¿Cuánto vale la vida de las personas?. ¿El negocio del COVID o el negocio de la vida? ¿La limpieza de los cauces o la vida de las personas que sucumben a la DANA?, ¿La previsión del colapso del sistema eléctrico o la vida de los enfermos que dependen del suministro eléctrico? ¿La conservación ficticia de la naturaleza o la naturaleza de los que viven de trabajar la tierra? ¿La caridad hacia extraños o la compasión con los propios? ¿El lobo o la patria? La evidencia aplasta la doctrina socialista, tan gastada, del bulo a la que se aferran quienes guardan el beneficio del expolio, del saqueo y la ruina, allende las fronteras.
De las noticias recopiladas sobre el desastre ferroviario, puede inferirse que el accidente ferroviario en Adamuz (Córdoba) el 18 de enero de 2026 involucra un descarrilamiento, por daños en la vía, del tren Iryo 6189 (de Málaga a Madrid), seguido de una colisión frontal con el Alvia 2384 (de Madrid a Huelva). Ambos circulaban a 200 km/h en vías opuestas, en una recta de la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla. El descarrilamiento afectó a los tres últimos vagones del Iryo, que invadieron la vía contraria, provocando el choque y el vuelco parcial de ambos convoyes en un terraplén de unos 4 metros. 20 segundos separaron la vida de la muerte. En la versión del gobierno, el saldo fue la vida de 43 fallecidos, tantos desaparecidos, más de 100 heridos (43 hospitalizados, 12 en UCI, incluyendo un menor).
¿Cómo ha podido ocurrir? Extraño, dice el ministro. ¿Cuál ha sido minuto a minuto, el antes, el durante y el después?¿Por qué la vía aparece cortada en un tramo? ¿Por qué se le adjudicó a una empresa de la trama Koldo la renovación de la vía? ¿Extraño? ¿Cómo pudo haber 8 avisos anteriores entre junio y diciembre de 2025 y que nada se hiciera y después de la supuesta renovación de mayo de 2025?. ¿Extraño? No, extraño, no. La persistencia de vibraciones del tren tras una fuerte inversión (de 700 millones de euros) apunta a una estafa: fondos públicos evaporados en contratos dudosos, ligados a tramas, dejando una infraestructura que tiembla y mata. Las vías tienen la huella sanchista de la corrupción socialista, los canallas que se enriquecen con la muerte ajena. ¿Cómo es posible que en agosto de 2025 el sindicato de maquinistas SEMAF enviara una carta a Adif donde alertaban de problemas de vibraciones en las vías y su desgaste y deterioro y nada se hiciera? De pasar 16 convoyes a mas de 200 no han requerido la diligencia de ADIF para vigilar el desgaste de las vías. Numerosas grabaciones de viajeros habituales mostraron el riesgo de ese tramo circulatorio. Sin embargo, la seguridad estaba «garantizada» y aún así, el cartero siempre llama dos veces. Repetidas incidencias técnicas: averías en desvíos, cambios de vía, sistemas de señalización, catenaria e infraestructura general. Fallos el 26 y 30 de octubre de 2025, y el 23 de diciembre de 2025, entre Adamuz y Córdoba. 8 incidencias desde abril de 2025, mayoritariamente en señalización (e.g., 22 de mayo, 5 de junio, 1 de septiembre), una en catenaria (14 de abril) y otra en infraestructura (26 de octubre). El accidente ocurrió específicamente en uno de los dos cambios de vía de Adamuz.
El ministro, Óscar Puente, califica el siniestro de «extraño», «mala suerte», ocurrió en una recta, con un tren nuevo, en una línea recientemente modernizada. ¿Extraño? , no. ¿Un sabotaje socialista de la conservación de la infraestructura, posible con este nivel de impunidad ? ¿Corrupción subyacente?: alguien se embolsó millones mientras la vía seguía defectuosa, vibrando y fallando, una trama de malversación y negligencia criminal. El gobierno tiene las manos manchadas de sangre. Continúa la masacre, mientras los españoles pagan con sangre a quienes les amenazan con romper la convivencia, el comehostias de Junqueras, y todos los demás, como pactaron con los criminales y el separatismo xenófobo.
