La Marea de Pérez Henares

El campo y los complejos

La lluvia y la nieve caída, y la que sigue cayendo, desde el otoño (se ha cumplido el refrán de “La nieve de octubre siete lunas cubre”) se nota en la primavera. Una de las más pujantes y hermosas de las que vamos a poder y hemos empezado ya a disfrutar. Los campos y los montes están llenos de su sangre más preciada, “el agua” . Se han regenerado veneros, se han llenado embalses, se han recuperado manantiales y calzarizos. El pasto, los arbustos y los árboles ; los labrados, los baldíos y los bosques son una voz de colores verdes y floridos elevados al cielo como el cántico de una alondra. A la flor de los frutales ha sucedido la de los romeros (la cosecha de miel en La Alcarria va a ser espléndida) y las pardas costeras están teñidas de amarillo por la flor de las aliagas, lo único bonito de la dura planta . Florecerá el tomillo, el cantueso y el espliego.

Es un maravilloso momento para la visita y el viaje al campo cercano. El turismo de interior va a ser una alternativa inmejorable en estos tiempos de crisis y nuestra administración ha de estar muy atenta, que creo que lo está, a esa posibilidad . Bienvenidos sean todos los visitantes, como lo han sido esta Semana Santa de pueblos llenos e instalaciones hoteleras rurales a rebosar. Es el momento ideal para gozar del campo. Pero los visitantes, por favor, no olviden que el campo no es una postal , que allí vive, trabaja, cultiva alimentos y cuida del terreno una gente. También hay cazadores que ahora no cazan (alguno tras el corzo) pero están cuidando sus cotos.

El campo es mucho más y lo vamos a sentir crecientemente en nuestra caída del guindo que el lugar donde pasar el fin de semana. Y no es como algunos creen y vocean, “de todos y para hacer lo que a mi me de la gana”. Si el coche en que nos desplazamos es de nuestra propiedad, también los pedazos labrados y hasta los baldíos tienen amo y cuidador. Públicos, cuando lo son, y por tanto de todos, son los caminos . La ciudad muy escrupulosa en cuanto a la propiedad (mi piso, mi plaza de garaje, mi local) tiende a suponer que esta no existe en el medio agrario y a no respetar los derechos como tal de quienes allí viven. Incluso y dando un paso más allá a considerarse más capacitada y superior para el cuidado del territorio y lo que entiende por preservación de la naturaleza.

En resumen, un complejo de superioridad basado en humos urbanos, ante el campo y ante quienes de él cuidan . Pues mejor que se les vaya quitando. No están las gentes agrarias ya para estas tonterías, ni para baronesas de oropel ni para desertores del arado con ínfulas de ejecutivos multinacionales. Que saben que hay mucho paro por ahí. Y los otros deberían de aprender que con algunos aires no te cae un mal tomate. Y si siempre ha venido bien, ahora puede que hasta venga mejor.

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Autor

Antonio Pérez Henares

Ejerce el periodismo desde los 18 años, cuando se incorporó al diario Pueblo. Ha trabajado después en publicaciones como Mundo Obrero, Tiempo, El Globo o medios radiofónicos como la cadena SER. En 1989 entró al equipo directivo del semanario Tribuna, del que fue director entre 1996 y 1999. De 2000 a 2007 coordinó las ediciones especiales del diario La Razón, de donde pasó al grupo Negocio, que dirigió hasta enero de 2012. Tras ello pasó a ocupar el puesto de director de publicaciones de PROMECAL, editora de más de una docena de periódicos autonómicos de Castilla y León y Castilla-La Mancha.

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