Análisis

Victor Entrialgo De Castro: «Siete millones de Sancheces»

Victor Entrialgo De Castro: "Siete millones de Sancheces"
Pedro Sánchez.

Despues de cada elección, su análisis y sus insondables misterios, probado que aún no lo está, que no haya existido ningún tipo de fraude, conviene recordar algunas cuestiones fundamentales:

Primera, que la verdad no es democrática, y en consecuencia, las urnas no dan ni quitan razones.

Segundo, que la verdad de nuestros políticos la van desentrañando los trabajos y los dias, o sea la historia.

Y tercero, que lo que resulta palmario es que aquí hay una urgencia, un 112 político, que debe eliminar de la ley electoral las distorsiones y sobrerrepresentación de quienes, desde dentro, se proponen destruir el sistema del que forman parte.

Esta democracia española que va quince años detrás de la centroeuropea va camino de las coaliciones pero todavía no hemos llegado, en parte por nuestro irredentismo y en parte porque esa ley electoral no lo propicia.

La democracia es un sistema de gobierno. Nada menos, pero nada más. Ese sistema, al parecer, no ha impedido que siete millones de personas voten paradójicamente a la persona que concita mayor animadversión en España despues de la Pantoja, incluso dentro de su partido.

En la regiones más empobrecidas, han vuelto a votar al partido que lleva más de tres décadas gobernando. Pues nada. A seguir así. Quizás no estaría de más, para todos, otra «Liga de Educación política», aparte de la de fútbol. La solidaridad es un pilar fundamental de la Constitución y, más aún, de la vida. Pero los que hablan de «repartir», para encontrar como es notorio un puesto de privilegio en el propio sistema que critican, nunca piensan en las condiciones precisas para generar éso que hay que repartir.

Si, como en esas regiones, -el ejemplo más reciente es Cataluña,- lo repartible es cada vez menos, cada vez se extremará más el voto, primero CIU, luego el PSUC con el Tripartito, luego Junts pel si y ahora Esquerra Republicana. Y cuando por fin no haya «nada de nada», votarán a la CUP. Hasta que la ciudadanía, muy tarde por lo general, despierte para convertirse en mayoría.

No hay otra explicación. Son demasiados los votos cautivos por la temerosa nómina pública, incrementados los viernes con Decretazos, como hacían antaño los caciques comprando votos o repartiendo billetes en la plaza del pueblo. Nos esperan siete millones de «Sancheces» de consecuencias nefastas para este Titanic con un capitán en el puente que, como su antecesor, no ve venir los icebergs.

Ni siquiera en el Psoe ha habido euforia. No se lo creen ni ellos. O, mejor dicho, tienen pinta de que ya lo sabían. Y esta es aún la duda. La propia Begoña pasó totalmente de la campaña y aprovechó para ir a hacerse unos retoques, tan segura estaba de su presidencia-florero.

Nadie se cree este prodigio de resultado electoral, que 7 millones de españoles hayan votado al cómplice de los golpistas. Y menos aun que un brujo contratado para eso, le quitase las vísceras a unas gallinas y con todos sus huevos, en libertad, lo supiese con pelos y señales 2 meses antes.

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