La columna de José Luis Gómez este 26 de octubre de 2015 se titula ‘»La salida de la crisis» y es una mirada escéptica a las cifras sobre recuperación, empleo y crecimiento español:
- ¿Sale España de la crisis? Todo parece indicar que sí, aunque lo hace despacio, con una tasa de desempleo elevada, desigualdad, precariedad y una paulatina reducción salarial, salvo en sectores competitivos o privilegiados. Toca terapia de choque europea, ya que los indicadores económicos apuntan a la existencia de una Europa dual, la del Norte o central con Alemania al frente, y la del Sur o periférica en la que se encuentra España.
- «La dualidad -suele explicar Xavier Vives, director del Centro Sector Público-Sector Privado de IESE- se refleja en términos de perspectivas de crecimiento, tasas de desempleo, evolución de la productividad, de los precios y costes laborales unitarios, así como niveles de endeudamiento privado y de inversión en investigación y desarrollo».
- El gran problema de la periferia sería que tiene unos niveles de productividad bajos y que necesita al mismo tiempo rebajar sus niveles de deuda -en España, sobre todo, privada y contraída con el exterior- y bajar precios y costes para ser más competitiva.
- Pero España precisa unas reformas en profundidad y que salgan de la misma sociedad y no impuestas desde fuera. Necesita hacer lo que Suecia hizo en los años noventa en respuesta a su crisis financiera. Precisa implementar un profundo conjunto de reformas que potencien la productividad.
- Ahora bien, Suecia devaluó su moneda al mismo tiempo, y eso impulsó las exportaciones. España puede hacer todo lo que hizo Suecia menos devaluar, a menos que saliese de la zona euro, algo que ya casi nadie propone.
- Por tanto, puede insistir más en las mejoras de productividad y en mecanismos de devaluación interna como la rebaja de las cotizaciones sociales, compensadas con aumentos del IVA y con una reforma de la negociación colectiva para que no sea inflacionista.
- El país también precisa profundizar en la mejora de la productividad y en el aumento de la competitividad, un problema que comienza por la educación y pasa por la vivienda, los servicios públicos, la innovación, la investigación y el coste del trabajo. Otro objetivo del nuevo Gobierno, tras el 20-D, debería ser la implicación de todos los agentes sociales, ojalá que de la mano de un nuevo modelo económico, con otro patrón de crecimiento, como abandera el PSOE.
- Si con el tiempo surgen pactos, podrá debatirse, por ejemplo, sobre los costes salariales, ‘tocando’ las cotizaciones sociales. España también debe superar el escepticismo sobre su capacidad para dinamizar la economía y hacer reformas estructurales, de modo que mejore su cuota de mercado en el comercio mundial. Porque no todo el mundo está en crisis. Hay futuro.
