Vomitivo.
Lo de Pedro Sánchez, el que este jueves 8 de enero agasajó sumiso en La Moncloa al golpista Junqueras, para suplicar el apoyo de los separatistas catalanes, a cambio de 4.700 millones que los socialistas quitan a andaluces, aragoneses y castellanos.
Repugnante, porque el marido de Begoña, casi a la misma hora en que se bajaba los pantalones ante el catalán inhabilitado, subió a X un tuit celebrando la liberación de los españoles “que han pasado más de un año retenidos en Venezuela”.
Las palabras, en política y en periodismo, no son nunca neutrales.
‘Retenido’ es como estás un buen rato cada viernes, cuando enfilas en coche la Cuesta de las Perdices; lo que sucede al desventurado pasajero de los trenes del bocachancla Óscar Puente cada vez que la catenaria se queda sin electricidad o lo que ocurre a veces en la cola del supermercado.
Lo de los incontables presos políticos del chavismo es otra cosa.
El informe de la socialista Michelle Bachelet, ex presidenta de Chile, sobre la situación de derechos humanos en Venezuela, publicado por la Oficina del Alto Comisionado de las ONU, describe de manera explícita y cruda las torturas sufridas por esos opositores, críticos y disidentes, de los que el inefable ministro Albares comenta que “están bien, aunque han perdido peso”.
Me voy a limitar, sin adjetivos, sin valoraciones, sin añadir comentario alguno, a enumerar la lista de tratos degradantes, crueles e inhumanos aplicados sistemáticamente por los agentes del SEBIN en las mazmorras del Helicoide, el mayor centro de torturas de América:
- Descargas eléctricas en las partes más sensibles del cuerpo.
- Asfixia con bolsas de plástico, colocadas en la cabeza para provocar sofocación.
- Simulacros de ahogamiento, lo que se conoce como waterboarding o submarino.
- Palizas intensas con barras o puños de acero.
- Violaciones, a veces con botellas y otras por los carceleros.
- Privación de agua y comida.
- Posturas forzadas, obligando a los desventurados a permanecer en posiciones dolorosas durante días.
- Exposición a temperaturas extremas.
El informe indica que, en la mayoría de los casos, los desventurados —esos hombres y mujeres a los que Sánchez describe como ‘retenidos’— padecieron una o más de estas formas de tortura, varias veces, y que el número de asesinados —lo que técnicamente se conoce como “ejecuciones extrajudiciales”— supera las 20.000.
No voy a dedicar un segundo a miserables como Jordi Évole, Antonio Maestre, Arantxa Tirado, Pablo Iglesias, Monedero, Irene Montero, Yolanda Díaz, Pascual Serrano, Zapatero, Baltasar Garzón o Echenique, tarados que a cambio de millones o por simple miseria y sectarismo llevan años apoyando la barbarie.
Sólo subrayar que si Trump necesita sus coordenadas o las de Sánchez, para llevárselos a la cárcel de Brooklyn con Maduro, se las facilitamos cuando quiera.