Los seres humanos vivimos en sociedad y ello conlleva que estemos en contacto permanente con otras personas, las cuales tienen sus propios pensamientos, comportamientos, actitudes y creencias. Este conjunto de elementos son transmitidos a través de diversos procesos comunicativos lo que puede provocar que nuestro comportamiento varíe por la influencia social que sobre nosotros tengan estos “inputs”.
De hecho “la Teoría de la influencia social” se basa en los cambios de conducta o pensamiento que se pueden llegar a producir en una persona debido a una serie de procesos mentales derivados de la comunicación con otros seres o medios.
En la actualidad, el marketing digital está basado en esta teoría y ha dado lugar a la figura del “influencer”, persona que es capaz de influir en decisiones de compra o de comportamiento.
Aunque creamos que los influencers surgieron con las redes sociales, hay que decir que la estrategia “boca-a-boca” o de “difusión de persona a persona” siempre han sido los métodos más populares de marketing para la promoción de productos.
Desde hace muchos años, estas técnicas de marketing eran la base para difundir a determinadas marcas e influir en los consumidores a través de personajes famosos, pues ellos daban confianza y credibilidad a los potenciales consumidores del producto anunciado.
Con la aparición de la televisión, se contrataron a celebridades como embajadores de marca, o prescriptores, justo lo que ahora se les atribuye a los influencers.
Como ejemplo, podemos mencionar a Marilyn Monroe. En 1953, Marilyn fue la protagonista de la campaña de una marca de maquillaje conocida como la más glamurosa del mundo.
Los “líderes de opinión “se fueron popularizando con los medios de comunicación de masa, donde personas con credibilidad e influencia, eran capaces de modificar actitudes y comportamiento de los consumidores.
A partir de 2006 empezó la migración desde los medios tradicionales de comunicación hacia las redes sociales. Comenzaron a surgir en ellas perfiles que destacaban sobre los demás, los cuales iban ganando seguidores mientras más personas se iban uniendo a estas redes.
La expansión de las redes sociales como nuevos canales de comunicación, ha dado paso a un amplio abanico de posibilidades para la creación de contenidos, lo que, como todo, tiene una parte positiva y una negativa.
Los actuales influencers son personas que comparten su contenido en redes como Instagram o TikTok, mostrando su estilo de vida, gustos y aficiones,…. Su objetivo es que su “comunidad” de seguidores aumente e interactúe con ellos lo máximo posible.
Aunque gran parte de los influencers han ido adquiriendo cada vez más conciencia social, hay muchos que no son conscientes de lo que pueden llegar a provocar entre sus seguidores.
Es inevitable que tendamos a establecer comparaciones cuando vemos a alguien que admiramos o que simplemente nos gusta el contenido que publica. Comparamos su vida con la nuestra, sus logros con los nuestros… y aquí es cuando afloran los sentimientos de tristeza, angustia y baja autoestima.
En este círculo de comparaciones, la salud emocional de los adolescentes es quien se ve seriamente perjudicada.
El impacto de los influencers en la vida de los adolecentes no se limita a la moda o al consumo de determinados productos, también transforma la manera en la que se perciben a sí mismos, como se relacionan con los demás y como construyen su propia identidad.
La idealización, la búsqueda de validación o el consumo compulsivo pueden tener un efecto altamente perjudicial en la autoestima y comportamiento de los adolescentes. Frente a ello, es necesario establecer límites y referentes que sean positivos, con espacios de diálogo que permitan entender las redes sociales de forma sana y consciente.
Los influencers son una herramienta poderosa en el mundo del marketing digital pero no todo vale para conseguir un “like”.
