SE ESTRELLA CONTRA LA REALIDAD Y SUS PRONÓSTICOS

Los eslóganes de campaña pasan factura a Carmona

Resulta curioso recordar las primeras promesas del candidato socialista en el inicio de la campaña de las elecciones municipales

«Somos la izquierda posible, somos el cambio tranquilo» decía Antonio Miguel Carmona el pasado 8 de mayo en el mitin de apertura de la campaña del PSOE de Madrid. Ese era precisamente su eslogan electoral. «Por un cambio tranquilo».

Sólo un mes y medio después se ha visto que, al menos en la capital, ni eran la izquierda posible ni el cambio ha sido tranquilo. En muy pocos días hemos visto como el nuevo equipo de gobierno municipal tenía que enfrentarse a la crisis de los tuits de sus concejales que se ha saldado con la medio dimisión de uno de ellos, Zapata, y la petición de dimisión no atendida de otros dos, Pablo Soto y Rita Maestre.

En este último caso no han sido los tuits sino la imputación que pesa sobre ella por el asalto a una capilla de la Universidad Complutense. El cambio, contra lo anunciado, ha sido turbulento gracias al PSOE que actuó con un único objetivo: sacar al PP de la alcaldía sin saber bien, o sin querer saber bien, a quién apoyaba. En una cosa sí acertó Carmona. Y de lleno. «Estaremos con las mujeres mayores… porque este partido se escribe con ´m´ de mujer», dijo en ese mismo mitin al glosar los compromisos que adquiría con los madrileños. ¡Bingo!

Con las mujeres mayores ha estado, hasta el punto de regalarle a una de ellas la alcaldía. Y la ´m´, era toda una premonición. ´M´ de Manuela. «Además de unas elecciones municipales y unas elecciones autonómicas es un referéndum contra la corrupción, es un plebiscito contra la impunidad; vamos a votar los madrileños contra la impunidad», dijo Carmona.

No sé si los madrileños le hicieron caso pero lo cierto es que él obtuvo 9 concejales frente a los 21 de Esperanza Aguirre. Las palabras las carga el diablo. Carmona tuvo otra opción diferente al extremismo de Ahora Madrid. Pudo haber sido alcalde. Esperanza Aguirre le ofreció su apoyo para frenar a los populistas-marxistas-chavistas. No quiso o no le dejaron, pero tuvo otro camino alternativo. Y estoy convencido de que hubiera sido alcalde porque le sobra capacidad y empatía para serlo.

Pero eligió a Carmena, se hizo la foto con ella, compartió rueda de prensa, fueron felices y se dieron con los huesos en las narices. Dijo entonces que estarían muy vigilantes, que no era un cheque en blanco y esas cosas que se dicen siempre.

Pero en la primera semana ya hemos visto que no ha tenido fuerza suficiente para lograr la dimisión de los tuiteros desmadrados, ni la de la portavoz ´asaltacapillas´. Lo pidió pero no lo obtuvo como no va a obtener nada de Carmena que, desde el minuto uno tras las elecciones, se vio alcaldesa con los votos del PSOE, como luego resultó. Se insiste en que desde Ferraz han obligado a Carmona a este pacto-regalo. Y es cierto.

Lo que pasa es que el candidato socialista lo ha aceptado con entusiasmo. No se ha tratado solo de obedecer una orden de manera disciplinada. Carmona accedió a salir en una rueda de prensa con Carmena para explicar el acuerdo-regalo. Allí se piropearon y declararon amor mutuo. Escenificaron un entendimiento de programas y de ideas que les convertía en almas gemelas.

Ese matrimonio político está en la retina de los madrileños y convierte al socialista en particular y al PSOE en general en corresponsables, para bien o para mal, de lo que ocurra en la ciudad.

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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