El mismo Nacho Duato, por J.C.Deus

La Compañía Nacional de Danza se presenta estos días en Madrid como cada primavera, en lo que podemos juzgar su balance del curso 2008-2009. Para mantener sus altas calificaciones, nos propone el estreno absoluto de una coreografía de su director Nacho Duato, completado con la presentación de otra coreografía nueva de Duato ya estrenada el verano pasado en Lyon, y una tercera, debut oficial de uno sus bailarines destacados. La CND se mantiene en un notable alto, pero no supera su ‘performance’ del año pasado por estas fechas.

El espectaculo comienza con ‘de paso’, una coreografía del albanés Gentian Doda, estrenada en octubre pasado. Prosigue con ‘O Domina Nostra’, la coreografía de Nacho Duato estrenada en Les Nuits de Fourvière, de Lyon, el 21 de Julio de 2008, y culmina en una síntesis del irracionalismo de la primera y la coherencia de la segunda, con Cobalto, el estreno absoluto de este año. Las tres tiene duración parecida de alrededor de 20 minutos, y están separadas por largos descansos que fatigan y descentran al espectador, y alargan demasiado el banquete, peligro que en el mundo del espectáculo hay que evitar a toda costa. Porque llegan las resacas antes de tiempo.

Las tres escenografías forman un conjunto vertebrado, de escenografías y figurines que casi brillan por su ausencia. Repitamos una vez más que pobreza de medios no es minimalismo sugerente sino empobrecimiento innecesario.

‘de paso’, así con minúscula es lo que su nombre indica, una sucesión de imágenes a menudo sometidos a una moviola errática, acompañadas de una banda sonora igual de errática, como si un D.J. de esos que atormentan al plato del tocadiscos la emprendiera con crueldad con músicas de Borodin y Telemann y con todo tipo de crujido y chirrido que pudiera atrapar por el camino. A Doda no le basta con desbaratar el movimiento para abundar en el sinsentido de nuestra existencia; desbarata también el sonido, nos niega el único apoyo que quedaba, y nos coloca en una posición bien desairada. Se salva un precioso segundo movimiento, el único luminoso, que protagonizan dos jóvenes amigas. Se salvan los peatones apresurados, los fallidos apretones de manos, algunas metáforas de soledad, pero es ciertamente demasiado nihilista para un joven que comienza. Shokü Gentian, mirë dita, mirupafsin, falemenderit shüme! De ‘situaciones de características impredecibles, en un entorno anónimo y transitorio’, tenemos ya una amplia cosecha.

‘Cuando tienes necesidad de decir algo, tu propuesta no es ni moderna ni clásica: éste es un lugar transitorio donde cuestionarse a uno mismo, a la sociedad, al espacio… No tiene ni principio ni final’, es lo más que nos explico Doda.

O Domina Nostra se basa en un fervosoro canto mariano del catoliquísimo compositor polaco Henryk Górecki para aposentar las evoluciones de una sensual zíngara entre alusiones al Cristo crucificado y trasladado a su provisional sepultura por una recua de nueve varones en taparrabos. Hay momentos bellos, más en la recua que en la zíngara, pero en general lo que se oye no casa con lo aque se ve. Una vez más el uso abusivo del arte religioso fuera de contexto y por motivos espúreos.

Por si alguien dudaba, nos informan de que ‘Duato no tiene la intención de desarrollar el carácter religioso ligado a esta Virgen (la imagen de esta Virgen negra data de 1382) indisociable del santuario polaco que lleva su nombre. Es la figura de la madre de Jesucristo, como enlace entre lo divino y eterno, y los hombres, lo que Duato subraya con este ballet compuesto para diez hombres y una mujer’. Bella música, bello espectáculo, frío corazón y fría ánima.

‘Ella es una medium entre dios y los hombres. No tiene nada de cristiano, podía haberlo hecho sobre Buda o sobre Mahoma. Son diez hombres y una virgen, eso es todo’, explica Duato.

Finalmente, ‘at last but no at least’, Cobalto es la pieza fuerte de la noche, un compromiso entre las dos anteriores, elevado de categoría. Nos comunican que ‘es una reflexión sobre el erotismo’: no pudimos constatarlo. ‘Duato aborda el tema desde un punto de vista onírico, sumergiéndose en el mundo de los sueños eróticos’: ¿Eros o Psiquis?

