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«Ningún viento será favorable para quien no sabe a qué puerto se encamina».
Séneca, filósofo, político, orador y escritor romano hispano, icono de la sabiduría universal, pronunció esta frase que por su genialidad, ha sido repetida hasta la saciedad durante siglos.
Aunque digo yo, sin ánimo de contradecir al sabio Séneca, que la frase debería de decir lo contrario, ya que humildemente opino que cualquier viento es favorable cuando no sabes a qué puerto te diriges. Porque lo que sí está claro es que cuando sueltas amarras y alzas la vela, es porque no quieres quedarte donde estás. Pero en fin, Séneca es Séneca, y un servidor no es más que un don nadie.
Por cierto, y por aquello de “donde dije digo, digo Diego”, quisiera traer a colación otra frase famosa del filósofo romano; ésta, de carácter heroico, extraída de una de sus cartas a Lucilo:
– «No me daré la muerte por escapar del dolor, pues morir así es ser vencido».
Pues va a ser que no, porque lo cierto es que sin quitarle valor a tan valiente afirmación, Séneca optó por el “donde dije digo, digo Diego”, consiguiendo finalmente quitarse la vida tras dos intentos fallidos.
Dicho todo esto, confieso que soy un devoto admirador de Séneca, no solo por ser una de las mentes mejor amuebladas que ha dado la Humanidad, sino por su valentía, honradez y honestidad.
En cuanto a la contradicción existente entre una de sus últimas frases y su suicidio, decir que, caso de no haberse quitado él la vida, hubiese sido Nerón quien habría dispuesto cómo debía de morir.
Y es que Nerón era mucho Nerón; o sino que se lo pregunten a las antorchas vivientes con las que iluminaba su circo a los pies de la colina, hoy vaticana.
¡Salve, Séneca!
Yo por mi parte me embarco en un velero llamado Dignidad. No sé hacia qué destino voy, ni qué vientos soplarán durante mi solitaria travesía, pero lo que sí tengo claro es en qué mundo no quiero estar.
¡Ah! y si me pierdo por el camino, Dios será mi estrella Polar.

