Se enfrenta a una petición de más de 40 años de cárcel

La milagrosa metamorfosis de Luis Bárcenas, antaño todopoderoso tesorero del PP

Reconoce ante el juez la existencia de una «contabilidad no oficial y extracontable»

La milagrosa metamorfosis de Luis Bárcenas, antaño todopoderoso tesorero del PP
Luis Bárcenas. PD

Negó que el cerebro de Gürtel, Francisco Correa, le entregase comisiones ilegales a cambio de gestiones para adjudicar contratos públicos a empresarios afines al PP, y rechazó cualquier conexión entre los donativos y su enriquecimiento

EL que fuera tesorero del PP Luis Bárcenas ofreció este 16 de enero de 2017 ante los jueces, en su primera declaración en un juicio por su enriquecimiento personal, una nueva muestra de su inmoralidad.

Es legítimo su derecho a defenderse de una acusación penal muy grave que le enfrenta a una petición de más de 40 años de cárcel.

Pero desde el primer día en que fue imputado en el procedimiento de Gürtel -después lo sería en el de los «papeles» que fabricó para acusar al PP de tener una contabilidad B y del pago de sobresueldos a altos cargos-, no ha hecho sino cambiar de criterio constantemente y ofrecer versiones contradictorias.

Su objetivo hoy es tratar de demostrar la nada creíble versión de que su fortuna de hasta 42 millones de euros hallados en paraísos fiscales proviene de su buen ojo con los negocios, y no de una apropiación indebida de donaciones al PP.

Ayer Bárcenas reconoció la existencia de una «contabilidad no oficial y extracontable», que achacó a un exceso de celo para que nada se sustrajese al control de cada euro que entraba en el partido.

Exculpó a su antecesor, Álvaro Lapuerta; negó que el cerebro de Gürtel, Francisco Correa, le entregase comisiones ilegales a cambio de gestiones para adjudicar contratos públicos a empresarios afines al PP, y rechazó cualquier conexión entre los donativos y su enriquecimiento.

También sostuvo que fue Rajoy quien cortó de plano con Correa. Sin embargo, nada es creíble en él. Mezcla mentiras y verdades a conveniencia hasta hacer imposible un diagnóstico certero de cómo pudo amasar una fortuna así con meras operaciones en Bolsa o en el mercado del arte.

Se limita a buscar una exculpación personal en la que sus múltiples versiones de los hechos cuadren como un puzle. Pero le faltan piezas. Por ejemplo, en 2009 sostuvo que no conocía al constructor García Pozuelo, pero ayer admitió su intermediación para «echarle una mano», entre otros empresarios.

El daño que ha hecho Bárcenas al PP es irreversible. Cuando concluya la vista del caso Gürtel se celebrará su segundo gran juicio, el de la supuesta contabilidad B del PP. Ayer no quiso profundizar en ello, por ser un proceso ajeno jurídicamente a esta trama que podría afectarle.

Su táctica de extender un manto de sospecha sobre dirigentes populares tuvo sus efectos políticos con acusados desgastes electorales. Ha pagado en las urnas el precio de ser considerado «el partido de la corrupción», y es cierto que no todas las explicaciones ofrecidas en su día oficialmente por el partido en el Gobierno eran convincentes, ni suficientes.

Sin embargo, Bárcenas no ha podido demostrar nada, salvo el descubrimiento de una inmensa fortuna que ocultaba a su partido y a la Hacienda Pública, y ser especialista en traiciones y chantajes a quienes en su día le defendieron.

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