OPINIÓN / José Luis Heras Celemín

Cataluña desde el diván: «Pujolandia»

Cataluña desde el diván: "Pujolandia"
Oriol Junqueras y Artur Mas. EP

De la euforia a la desorientación… Y fútbol de Primera División.  El fin de semana pasado podía haberse dedicado a dos actividades interesantes y con un contenido político de primer orden: Averiguar qué hay tras el último de los libros de Pilar Urbano. O, a la vista de la actualidad política de la semana inmediata, concentrar la atención en Cataluña.

Optar por el libro de Urbano, o de «La Suburbano» como ya la ha definido alguien, comportaba tratar de averiguar si tras el mamotreto de Planeta hay un estudio de la realidad del 23 F, o el «relato novelado-libelo» que ven en él algunos colaboradores y ex ministros de Adolfo Suárez. La opción, aunque interesante – y urgente si el libro es, además de lo que dicen los ex ministros, el comienzo de una operación que afecta al Jefe del Estado – la deseché a la espera de acontecimientos.

Decidí fijarme en Cataluña, que el martes va a ser objeto de atención en el Congreso de los Diputados. Traté de entender cómo se ve España desde Cataluña, antes de entrar en lo que la Mesa del Congreso de los Diputados ha llamado «Proposición de Ley Orgánica de delegación en la Generalitat de Cataluña de la competencia para autorizar, convocar y celebrar un referéndum sobre el futuro político de Cataluña».
Había caído en mis manos el libro «España en el diván» de un catalán de pro, Enric Juliana Ricart, que, recientemente editado, reunía en un volumen tres tomos sobre la realidad de España: La España de los Pingüinos, La deriva de España, y Modesta España.

A Juliana le conozco, de vista y de lectura. Sé que escribe en La Vanguardia de Barcelona. Le profeso un cierto respeto intelectual. Y me pareció que sus opiniones podrían resultarme, además de interesantes, útiles. Y lo fueron. En su prosa, suave y fácil de leer, me fui enterando de algunas de las particularidades que un catalán como él percibe al tratar de entender a España.

Algunos de los capítulos del libro son una pura delicia narrativa, con tintes costumbristas inteligentes, matices y sabores percibidos por una sensibilidad más que notable y todo ello contado con una pluma fácil: Un viaje a Cádiz. Meditación en el desierto de Pitis. Oteando el futuro con un toro parlanchín. Tres retratos de Galicia. Don Mariano Rajoy en tiempos de Obama…

Aunque disfrutando con la lectura, algo del libro me iba resultando extraño. Como castellano viejo y zamorano, di marcha atrás, rebusqué entre las páginas pasadas. Repasé el concepto de pingüino, o sencillo. Me ubiqué en el espacio geográfico que Juliana dibujaba. Releí el número de cuencos de gazpacho que él había degustado en un comedor de la Calle Mayor de Madrid.

Y al final lo encontré: Allí estaba el motivo que hacía que una lectura agradable se convirtiera en una penitencia cuaresmal.

Unas pocas letras bastan para definir la visión de «España en el diván», que siente Juliana. Y para precisar cómo un zamorano, español, puede no disculpar la visión que sobre España se tiene en Cataluña. Contados y dichos por voces y plumas como las de Juliana y los que hacen lo que él, los conceptos España y Cataluña no son reales. Son, como poco, peculiares.

Al principio del libro, en la página 38, estaba el quid de la cuestión de lo que produce lo que por una vez voy a llamar La Cuestión Catalana. Leí:

«El factor K. Y llegamos finalmente al factor K. K de Katalonien, palabra que en estos dos últimos años ha comenzado a ser pronunciada en los pasillos de la Cancillería y el Bundestag, en Berlín. El factor que desde hace más de ciento cincuenta años condiciona, modula y determina aspectos esenciales de la vida española moderna. La nación del noroeste que se resiste a ser asimilada por la nación-estado. El factor K desde que el general Joan Prim i Prats dijo: << ¡los Borbones nunca jamás! >>.
Noroeste. Recordé el mapa, y lo entendí. Cataluña es la región española que está al noreste de España. La «o» que había metido Juliana no es más que una letra que determina la optativa. Ése era, y es, desde siempre, el problema. La «o», falsa, de los que se desubican y no entienden la realidad geográfica e histórica de Cataluña en España.

Pensé en una disculpa posible y opté por ampliar España a Europa y ver su noroeste. Y ahí empezaron a tomar acomodo algunas de las ideas de Juliana. Al noroeste de Europa está Finlandia, en el mar Islandia, y algo más allá Groenlandia. Podía ser una solución inteligente para los afanes de Juliana. Rebuscando en su libro, topé con el que para él supone el gurú supremo: Jordi Pujol. Y se me ocurrió el nombre.

Pujolandia, o tierra de Pujol. Puede ser la solución, o la tercera vía, útil para darle salida a la cuestión del martes: Imaginar un país nuevo, Pujolandia, en el que vayan a ver pasar nubes, con Zapatero, los que crean la fábula e intenten un mundo de ficción escondida tras la «o» que, ¿traición del subconsciente?, metió Enric Juliana.
Al final de la tarde, ya cansado de lectura, eché un vistazo a algunos de los resultados de los partidos de fútbol de Primera División española. Casualidad o no, estos fueron algunos:

El Atlético de Madrid, con medios escasos y trabajo duro ganó por 1- 0.
El Real Madrid en el País Vasco ganó a la Real Sociedad de San Sebastián por 4 – 0.
Al Futbol Club Barcelona, que es algo más que un club, los andaluces (del Betis) le metieron un gol y le regalaron otro. Y el árbitro le concedió 2 penas máximas. Resultado: 3 – 1.

Cerré el libro, leí el título y me fijé en el subtítulo, escrito en rojo: «De la euforia a la desorientación…»

Sí. Y fútbol de Primera División.

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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