Este 16 de febrero de 2015, escribe José Antonio Zarzalejos en El Confidencial una columna titulada ‘Los vulgares Monederos de la vida’ en la que arranca diciendo:
No puedo estar más de acuerdo -como me ocurre con frecuencia- con Manuel Conthe. El economista, en un artículo publicado en Expansión el pasado martes («Monedero y el monofisismo»), constata lo que todos vemos a diario: «Las noticias publicadas estos días muestran que de la facturación de servicios a través de las sociedades interpuestas han abusado no sólo profesionales de convicciones conservadoras, sino también artistas y otros profesionales teóricamente progresistas.»
Añade que:
Como Juan Carlos Monedero hay en España cientos de miles vulgares y corrientes ciudadanos profesionales que «optimizan» su fiscalidad bien a través de sociedades interpuestas, bien como falsos autónomos, y, en muchos casos, superpuestas ambas creatividades.
Y concluye que:
Monedero y sus colegas, si quieren resultar creíbles, deben renunciar a determinadas vulgaridades que, por serlo, piensan deben serles perdonadas. Incurrirían en lo que advertía el maestro Ortega y Gasset: «Lo característico del momento es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar su derecho de la vulgaridad y lo impone dondequiera.»
