Cuánta pena y cuánta tristeza sentí al escuchar al presidente del Gobierno de España intervenir desde la tribuna del Congreso de los Diputados escupiendo y vomitando contra el Partido Popular. Intervenir en su condición de presidente de todos los españoles. Intervenir porque su gobierno reconoció públicamente que fue espiado y ese espionaje o “presunto” espionaje supuso el cese fulminante de la directora del CNI. Intervenir y poner en marcha el ventilador de heces para que nadie pregunte por la verdad de lo sucedido.
Eso sí, manteniendo su forma sucia y repugnante aquella que en su día le ayudó a llegar al poder y que hoy vuelve a utilizar para tapar todas sus obscenidades políticas, las de sus socios y las de aquellos a quien Pedro Sánchez protege.
Cuánta pena y cuánta tristeza sentí al escuchar a Sánchez insultar hace unos días a los policías nacionales que fueron a Cataluña a defender la unidad nacional y el cumplimiento de la ley. Les llamó de manera absolutamente indignante. Piolines. Aquél que señala a la alternativa de la izquierda de ser la corrupción democrática, falta al respeto a aquellos que se dejan la piel por defender nuestra democracia.
Cuánta pena y cuánta tristeza sentí al comprobar el grado de beligerancia de quien representa o debería representar a todos los españoles llamando “mangantes” a sus adversarios políticos con un odio tal en su mirada que bien podría haber liderado esa acusación cualquiera de sus socios de gobierno de mandato. Llámense éstos defensores de asesinos etarras, separatistas o comunistas.
¡Qué pena y qué tristeza de Gobierno! Ahora entiendo ese vacío en Davos a nuestro presidente, ¿quién va a querer escuchar a tan degenerado político? Un político que llegó al poder con el insulto, se unió a los que mataban porque no quieren ni creen en la libertad y se “casó” políticamente con autoritarios, populistas y separatistas de nuestro país.
¡Qué pena! ¡Qué tristeza!
Pero sin sorpresas en el frente, estimado lector.
Sólo un radical como Pedro Sánchez es capaz de mentir como lo hace él, sólo un radical y autoritario, es capaz de meter la mano, como lo ha hecho, en todas las instituciones del Estado y señalar de ello al adversario político. Sólo un radical, autoritario y populista tiene la capacidad de engañar a todos, tratarnos como idiotas a todos los españoles, poner en riesgo toda nuestra vida, romper economías familiares, ahogarnos a impuestos, ser el protagonista de la mayor polarización política de las últimas décadas y, además, salir a culpar al Partido Popular de todo lo mal que nos va.
Y pretenden algunos que nos amedrentemos, que nos callemos, que no respondamos a tan degenerado político. ¿De qué pasta están hechos algunos?
Por eso los madrileños apuestan por Isabel Díaz Ayuso, por su valentía y su respuesta. Y por eso los españoles apoyarán a Alberto Núñez Feijóo, por su moderación y sus propuestas.
Porque estamos hartos del señor Sánchez que vive de la confrontación, del odio hacia las políticas liberales, de su resentimiento contra el centro derecha español. Su animadversión hacia los que defendemos valores como la vida, la propiedad privada, el esfuerzo, a los autónomos, pymes, trabajadores, estudiantes. Su rechazo por la libertad en todos los ámbitos de nuestra vida.
Porque a Sánchez le gustaría que fuésemos marionetas que bailásemos a su son. Que nos callásemos ante su ineptitud y su ineficacia. Que silenciásemos todos sus atropellos a nuestros derechos y que asumiésemos que solo la izquierda es quien debe marcar el relato, falso, para mantenerse él en el poder.
Pues, me tendrán que disculpar, pero llamar degenerado a quien tanto daño está haciendo a nuestro país, a nuestra convivencia, a nuestra vida, es lo más suave y respetuoso que puedo decir del presidente del Gobierno de España.
Pedro Sánchez es la amenaza de nuestra democracia y frente a él, seguiré defendiendo otra forma de hacer política y gestionar. Además, lo seguiré haciendo con muchas GANAS.
*Yolanda Estrada, diputada del GPP Asamblea de Madrid
