Amigos

La diferencia entre lealtad y fidelidad,

“No me tienes que dar porque te quiera, pues, aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera.”

Mafia, gángster, amigos
Mafia, gángster, amigos. PD

Se es fiel al amor y en el amor. En el amor no cabe la infidelidad, aunque puede haber deslealtad. En las relaciones de pareja no cabe hablar de infidelidad, sino de deslealtad.

Dejar de ser fiel no significa ser infiel, de la misma manera que dejar de amar no significa odiar.

La fidelidad, al igual que el amor, es una virtud, desprendida y generosa, que nace del alma, y tiene muy poco de racional. La fidelidad, al igual que la honradez, no se mide; se es fiel o no se es. No hay grados en la fidelidad.

La lealtad, por su parte, no nace del alma, sino del pensamiento, y en ella sí que caben grados, al estar basada en un equilibrio. Porque así como la fidelidad se sustenta en sí misma, la lealtad exige una correspondencia de la otra parte.

La lealtad es un compromiso entre dos o más personas, donde hay una contraprestación. En realidad la lealtad no es más que un negocio en el que aquel que la da, espera recibir lo mismo, o algo equivalente, del otro.

El amigo leal espera recibir la misma lealtad de su amigo. El empleado, o el soldado leal, espera recibir su sueldo, o soldada. No se puede comprar con dinero la fidelidad, pero si la lealtad.

Si desean ver qué sucede cuando la fidelidad se enfrenta a la lealtad, no tienen más que visionar los sucesos acaecidos, en noviembre de 2023, en la calle Ferraz de Madrid, entre hombres, mujeres, ancianos, y adolescentes, con principios, frente a asalariados con porra. Cuando el Líder Supremo caiga, será hora de dilucidar responsabilidades.

Yo puedo decir que soy fiel a mis principios, pero no puedo decir que soy leal a mis principios, porque mis principios son algo estático a lo que uno se puede adherir voluntariamente o no, pero sin esperar de éstos nada a cambio; porque los principios, por no dar, no dan ni las gracias, ni mucho menos, palmaditas en la espalda.

Se puede exigir lealtad en justa correspondencia a la demostrada por nosotros; lo que es baldío es exigir fidelidad porque ésta, al igual que el amor, ni se compra ni se vende. La fidelidad, al igual que el amor, nace, no se hace, ni mucho menos se obliga; porque el corazón, (alma), es libre y no entiende de contratos ni obligaciones.

La lealtad nace de la cabeza y se revalida con los actos. La fidelidad nace del corazón, (alma), y se revalida tanto con los actos, como con el pensamiento. La lealtad se afirma o niega mediante actos materiales; la fidelidad reside en los actos materiales, pero también en los inmateriales como el pensamiento. No se puede ser desleal con el pensamiento, pero sí infiel.

Así como la lealtad es mercantil y exige pago o correspondencia, la fidelidad, al igual que el amor, es unilateral, irracional, y gratuita, no necesitando de correspondencia, aunque si la hay, pues mejor que mejor.

En la fe cabe la fidelidad, pero no la lealtad, porque si sustentamos ésta en la lealtad, estamos transformándola en un negocio con Dios, (“Tú me das, yo te doy”), por lo que en el momento que las cosas se tuerzan, o la vida nos dé un palo, nuestra fe se diluirá como sal en agua caliente, porque realmente nunca fue fe, sino trueque.

“No me tienes que dar porque te quiera, pues, aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera.”

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Autor

Antonio Gil-Terrón Puchades

Antonio Gil-Terrón Puchades (Valencia 1954), poeta, articulista, y ensayista. En la década de los 90 fue columnista de opinión del diario LEVANTE, el periódico LAS PROVINCIAS, y crítico literario de la revista NIGHT. En 1994 le fue concedido el 1º Premio Nacional de Prensa Escrita “Círculo Ahumada”. Ha sido presidente durante más de diez años de la emisora “Inter Valencia Radio 97.7 FM”, y del grupo multimedia de la revista Economía 3. Tiene publicados ocho libros, y ha colaborado en seis. Actualmente escribe en Periodista Digital.

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