Luis Herrero

No recuerdo tanta incertidumbre desde que el franquismo daba las últimas boqueadas

No recuerdo tanta incertidumbre desde que el franquismo daba las últimas boqueadas
Luis Herrero. PD

La columna de Luis Herrero en ‘Libertad Digital’ este 26 de octubre de 2015 se titula «La bomba debajo del sofá» y va del ascenso de Ciudadanos y de los pactos y componendas que se perfilan tras las elecciones del 20D:

Arranca Herrero:

Los exploradores que vienen de otear el futuro desde las colinas de las encuestas empiezan a decirnos con machacona insistencia que la estabilidad política tras el 20 de diciembre no se conseguirá sólo con el acuerdo de dos partidos. Hará falta el concurso de tres -lo más parecido que hemos tenido a la necesidad de un proyecto colectivo desde 1977- para que la zozobra no se apodere de la escena.

Sigue:

No hay más remedio que aceptar que a la vuelta de la esquina lo que nos nos aguarda es una gran incertidumbre. El futuro es imprevisible. Más que otras veces. Más que nunca desde 1977. Casi tanto como lo fue durante los últimos años del franquismo.

Explica:

El resumen del resumen es que hace cuarenta años lo nuevo sustituyó a lo viejo, sin que la crisis acabara en tragedia, porque la mayoría de los actores que se embarcaron en el cambio estaban de acuerdo en cuál debía ser el destino final de la travesía. […] Pero ahora no ocurre lo mismo. Ahora cada partido quiere una cosa distinta. Podemos quiere dinamitar la Constitución del 78 -algo para lo que no tiene cómplices suficientes- y levantar algo diferente que no saben concretar en qué consiste. El PP se resiste al cambio porque no acepta que lo viejo es viejo (y lo es, en gran parte, por culpa suya) y porque le gusta la fábula del culo y la poltrona. Siguen siendo los mismos de siempre, diciendo lo mismo de siempre, con el firme propósito de seguir diciendo lo mismo de siempre después del 20 de diciembre.

Añade:

Todo vale con tal de no quedarse en enero en los bancos de la oposición, que es lo mismo que quedarse con los pies colgando en la boca del sumidero, a la espera de repetir la peripecia mortuoria que protagonizaron Almunia o Rubalcaba en 2000 y 2011. Al PSOE -que, la verdad sea dicha, ha demostrado a pesar de todo más ganas de cambiar que el PP- le importa más el futuro de Pedro Sánchez (a quien también le encaja como anillo al dedo la explicación de Hitchcock sobre el suspense) que el futuro de España. Los nacionalistas, entretanto, han pedido rancho aparte y ya no piensan ajuntarse con nadie que no les deje salirse con la suya. Lo común les importa un rábano.

Y concluye:

Ciudadanos, por último, sale del sistema con ganas de cambiarlo, tiene claros sus límites -con nacionalistas o populistas, ni hablar del peluquín- y abandera un proyecto que, por contraste con los demás, provoca cierta ilusión en la parte móvil del electorado. Pero no la suficiente. Me da en la nariz que una porción no pequeña de los votantes de Rivera lo que pretende, en el fondo, es darle un aviso al PP para que espabile y deje de orbitar la circunferencia de su ombligo. Creo que Ciudadanos sólo será un partido consolidado si el PP fracasa en el proceso de reconstrucción interna que debe provocar la debacle que se intuye.

Con esos mimbres hay que hacer el cesto del futuro. No recuerdo tanta incertidumbre desde que el franquismo daba las últimas boqueadas. El 20-D está cargado de suspense. Las bombas debajo del sofá ya casi han consumido la mecha.

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