En Cobalto, vuelve a recurrir a sus compositores habituales, Pedro Alcalde y Sergio Caballero, en una composición para órgano grabada en una iglesia con uno de los mejores instrumentos europeos. Según confiesa, ‘ya no acompaño yo a una música determinada, los compsiitortes y yo vamos creando juntos, ayer mismo les pedía que añadieran de aquí y quitaran de allá’.

En la esperanza de facilitarnos la comprensión, Duato nos facilita la definición del color cobalto por Goethe, en su «Teoría de los colores»: «Es, como color (el azul) una energía, pero pertenece al lado negativo y en su pureza suprema es, como quien dice, una preciosa nada. Su efecto es una mezcla de excitación y serenidad». A lo que añade: ‘El azul es santo y pornográfico, recatado y obsceno. Su término en inglés blue, entendido como triste, lo es también como «verde» para nuestro lenguaje, es decir, erótico u obsceno. El azul cobalto es el ejemplo máximo de esa bipolaridad. Bello, arrogante y celeste, oculta su procedencia mineral conocida como «flor de cobalto», una mezcla de arseniuros de cobalto y níquel que se forman en cristal al contacto con el aire. Tóxico y venenoso por su arsénico, fue bautizado como azul de los duendes que atormentaban a los mineros con el nombre alemán por el que lo conocemos: kobelt. El azul cobalto es, de todos los colores, el de la historia del inconsciente’.

Nada de esto nos vino al consciente mientras presenciábamos la propuesta, de comienzo notable y final fantástico, en esa pareja que evoluciona a cámara lenta sobre y bajo una mesa, como si se quisieran sin atmósfera. Bella propuesta, sugerente, emotiva, estupenda. Al parecer, la metáfora ya fue utilizada hace tiempo por Pina Bausch, y tendría que recordarla de un día memorable en el teatro Argentina del centro de Roma.

Da igual, esa pareja a la que sin avisar habían desprovisto del ‘underwear’ en azules que consta hasta en el programa, para dejarlos en desnudo difuminado, esa pareja puso la emoción de la noche y el sentido a lo que empezaba a ser un fallido encuentro. Entre medias de sus espectaculares apariciones, hubo otras cosas sin demasiado sentido. No captamos el erotismo y bien que Duato nos había explicado previamente que ‘el ballet sugiere lo que no se ve; el erotismo si no tiene barreras, es pornografía: el erotismo pasa en tu cabeza pero no en el escenario’.

Duato no estaba en Madrid, había viajado a Brasil. Está preparando por invitación especial rusa un ballet sobre Chejov sin música, acompañado solamente de sus textos en siete u ocho idiomas. Habrá que verlo. Se le nota alterado, -y quién no-, por su finalmente inaplazable cese al frente de la CND tras dos décadas.

En 1980 Duato firmó su primer contrato profesional. Desde junio de 1990 era Director Artístico de la Compañía Nacional de Danza. Está dolido por como le despiden, y es que si de algo adolece este país, es de desagradecido y tosco. Ha hecho un gran trabajo y todos lo sabemos. No debe caer en la soberbia y repetir por ahí sus declaraciones a Radio Clásica. Nacho Duato está en ese momento delicado en el que un creador se cree más de lo que es, justo cuando comienza a reiterarse. Merece lo mejor en su nueva etapa. Pero nos duele que destruya lo que ha construido y vaya a dejar la CDN en el chasis, que su nuevo director tenga que recomenzar casi de cero. Lo que tuvo de bueno su larga dirección, terminará siendo nefasto si uno y otros no lo impiden. Un poquito de generosidad, señores, que siempre trae cuenta.

Compañía Nacional de Danza
http://cndanza.mcu.es/
DIRECTOR ARTISTICO: NACHO DUATO
Teatro de la Zarzuela
20 al 29 de marzo 2009
PROGRAMA
de paso
Gentian Doda/Joaquín Segade y collage

O Domina Nostra
Nacho Duato/ Henryk Gorécki

Cobalto
Nacho Duato/ Pedro Alcalde / Sergio Caballero
-estreno absoluto-

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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