Antonio Casado

El sueño y la pesadilla.

No hacía falta que su ex socio, Durán i Lleida, dijera este lunes en la radio que al presidente de la Generalitat, Artur Mas, el llamado «proceso» se le ha ido de las manos». Salta a la vista. Por eso mucha gente no se toma en serio la segregación de Cataluña. Porque no conciben, efectivamente, una Cataluña que decide separarse de España por el artículo 33, el de la real gana de sus gobernantes.

Sin embargo, es indiscutible que una mayoría absoluta de los independentistas en las elecciones del 27 de septiembre sería un quebradero de cabeza para todos. De ahí que haya que tomarse muy en serio la hoja de ruta del soberanismo. Por extravagante que parezca. No hacerlo puede ser un contratiempo de indeseables consecuencias en las urnas.

Me explico. Es muy desmovilizador tomarse a broma el desparpajo que se gastan los independentistas para hablar como si tal cosa de la creación de estructuras de Estado, la declaración unilateral de independencia, el proceso constituyente de una República catalana, etc, etc.

En sentido contrario, tomarse en serio la última encuesta del CIS, según la cual los independentistas obtendrían la mayoría absoluta sumando sus dos candidaturas (Junts pel Sí y Cup), supone lograr que los votantes habitualmente pasotas en elecciones autonómicas

-ciudadanos originarios de otras partes de España y no abducidos por el espejismo identitario- no se queden en casa a la hora de votar en las elecciones del domingo 27 de septiembre. A esa tarea (movilización de votantes del área metropolitana de Barcelona) se están dedicando los candidatos de las cuatro fuerzas políticas que se declaran expresamente contrarias a la desconexión catalana. A saber: hacia la izquierda, Cataluña sí que es pot y el PSC (PSOE), y más hacia la derecha, Ciudadanos y PP.

Ninguna duda en cuanto a los tres citados en último lugar, Y en cuanto al primero, donde se integra Podemos, véase el discurso desplegado por Pablo Iglesias, líder de Podemos, durante su participación en la campaña electoral. Este fin de semana apeló al voto del extrarradio hasta el punto de considerarlo decisivo para acabar con los planes de Artur Mas.

Un previsible apagón en la carrera política del president hasta lo agradecería el interesado. Acostumbrado a ir de derrota en derrota

-sólo triunfó en la pitada del Bernabéu y en la confiscación de la Diada-, tampoco sería para él ninguna tragedia un revolcón en las urnas. Bastaría que el 27-S salgan a votar esos ciudadanos a los que se refiere Iglesias.

Si a Mas le acaban pasando por encima quienes quieren seguir siendo catalanes y españoles, en el fondo se sentirá liberado. Para él también será el fin de una pesadilla. Ese sueño que, según su ex socio, Durán y Lleida, se la ido de las manos. Vaya usted a saber. A lo mejor está contando los días para quitarse un peso de encima. Al fin y al cabo todavía es el líder de un partido burgués amante del orden y sediento de centralidad.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído