Si te consideras un escritor que se precie, de los de verdad, de esos que venden libros y todo, e incluso algunas veces hasta los firman en la Fnac o El Corte Inglés de turno, si le tienes aprecio a tu carrera de juntaletras y quieres triunfar con ello, no dudarás en ilustrar la introducción “Sobre el autor” con una fotografía en la que, de manera completamente espontánea y natural, aparezcas apoyando el mentón de manera reflexivo-intelectual sobre la mano; también se admitirá como variante, más natural si cabe, el descanso de la cabeza con la manita en la mejilla. Para obtener un ejemplo, sólo hay que repasar las obras de los que cortan el bacalao –lo escriben, mejor dicho- del panorama literario actual. Y digo panorama y actual porque no es costumbre hispana, sino mundial, esa de la dichosa pose fotocopiada, y porque no me imagino una recopilación de la antología de Quevedo acompañada de un dibujo del autor posando de aquella manera, previo leerse lo del hombre a una nariz pegado.
Eso de abrir un libro y encontrarte a su creador mirándote juguetón con aspecto sincero y sereno posando con la manita en la cara ya es un punto a su favor que te hace pensar “vaya, este tío debe ser bueno”, así que no lo dudes: si eres escritor aficionado, de los que no tienen asesor de imagen o se limitan a publicar lo que se les ocurra en Internet, pero estás pensando en dar el salto de calidad y convertirte en… ¡autor!, no lo dudes, la manita en la cara si quieres que se te respete y admire por tu naturalidad y cercanía, que todo suma a la hora de vender tu obra.





Prueba, prueba a echar un vistazo en tu biblioteca y contar posados parecidos de escritores, algunos de renombre y aspirantes a ello otros; no falla, muy pocos son los que se resisten.
Y que nadie se despiporre, porque ello será sin lugar a dudas señal de ignorancia literaria, ya que no pueden ser todos estos ases de la pluma y el ingenio tan tontos como para parecerlo ante su selecto, variado y respetable público.
Entonces, por qué será que no me imagino yo a Paulo Coelho, J.K. Rowling, Mario Benedetti, Almudena Grandes o Ken Follett yendo al supermercado a por salchichas y papel higiénico con semejante naturalidad. Pero claro, ¿irán al supermercado? En cualquier caso, si sueñas con vender un libro, ya sabes, pobre mortal que saltas de editorial en web buscándote la vida: lo primero que tu lector debe ver cuando abra tu libro es ese toque de distinción de artista serio que da una buena manita en la cara acompañada de tu sonrisa de los domingos o festividades similares de guardar. Suerte con tu andanza escritora y que salgas guapo o guapa en la foto, que todo cuenta en esto de venderte por entregas o fascículos.