, que superaran diferencias y, centrados en la primera de las urgencias, echar a Sánchez, se pusieran en marcha, unidos hacia la victoria.

Este absurdo superaba, con mucho, mi capacidad de asombro.

¿Dos grupos de Partidos, los de derecha y los de izquierda? ¿De dónde lo habrían sacado? ¿A qué España se estaría refiriendo esa gente?

Me encontré sumida en la incertidumbre, incapaz de dar con una explicación racional a todo lo que veía y escuchaba: la mayoría, si no la totalidad, de aquellos opinantes tienen que ser conscientes del disparate que están profiriendo; Por mucho que no dejen de promocionar confusión, me niego en redondo a creer que también estén comprados; pero tampoco me parece lógico que, de pronto, un extraño virus haya invadido sus antes sanas discurrideras. Que aquí está pasando algo muy extraño, no creo que ofrezca muchas dudas. Muy extraño, en verdad.

Hubiera entendido perfectamente el debate; eso, realmente, era lo que esperaba yo cuando rastreé Internet en busca de diversidad; lo previsible era, para mí, que una minoría defendiera como necesario ese entendimiento entre el PP y Vox, mientras el resto demostrara estar mejor enterado de qué clase de partido se estaba jugando en la actualidad.

Porque, si para mí, una señora de lo más corriente, está el asunto más claro que el agua, ¿cómo es posible que personas mucho más y mejor informadas estén haciendo como que no se enteran?

No, señores opinantes, la actual lucha política, en la que está en juego nada menos que España, no se libra actualmente entre la derecha y la izquierda. De eso, nada.

Nos la estamos jugando en función del resultado final del enfrentamiento entre los que nos defienden y quienes, vendidos a los amos de la corrupta Unión Europea, pretenden acabar con nosotros: invasión masiva que busca, nada menos que sustituir la actual población europea por gentes sobre todo del mundo islámico; que so pretextos tan fuera de la realidad como cambio climático y otros absurdos, nos están arruinando en el terreno industrial; sin olvidar su intento, cada vez más obsesivo ¡y eficaz! de acabar con nuestra agricultura, nuestra ganadería, nuestra pesca… y nuestras libertades, que, al paso que vamos, en pocos años no dejarán sana ni una.

Y ahí, ¡vaya si están claros los dos bandos! ¿Izquierda y derecha? ¡Por favor!

Partido Popular, PSOE y adjuntos son el enemigo, los esbirros de los, sepa Júpiter con qué destructiva intención, han comprado a los corruptos burócratas que rigen la llamada Unión Europea.

Sólo nos defienden VOX en España y los Partidos de tinte patriótico en el resto de las naciones de Europa. Contra viento y marea, en una muy desequilibrada relación de fuerzas, pues ellos, vendidos sus principios, no tienen por qué atenerse a ninguna clase de reglas,

Cuando nos están ahogando, cuando no dejan de machacarnos, ¿cómo puede haber gente sana que  abogue por pactar con el enemigo? Lo que equivaldría, lisa y llanamente a una rendición poco menos que incondicional.

¿De verdad se están creyendo eso quienes a todas horas propugnan semejante antinatural y suicida coyunda?

¿De verdad no se están enterando de en qué mundo vivimos?

¿De verdad se lo creen ustedes?

Aquí va mi ruego a la dirección de “Periodista digital”. Abran el debate, por favor. Permitan, cuando menos, que quienes opinan como yo tengan oportunidad de expresarse en sus programas, de defender una posición, no sé si mayoritaria entre la gente de bien, pero, desde luego, estoy segura de que no somos cuatro gatos.

¡Escúchese nuestra voz, por favor!

¡Que nos la estamos jugando!

Que con rendición incondicional, jamás se podrá ganar una guerra. Y, si estamos a dos pasos de perderla definitivamente, éramos pocos…

Pues eso.

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