Un dos de mayo con arte en Móstoles, por J.C.Deus

Doña Espe, la presidenta regional madrileña, prometió descentralizar una autonomía toda supercapital y ha acometido la actividad cultural y artística en la segunda ciudad de la comunidad, la histórica y desconocida Móstoles. El nuevo Centro de Arte Dos de Mayo quiere convertirse en un espacio de referencia del arte contemporáneo, albergará la colección del mismo que poseé la Comunidad, y será inaugurado por los Reyes el próximo 2 de mayo, coincidiendo con la celebración del Día de la Comunidad de Madrid y en el marco de los actos programados por el bicentenario de los levantamientos de 1808. Los periodistas estuvimos viéndolo antes que nadie.

Déjenme que les sitúe. La muy noble y heroica Villa de Móstoles, al sur de la comunidad autónoma de Madrid, es el segundo núcleo urbano de la región con más de 200.000 habitantes, y el tercero, tras la capital de España y Valladolid, de la zona central peninsular que incluye cuatro comunidades autónomas más: Castilla-La Mancha, Castilla y León, Extremadura y La Rioja. Se sitúa a 18 km al suroeste del centro de Madrid, en el valle del río Guadarrama perteneciente a la cuenca del Tajo. Móstoles hace cuarenta años era un núcleo rural con 4000 habitantes. Móstoles es hoy una ciudad próspera, a la que se llega en media hora desde la Puerta del Sol, en la que se entra por amplias avenidas, en la que como en casi toda España ha sido sacrificado su casco histórico a una estúpida especulación. En el centro, las pocas casas individuales supervivientes de una y dos plantas están a la venta o en demolición, la densidad demográfica es asfixiante y los coches, un fragor constante. ¡Qué distinto, de haber preservado la primitiva estructura, haberla rodeado de avenidas de circunvalación y parques, y haber edificado los gigantescos nuvos barrios a la debida distancia!

Pero como nada se hace bien, y además siempre puede empeorarse, Móstoles era un gigante sin oferta de ocio civilizado, sin actividad cultural. Algo había que hacer y algo se ha hecho. En el mismo centro se ha pretendido ‘integrar tradición y vanguardia’ -la socorrida fórmula- mediante la construcción de un nuevo edificio que engulle una edificación del siglo XIX conocido como La Casona. Así, lo nuevo arropa lo viejo y se intenta la síntesis. Adelantemos que el resultado arquitectónico final es discutible dentro del aprobado alto, que merece reconocimiento a las buenas intenciones de instituciones y técnicos, y a lo que significa de pionera siembra en el páramo: ayer de campos de secano, hoy de bloques de pisos.

Es muy grande la coincidencia entre este Centro de Arte y el de CaixaForum recientemente inaugurado. Ambas son intervenciones en zonas degradadas e invadidas por todas las contaminaciones: visual, auditiva, olfativa, y hasta táctil. En ambas se ha integrado restos arquitectónicos anteriores en edificios de nueva planta. El del Paseo del Prado de la capital recupera espacio público, suspendiendo el edificio en el aire. El de la Avenida de la Constitución de Móstoles, no deja ni un centímetro de distancia con los edificios colindantes. En aquel, se preservó en lo rescatado de la piqueta hasta el último ladrillo; en éste, se ha prescindido del techo original para reconstruirlo de material moderno, se ha vaciado completamente la centenaria casa para convertirla en un objeto escultórico. Ambos edificios tienen espacios abiertos interiores de interés, que amplían el espacio y permiten mirar con interés. El proyecto de los suizos es superior en resultado pero también en presupuesto. El proyecto de los madrileños es más modesto pero bien digno. Disiento en lo que han hecho con La Casona. Apruebo el amplio zaguán. Interesante la utilización de la terraza para actividades con público. No sé que pensarán los vecinos de los edificios colindantse, y el efecto de las inclemencias del tiempo.

En cuanto a La Casona, pienso que habrían debido dejarla exactamente tal cual estaba, en ruinas, abandonada por la desidia colectiva, asegurar su conservación como si de un fósil del pleistoceno se tratara, sin añadir ni un martillazo, sin quitar ni un clavo, en el centro del nuevo centro de arte, como obra significativa, paradigmática y simbólica del madrileñismo contemporáneo. Que mira al pasado con desprecio, al presente con indiferencia, y al futuro con total desinterés.

El nuevo edificio está literalmente empotrado entre dos bloques de viviendas de unas seis alturas, es como un remiendo metálico en una atrabiliaria calle: dicen que por la noche, iluminado, el perfil de la casona se vislumbra desde atrás. Quizás resulte nostálgico y poético. Quizás nadie lo mire.