Cuando alguien del gobierno comenta que no se podía saber o no se podía evitar, lo que en realidad está diciendo es que volverá a ocurrir. ¿Hasta cuándo vamos a estar tolerando a estos sicarios, a estos criminales de sueldo público y beneficiarios de mordidas? ¿Cuántos muertos deben darse para dar un puñetazo en la mesa? Y no, no será la historia quien los juzgue, si queda una brizna de dignidad serán los jueces quienes los juzguen y las cárceles donde penen su responsabilidad criminal. Ningún medio ensobrado quiere hacer las preguntas: ¿Cuántos cadáveres más, Sr. Presidente? Ya huele fuerte, a podrido, la Moncloa y toda su mafia de carroñeros, el hedor es insoportable.
La corrupción socialista también es inevitable. El bulo es decir la verdad, y mostrarla. También es inevitable e impredecible la corrupción socialista pese a las denuncias de Adif durante los tres últimos meses. Todos estos fallos tienen una corrupción más profunda que un problema de mantenimiento. El gobierno quiere lavarse las manos, las mismas que frota con ahínco para quitarse la sangre derramada por su incompetencia y su corrupción. Cada “accidente” o desgracia es más dantesca. Todo parece una calamidad divina, fuera del alcance de nuestro control. Las cosas simplemente pasan. Pero no, la realidad tozuda sale a la luz, una sistemática cascada de eventos trágicos tienen una causa común, un responsable directo. La realidad nos grita a través de los muertos. Cada vez se ve más esa punta del iceberg putrefacto que malgobierna España. Cuarenta y una personas fallecidas, personas asesinadas. Otras tantas desaparecidas. Uno aquí, otro allá, ¡que más dá! ¿No se acuerdan estos gobernantes criminales de los muertos del apagón? Nosotros, sí. Creen que no nos acordamos de los muertos de Valencia? Nosotros, sí. No son catástrofes naturales. Es una crónica de una catástrofe anunciada, deliberada, por desidia, por incompetencia, por negligencia, por interés, o todo junto. De cualquier forma, una irrespondabilidad criminal intolerable e inaceptable. Los números deshumanizan las tragedias. Tanto como la deshumanización que hace el gobierno con las víctimas al negarles la asistencia y vender su seguridad manteniendo a sus sicarios, a sus esbirros, alimentando el desasosiego y la inseguridad. Igual que la política pública de vivienda. Quitar a uno el producto de su trabajo, para dárselo a un moro. Si querían ayuda que la pidan.
Ya está cerrado el caso. Todo fue extraño e imprevisible. El ministro Oscar Puente así lo dice en su última homilía. Una descripción de nuestro pueblo agonizante: «No se puede hacer nada, está en las últimas», la conducta propia del espectador que es, en verdad, el verdugo. Y Sánchez también lo tiene claro, la culpa la tienen los que difunden bulos y noticias falsas, él está bien. Si querían información, que la pidieran. Todo el mundo sabe que es más grave una noticia falsa, que una tragedia real.
La doctrina de silenciar la evidencia, predicar el mejor de los mundos, comerciar con la vida humana, servirse de la necesidad para atesorar riqueza, la estrategia de los verdugos socialistas. Comerciantes de carne humana, como esos narcotraficantes, que por omisión o acción del gobierno venden los efectos analgésicos del cannabis, y el sucedáneo de felicidad que procura el consumo individual de drogas. La eutanasia colectiva aplicada desde el gobierno. Sánchez predica y vive de la amnesia. ¿Qué estúpido recorrido tienen las condolencias cuando los criminales, los mismos asesinos, acuden a suplantar a los que lloran junto a sus víctimas?
La unidad se ha mostrado con el Juanma Somemo en la rueda de prensa. La comparsa fantoche que enjuaga la estafa mortal. Unidad que abandera el PP con la banda criminal y asesina. Y de floreros de cara compungida, la pareja real. ¡Cuánto trabajo de plañideras últimamente, cuánta visita! Trabajan mucho desde el palacio de la Zarzuela.
El gobierno nos quiere muertos, esa es la conclusión brutal y simple a sazón de los acontecimientos que se acumulan, como los cadáveres. La evidencia se repite machaconamente, no hay vuelta de hoja. Un apagón, un incendio, una riada, un descarrilamiento. Todo imprevisible e inevitable. Los verdaderos culpables asesinan pero no pagan por sus delitos. Tienen a quienes pueden encargárselo. Se pasean compasivos y comprensivos con caras de cemento por los platós de televisión con su alfombra de impunidad. No hay mayor criminal que quien comanda las huestes de emisarios que cobran por monetizar la muerte en sus negocios sucios de intermediación. Como Zapatero. Se nos revuelven las entrañas. De cuánta paciencia abusarán antes de caer bajo las balas.
