Santiago López Castillo

El perro perdido y hallado en Alemania

El perro perdido y hallado en Alemania
Santiago López Castillo. PD

Ya sé que hago proselitismo. Pero qué rica acción a favor de unos seres que nos dan todo a cambio de nada. Son nuestros amigos los animales. (No digan mascota, que no es un talismán para la suerte sino los que nos acompañan en las alegrías y en las tristezas). Un perro labrador desapareció de la localidad asturiana de Verdicio, en la costa del Principado, donde principalmente sobresale Gozón, que no Garzón, y un mes después apareció en Alemania. Dos mil kilómetros distan entre estos dos puntos geográficos.

Se llamaba -y se sigue llamando- Tuto, un labrador, como digo, que es primo hermano del golden, para mí el can más bello de la creación, como era mi «Niebla» masculino y un mal día en que comenzaba a despuntar el otoño me dejó sin quererlo y para toda la eternidad. Todavía no me ha supurado la herida de su muerte. Pienso en lo que habrá sufrido la familia de Tuto; su angustia; su búsqueda; el oído afinado para escuchar el aliento, santo y seña gutural del can. Ahí está la grandiosa película de la creación, fuera también de la imaginación , que fue Disney, al que los progresistas llevan a la hoguera por la mierda del machismo y, se conoce, que los siete enanitos se cepillaron a Blanca Nieves a dos palmos del suelo a instancias del PP.

Al parecer, coge fuerza la tesis de que un turista alemán le creyera abandonado pero al ir a un veterinario comprobaron mediante el chip la dirección española. Eso solo lo sabe Tuto. Quiero recordar que allá por los años setenta, una familia española, que había estado trabajando en Alemania, se vino para su tierra, Gijón, y el perro que tenían -al no ver a sus protectores- se dijo lo de vente p’a España, Pepe. El hecho tuvo una gran repercusión. Similar al anteriormente relato pero en direcciones contrarias, algo parecido a la película de Disney «De vuelta a casa», maravillosa, extraordinaria, única filmada en la realidad, nada de dibujos animados.

Estos son nuestros seres queridos . Como mi inolvidable «Niebla», que con su marcha me dejó una honda cicatriz en el corazón. Y todas las mañanas me dirijo a su tumba del jardín y le echo un padrenuestro que me sabe a gloria.

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