Sesión Golfa

Juan Carrasco de las Heras

Black Beach: desalmados

Con seis nominaciones en la última y reciente ceremonia de los Goya, la película del madrileño Esteban Crespo viene a dar una versión muy al estilo estadounidense de la relación a veces turbia entre países en vía de desarrollo (como la corrección política insta a llamar algunas situaciones mientras se mira a otro lado con los bolsillos llenos y la conciencia vacía), las multinacionales que orbitan al abrigo de los políticos, las corruptelas inevitables según el sistema establecido y algún que otro invitado añadido con nombre de cooperante internacional…

El thriller político no llega a ser completo porque se pierde entre el drama y el melodrama, pero tiene muy buenas intenciones y es una gran idea el hecho de explorar una temática poco habitual en el cine español. A ratos se muestra como una propuesta interesante y atractiva, algo febril en su estética, a lo Michael Mann, bastante lustrosa en su meritoria fotografía, de los mayores aciertos de la cinta. En su otra vertiente, se muestra también algo desangelada en algunas lagunas de quizá demasiados minutos, no siendo capaz ni guion ni lo que transmite el reparto, capaces de dotar de verdadera alma a una historia que debería ser eminentemente eso mismo, alma.

En lo referente al reparto, y hablando de alma, Raúl Arévalo, un actor de demostrada valía y en plena forma, consigue por igual aportar interés a su personaje a la vez que poco fondo, dando la sensación por momentos que realiza verdaderos esfuerzos por creérselo él mismo. Siendo Arévalo el protagonista absoluto de todo cuanto acontece en nuestra pantalla, Candela Peña (en un papel suficientemente corto para no detectarla a ella misma, se muestra la más sólida del reparto) o Emilio Buale interpretan algunos de los personajes con los que el protagonista (un ambicioso ejecutivo que tiene que salvar un potente contrato con una empresa petrolífera en un país africano que conoce bien) se topará en su, llamémosla aventura.

La cinta se deja ver con cierta facilidad, no remueve lo que pretende, pero sí llega a interesar lo suficiente como para que interese conocer en sus últimos minutos de metraje qué nos quieren desvelar que se está cociendo entre bambalinas de personas elegantes y de supuestas buenas intenciones de la maquinaria diplomática de algunos países

Quizá demasiado artificiosa, pero más ágil de lo que parece, esta película es un ejemplo claro de caminar por la línea funambulista de la de cal y la de arena, y en el criterio personal de cada espectador está dejarse ir por una u otra. En el caso de quien suscribe, reconociéndole sus claras imperfecciones, me decanto por afirmar con la boca pequeña que me ha merecido la pena el visionado lo suficiente como para estar atento a futuras propuestas del osado realizador.

Dirección: Esteban Crespo. Año: 2020. País: España. Duración: 110 min. Género: Thriller. Drama. Intérpretes: Raúl Arévalo, Candela Peña, Melina Matthews, Emilio Buale, Paulina García, Luka Peros, Amber Williams, John Flanders, Kristof Coenen, Jimmy Castro, Bella Agossou, Julius Cotter, Fred Adenis, Olivier Bony, Babou Cham, Fenda Drame, Jose María Chumo, Claude Musungayi, Dairon Tallon, Teresita Evuy, Lidia Nene, Mulle Jarju Salvador, Aída Wellgaye, Sabrina Lopez Leonard. Guion: Esteban Crespo David Moreno. Música: Arturo Cardelús. Fotografía: Ángel Amorós. Productora:      David Naranjo Villalonga, Lazonafilms, Macaronesia Films, Scope Pictures (con la distribución de Netflix).

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Juan Carrasco

Éste homínido ceutí es crítico de cine desde hace años en el diario El Faro de Ceuta, así como responsable del espacio cinematográfico y de opinión "Fila 7" en la web www.ceuta.com y colaborador en la emisora de radio Onda 0 con su sección semanal "El Cine en la Onda".

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