Sesión Golfa

Juan Carrasco de las Heras

Goyas 2016: recortes

Con este tipo de ceremonias, teniendo en cuenta lo aficionados que somos en España a criticar, ya se sabe que lo habitual es que se saquen defectos por doquier al día siguiente de resaca “estatuíllica”. Aunque Dani Rovira se afianza al mando de las operaciones en la conducción de la gala con soltura, hay que resaltar que ha tenido años mejores y que, como ya avanzaba, la cosa tuvo tanto sus momentos álgidos como sus defectos de fondo y forma, con impropios fallos técnicos incluidos. Todo opinable y debatible, pero la novedad este año es que tras un curso pasado histórico en calidad y taquilla para nuestro cine, la cosa no podía ser igual, eso estaba asumido, pero el interés del espectador televisivo por la retransmisión tampoco podía mantenerse, ya que hemos vuelto a los cauces de la desidia del público hacia las películas de habla hispana, suponiendo una recaudación de todas ellas absolutamente residual frente a la industria foránea. Y el caso es que a pesar de estos recortes de público no ha habido malos títulos y soy de los que piensa que algo cambió para bien en su momento y no tiene vuelta atrás, pero el meollo de la cuestión es que no han sido capaces de arrastrar a la masa, que ya ha demostrado que no tiene manía expresa al cine patrio, pero que tiene igualmente facilidad para ser espantada. Así las cosas, quién se planta frente a la pantalla a ver si le dan uno u otro premio a cintas que no ha visto ni tampoco le interesan… Incluso quien suscribe les confiesa apenas haber visto este año la mitad de las candidatas. La vía no creo que sea la afirmación de Isabel Coixet que asegura que no hace cine para que mucha gente vea sus películas; ella sabrá, imagino que de alguna forma logra el soñado privilegio de no tener que amortizar las inversiones…

Con todo, los valientes o curiosos que se asomaron a la televisión a ver la entrega de premios pudieron asistir a momentos clásicos como los números musicales o de magia (mejor los primeros que los segundos), o a monólogos con alto contenido de ironía y más política por parte del presentador de la que recomienda el buen gusto; a Rovira se le vio un poco el plumero y bastante tenemos con el bombardeo diario en los informativos y con la presencia de representantes de todos los colores en las butacas sentaditos para vender el producto. También hubo, claro, merecido Goya de Honor para Mariano Ozores, que llevó con parsimonia y dignidad su avanzada edad por el escenario para recoger el galardón de manos de sus sobrinas. Se nominó como es costumbre a toda estrella hollywoodiense que hubiera desfilado por nuestros castings (en esta ocasión a Tim Robbins y Juliette Binoche) para dar lustre y dejarlos aplaudiendo y sin premio. El espectáculo lo puso el atuendo de Óscar Jaenada, que parecía presentar candidatura a un remake de Alatriste, luciendo entre otros complementos un sombrerazo de carnaval que ni Johnny Depp. Las lágrimas las pusieron Natalia de Molina (Goya a mejor actriz principal, y ya lleva dos en tres años) y un Daniel Guzmán que recogió su Goya a mejor director novel transmitiendo la sensación de que aquello era para él mucho más que una película. Hubo algún momento para la legítima demanda de un trato justo hacia la cultura y un replanteamiento del IVA, y algo de polémica a la hora de cortar a los premiados con una sintonía que les daba un puntapié hacia fuera del escenario para recortar el tiempo de retransmisión y que no se eternice para desesperación del respetable. La idea es buena, porque no parece haber otra forma de evacuar a los plomos que deciden que es su momento y punto, pero como dijo el gran Ricardo Darín al recoger el suyo, el criterio para meter la musiquita es dudoso; coincido en ello, porque dejar con la palabra en la boca a alguien que está reivindicando comida y mantas para los que no poseen nada cuando ni siquiera ha consumido demasiado tiempo en su discurso, más que cuestionable es sonrojante.

Ah, por cierto, aunque no les interese demasiado, Truman ganó justísimamente los premios a mejor mejor película, actor (Darín, ya tocaba), actor de reparto (Javier Cámara), y director (Cesc Gay). Ojalá todo este sarao sirva de verdad para su reestreno.

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Juan Carrasco

Éste homínido ceutí es crítico de cine desde hace años en el diario El Faro de Ceuta, así como responsable del espacio cinematográfico y de opinión "Fila 7" en la web www.ceuta.com y colaborador en la emisora de radio Onda 0 con su sección semanal "El Cine en la Onda".

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