Elecciones municipales a la vista

Ley Electoral: A vueltas con los alcaldes

Ley Electoral: A vueltas con los alcaldes
Urnas, elecciones, campaña electoral y política. PD

No hay un solo texto ni la cuestión se reduce a que quien mas votos tenga sea quien gobierne. No, en algún de despacho de Génova, los papeles con los que el PP pretende un acuerdo que es muy difícil que se de, se establecen una serie de correcciones, porcentajes y otros elementos que, en teoría, dan margen para la negociación aunque, efectivamente, el propósito final sea que gobierne el municipio aquel que más votos ciudadanos obtenga.

No ha comenzado oficialmente el curso político y la polémica está servida. Es verdad que cualquier cambio en las normas electorales requiere para su propia supervivencia un acuerdo cuanto más amplio, mejor.

En el PP aseguran que lo van a intentar porque la propuesta que hacen y que aún no se conoce en su totalidad, además de estar llena de «sentido común» es una manera como otra cualquiera de ir iniciando el reclamado camino de a regeneración democrática…

La verdad es que cuando la propuesta se lanza a escasos meses de unas elecciones municipales resulta inevitable pensar que la misma es fruto del cálculo político, pero nadie puede creer que la decisión del PSOE de no negociar se debe a la generosidad. El PP, claro que ha hecho cálculos.

Exactamente los mismos, pero en sentido inverso, que a los que esta haciendo el PSOE. Y es que ambos partidos, los dos grandes tienen sobre si dos grandes inconvenientes. Cada uno el suyo. El PP tiene difícil llegar a acuerdos con otras fuerzas que no ven el momento de «jubilar» a Mariano Rajoy y el PSOE por si solo apenas puede si respirar. O pacta con otros o difícil será, en principio, que por si solo pueda alcanzar alcaldías significativas.

¿Interés político? Si, sin duda, pero no es exclusiva del PP. A estas alturas no hay partido que no hay establecido sus hipótesis de representación municipal.

Que el PSOE haga un llamamiento a todos los demás partidos para organizar un frente, llámesele como cada cual quiera, para oponerse a la reforma del PP, indica hasta que punto el partido de Pedro Sánchez se siente sin fuelle para, en solitario, decirle a Rajoy que no, que no hay acuerdo.

Más llamativo resulta que el PNV avise de que si la reforma sale adelante la llevaran a los tribunales europeos. La idea no se sostiene: si el PP aprueba su reforma esta podrá ser susceptible de crítica, pero de ninguna de las maneras sería una reforma ilícita o ilegal. La mayoría absoluta de la que dispone, obtenida democráticamente le da derecho a modificar la ley. La denuncia carecería de todo sentido.

Vamos a ver que pasa. Demos tiempo al tiempo, que Rajoy aún tiene pendiente su peregrinaje a Santiago en compañía de Merkel para cerrar el acuerdo que va a llevar a Luis de Guindos a la presidencia del Eurogrupo y de vuelta a Madrid se pondrá manos a la obra.

En principio, el PP parece muy dispuesto a aprobar la reforma en solitario, pero Rajoy pondrá a trabajar a Soraya Sáenz de Santamaría que a lo mejor logra algún acuerdo hoy inesperado.

De todos modos, mejor sería que la reforma saliera con el apoyo de otro grupos y seria magnifico que cuando se inicie la campaña cada cual dijera, para saber a que atenernos, con quien pactaría en caso de que fuera necesario. Los amigos de mis amigos no tienen por que ser mis amigos y no todos los pactos ofrecen las mismas certidumbres.

Nos esperan unos meses sin tregua. Que nadie espere acuerdos ni amabilidades. Ya estamos en período electoral y desde ahora mismo, Rajoy busca repetir cómodamente en Moncloa y Pedro Sánchez «jubilarle democráticamente».

Ambos objetivos no se presentan fáciles y los dientes de todos han comenzado a afilarse. Los de Rajoy, aunque no lo parezca, también y como siempre he sostenido y sostengo que nadie le infravalore porque puede cometer muchos errores pero como adversario tiene más peligro que un nublado.

Hagan recuento de los que han quedado por el camino y verán como la idea no es descabellada. Pedro Sánchez debería ir cogiéndole el punto porque su tarea no va a ser fácil por mucho que logre un gran pacto de todos en contra de una reforma que debería ser, siempre, consensuada.

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