Se han invertido 12’2 millones de euros, y el proyecto es idea de Celia Vinuesa y ejecución de Pablo Pérez- Urruti. Con varias cosas a valorar: cumplimiento de plazos y presupuesto; ejecución propia institucional. Una obra abordable; no un dislate faraónico como los aque acostumbran nuestras desmadradas autonomías. Es un edificio de cinco plantas y dos sótanos, que cuenta con un amplio y moderno espacio de almacenaje de obras de arte, salón de actos, diversas salas de exposiciones, cafetería, azotea-auditorio y una biblioteca-mediateca. En total, casi 6.000 metros cuadrados de superficie destinadas al arte y la cultura, de los que, 1.800, son zonas expositivas.

Con esta nueva infraestructura, se pretende descentralizar los espacios culturales de la región, tradicionalmente ubicados en el corazón de la capital, ‘potenciando así una ciudad emergente como es Móstoles de cara al turismo cultural’. Ambicioso objetivo nada fácil de cumplir. ¿Quién va a ir a Móstoles a ver una exposición? Ni una palabra nos dijeron de como facilitar tan largo viaje, de previsiones en transporte y aparcamiento, de incentivos al visitante de otras ciudades madrileñas. Y sin embargo sería vital no convertir este Dos de Mayo en verbena mostolense. No hundir su nivel sino elevar el del contexto.

El gobierno autónomo madrileño cuenta con un fondo de más de 1.300 obras de arte que tendrá su sede permanente en el nuevo centro. Esta colección, que se encuentra en constante crecimiento, está formada por piezas procedentes de los distintos premios que organiza la Comunidad, como los Premios de Cultura en las modalidades Artes Plásticas y Fotografía, el Premio ARCO-Comunidad de Madrid para Jóvenes Artistas, así como de donaciones procedentes de artistas, coleccionistas e instituciones, y de numerosas compras y daciones en pago de impuestos. Entre sus piezas hay todo tipo de manifestaciones artísticas realizadas en soportes y técnicas muy variadas, reflejando las últimas tendencias del arte pictórico y visual. Con estos fondos se pueden montar atractivas y variadas exposiciones temáticas, pues no todo está en el valor de lo coleccionado, sino que mucho radica en el valor añadido por imaginativos gestores.

Para la inauguración se presenta una selección orientada a la conmemoración del Bicentenario. ‘Levantamiento. Libertad y ciudadanía en los fondos de la Colección de Arte Contemporáneo de la Comunidad de Madrid’, estará abierta al público de mayo a septiembre de este año, en las plantas 1 y 2 del nuevo Centro: pretende expresar ‘los valores de libertad y resistencia ciudadana que inspiraron los levantamientos del 2 de mayo de 1808’, cuenta con obras de artistas como Luis Baylón, Toni Catany, Juan Manuel Castro Prieto, Ricky Dávila, Alberto García-Álix, Ouka Leele, Eugenio Ampudia, Javier Arce o Jordi Ribes, y está comisariada por el asesor de Artes Plásticas de la Consejería de Cultura y Turismo, Carlos Urroz. No me pareció demasiado sugerente, aunque la visita fue un simple vistazo general.

En la planta tercera, de mayo a septiembre, estará ubicada la muestra ‘Discoteca Flaming Star. Mil veras mil prinzessinen mil centralias’, comisariada por Juan-Antonio Álvarez Reyes e integrada por obras de los artistas del colectivo Discoteca Flaming Star. ‘Se trata de una conceptualización de la memoria y el lugar, respondiendo ante estímulos de sucesos históricos, políticos y sociales mediante canciones, textos, sonidos e imágenes’, nos explican. Yo vi en una ojeada un gran mural con una gigantesca pintada que decía ‘Puto Poder’. No vi en la ojeada demasiado más.

Intentando atraer visitantes, en la cafetería estará ubicado el proyecto Translating soy sauce, una propuesta de Kristoffer Ardeña en la que se pretende integrar un elemento tan típico de la cocina filipina como es la salsa de soja en las recetas españolas. Para ello propone que, desde mayo hasta julio o, todos los visitantes del Centro que lo deseen puedan aportar sus recetas a partir de una botella de salsa de soja.

El Centro de Arte Dos de Mayo ‘quiere promover la experimentación y la creación artística, en todas sus facetas, reforzando estos objetivos con una intensa programación cultural que combine exposiciones de calidad y la convocatoria de talleres, seminarios, cursos, mesas redondas, actuaciones musicales e intervenciones artísticas’. Aún no tiene responsables. Ojalá consigan el nivel adecuado sin populachería. Hay hoy una tendencia dominante ‘enamorada del arte juvenil’ -como aquella cancioncilla de la movida madrileña- que abunda en fiascos subvencionados. El arrollador dinamismo cultural del Madrid actual crea un nuevo imán en Móstoles. Móstoles y los cien móstoles ibéricos deben y pueden merecerlo.

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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