Victoria Lafora

Sentido de Estado

Sentido de Estado
Albert Rivera en Telecinco y Antena3. Telecinco / Antena3

En el único debate a cuatro previo a las elecciones, sus protagonistas, Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera, no sólo marcaron claramente sus estrategias de campaña, sino que también visualizaron lo que habrían de ser sus tácticas pos electorales. Y eso, sin conocer el resultado.

Hoy, sabiendo exactamente el número de escaños logrados y las dificultades a las que matematicamente se enfrentan, las posturas de todos ellos difieren muy poco de lo que el pasado 11 de junio dejaron entrever.

Rajoy mantiene su impertérrito inmovilismo, esperando que sean otros quienes muevan ficha, sin aceptar que es él, como claro ganador de las elecciones, quien tiene que ganarse voluntades, ofreciendo pactos a cambio de concesiones claras. Ese es el juego político que parece no haber entendido, o no querer entender.

Pedro Sánchez, por ahora, se mantiene en sus trece, pero tratando de conjugar a la vez opciones imposibles: un «no es no», manifiesto aunque descafeinado, y una apuesta porque las elecciones no se repitan.

Da la sensación de que la estrategia del no se convierte en la de «por ahora, no», «de momento, no», «de entrada, no», tan consustancial con la política posibilita del PSOE. Tiempo al tiempo. Y es que, solo jugando duro y consiguiendo concesiones importantes, puede Pedro Sánchez justificar ante su electorado una difícil pero necesaria abstención.

Pablo Iglesias, el de las mil caras, sigue mostrando hoy aquella con la que, aprovechando el efecto de doble pantalla, de forma meliflua, le mostraba al candidato socialista su estupor: «No soy yo, no soy yo, Pedro… Tú enemigo es Rajoy».

Solo que ahora, con su sibilina desfachatez, complementa la frase con la advertencia de que si Pedro facilita la investidura de Rajoy se convertiría en su socio, con lo que le dejaría a él como único referente de la izquierda y, consecuentemente, como líder de la oposición.

Por fin, Iglesias, deja clara la que desde un principio fue su ambición: descabalgar al PSOE para convertirse el jefe de la oposición. Esa es la estrategia con la que subsanar el fracasado «sorpasso» y salir de la melancolía en la que los resultados electorales le han sumido.

Albert Rivera, personaje pragmático donde los haya, no ha tenido empacho en decir digo donde dijo Diego, y parece dispuesto a pactar con el PP, aún con Rajoy de presidente, pero, eso sí, tratando de apretarle las clavijas a Pedro Sánchez.

Justifica esta rectificación estratégica, con el consiguiente incumplimiento programático, en un vídeo para sus afiliados donde trata de explicar su giro sobre la base de la manifiesta incapacidad del PP y del PSOE que, «como siempre no se dan la mano y no quieren un gobierno nuevo de consenso y fuerte».

Por eso se siente obligado a abstenerse en segunda instancia, alejándose de un proyecto continuista , inmovilista y que no regenera, pero se acerca a los españoles y les da la mano para que el país funcione.

En alguna medida -parece que en mucha medida- esta historia va a tener un discurso final muy parecido, en el que las concesiones de envergadura convertirán la claudicacion en un inteligente y loable sentido de estado.

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