Sesión Golfa

Juan Carrasco de las Heras

El apartamento: buenas costumbres

Las fechas vacacionales son para hacer lo que a uno le dé la reverenda gana, siempre que sea legal y/o se lo permitan, y son una oportunidad para la sana costumbre de revisionar, sin complejos y sin prisa, algunas de las películas que han formado parte de la vida de cada uno, de las que pueden llamarse favoritas. Por antiguas que éstas sean, por mucho que no sean de tu generación y mucho menos actuales. Porque el buen cine no tiene edad y no abunda.

El apartamentoAdemás, puestos a buscar excusas para sentarse a ver un peliculón, este verano se cumplen 50 años del estreno de El apartamento. Se trata de una de esas poquísimas películas que pasan a la historia pero no de moda, y nunca es tarde para verlas por primera vez. Los asuntos del alma humana que Billy Wilder trata en esta cinta con la exquisitez de uno de los mejores chefs del cine de todos los tiempos permiten que, combinada con talento natural para fabricar y ensamblar la historia e interpretaciones memorables, el resultado se tornara inmortal. Cinco Oscars de Hollywood la avalan (película, director, guión original, dirección artística y montaje), con el mérito añadido de ser galardonada en la ceremonia más competida que ha habido nunca (1960), superando entre otras a contrincantes tan duros como Espartaco, Psicosis, Éxodo, Cimarrón o El Álamo; estaban en plena época dorada de la “Meca del Cine” y aquello sí que era competencia. Hasta La lista de Schindler, había sido el último trabajo en blanco y negro en encumbrarse con el Oscar a la mejor película.

La sensible fábula urbana que Wilder nos regala es la de dos almas solitarias, vulnerables y desubicadas en un mundo donde la ternura y la diminuta autoestima, características que comparten y los convierten en almas gemelas, no tienen cabida. Jack Lemmon, titánico en su actuación, es un gris oficinista que entrega una y otra vez su dignidad en forma de llave de su apartamento para que sus jefes lo usen como “casa de citas”; muchos han tratado de imitarlo, pero nadie ha logrado bordar el papel de desgraciado simpático que llegue al corazón como Lemmon en la piel de este “chupatintas” en busca de un ascenso –recomiendo no perder detalle de la antológica escena del baile, culmen del patetismo más cruel mezclado con el humor más exquisito. Shirley McLaine, no menos portentosa en su papel, es una guapa ascensorista enamorada irremediable y cruelmente del tipo equivocado: el casado mandamás de la empresa. El resultado de la compenetración y el trabajo de estos dos (o tres, si tenemos en cuenta en su justa medida el trabajo del realizador con ambos actores) grandes de la pantalla es una perfecta química entre los maravillosos personajes, que hace cómplice al espectador de la hermosa historia de amor, y riendo o entristeciendo a la vez que ellos son felices o desdichados.

El perfecto lazo de este precioso regalo cinematográfico es un inolvidable final superando, si cabe, al resto de la película (a mi parecer, de los mejores finales de la historia), sutil, con fuerza, delicado, natural y, sobre todo, sencillo (lo más difícil de lograr), como todo lo demás en esta cinta.

Cuando Fernando Trueba fue premiado con el Oscar a la mejor película de habla no inglesa por su Belle Epoque, en su discurso agradeció a Billy Wilder alegando que era el único Dios en el que creía. ¿Blasfemo?, seguro; ¿fuera de lugar?, es posible; pero no duden de que el mundo del cine le debe a este mortal que supo hacer de su arte algo de inmortal culto el agradecimiento que le profesa Trueba. El Apartamento es el mejor ejemplo de ello.

Atemporal. Una auténtica pieza de coleccionismo. No se la pierdan.

Director: Billy Wilder. Año: 1960. Duración: 125 min. Intérpretes: Jack Lemmon (Calvin Clifford Baxter), Shirley McLaine (Fran Kubelik), Fred MacMurray (Jeff D. Sheldrake), Ray Walston (Joe Dobisch), Jack Kruschen (Dr. Dreyfuss), Edie Adams (Srta. Olsen), David Lewis (Al Kirkeby), Hope Holiday (Margie MacDougall), Joan Shawlee (Sylvia), Naomi Stevens (Mildred Dreyfuss). Guión: Billy Wilder e I.A.L. Diamond. Montaje: Daniel Mandell.

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Juan Carrasco

Éste homínido ceutí es crítico de cine desde hace años en el diario El Faro de Ceuta, así como responsable del espacio cinematográfico y de opinión "Fila 7" en la web www.ceuta.com y colaborador en la emisora de radio Onda 0 con su sección semanal "El Cine en la Onda".

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