El Gobierno Sánchez hace un amago de marcar distancias: cancela un contrato con Telefónica por equipos de Huawei

China rechaza acusaciones de ciberespionaje y denuncia a España por ‘difamaciones’ que amenazan el comercio bilateral

El Ejecutivo español anula un contrato de fibra óptica con Telefónica tras detectar equipos de Huawei, en plena pugna europea por la ciberseguridad y el control tecnológico

Huawei te espía
Huawei te espía. PD

En el tablero internacional de la tecnología, España acaba de mover ficha. El Gobierno ha decidido cancelar un contrato de casi 10 millones de euros adjudicado a Telefónica para la mejora de la red de fibra óptica RedIRIS, tras detectar la presencia de equipos de Huawei en la infraestructura propuesta. RedIRIS, la columna vertebral de las comunicaciones científicas y académicas del país, da servicio a universidades, centros de investigación y organismos clave como el Ministerio de Defensa. La decisión, confirmada por el Ministerio para la Transformación Digital, responde a “motivos de estrategia digital y autonomía estratégica”.

A día de hoy, 30 de agosto de 2025, la noticia agita el sector tecnológico y pone de relieve el creciente recelo europeo hacia los fabricantes chinos. El contrato, valorado en cerca de 10 millones de euros, buscaba cuadruplicar la velocidad de transmisión de RedIRIS de los 100 Gbps actuales hasta los 400 Gbps, un salto fundamental para la ciencia, la defensa y la transferencia masiva de datos.

Huawei, en el epicentro de la batalla geopolítica digital

La decisión española no llega por sorpresa. Desde hace años, Huawei figura en el punto de mira de la Unión Europea y de Estados Unidos, que ven en la presencia de la empresa china en infraestructuras críticas una amenaza para la ciberseguridad y la soberanía tecnológica. Washington, de hecho, había dado un ultimátum a Madrid: cancelar el contrato antes del 31 de agosto o arriesgar la cooperación en materia de inteligencia. El Parlamento Europeo ya vetó la entrada de grupos de presión de Huawei en sus instalaciones tras escándalos de presunto soborno y la Comisión Europea ha pedido restringir o incluso excluir a la firma asiática de las redes 5G y de comunicaciones críticas.

El trasfondo, claro, es la sospecha de que los equipos de Huawei pueden incluir “puertas traseras” o mecanismos de espionaje vinculados al gobierno chino, acusaciones que la empresa siempre ha negado. Sin embargo, el mensaje desde Bruselas y Washington es claro: la autonomía digital y la seguridad nacional no se negocian.

Telefónica y el ajuste de su estrategia

Para Telefónica, este giro supone un varapalo, pero también una confirmación de la tendencia que ya se venía gestando. Emilio Gayo, director de operaciones de la operadora, reconocía recientemente que la compañía estaba “reduciendo su exposición a Huawei” en España, en línea con las recomendaciones de la UE para retirar progresivamente los dispositivos del fabricante chino de las redes más sensibles. No obstante, la operadora sigue utilizando tecnología de Huawei en parte de su red móvil 5G minorista, aunque el Gobierno no ha extendido el veto a este ámbito por ahora.

La decisión de cancelar el contrato no es la primera señal de cautela. En otras licitaciones, como el almacenamiento de datos de la red Sitel de la Policía Nacional, el Ministerio del Interior permitió el uso de hardware de Huawei al considerarlo irrelevante para la transmisión directa de información sensible. Sin embargo, cuando la infraestructura afecta a la Defensa o a la ciencia, la vara de medir cambia.

Europa y la guerra fría tecnológica

España se suma así al grupo de países europeos, como Alemania, que han prohibido o restringido el uso de equipos de Huawei en redes críticas. El contexto es una auténtica guerra fría tecnológica entre Occidente y China, donde la infraestructura digital se convierte en un campo de batalla estratégico. La presión estadounidense y la alineación europea no dejan mucho margen para las dudas: la seguridad digital y la autonomía estratégica son ahora prioridades políticas.

  • Bruselas ha instado a los Estados miembros a limitar a Huawei en el 5G.
  • Washington condiciona la cooperación en inteligencia a la exclusión de tecnología china.
  • El Parlamento Europeo prohíbe el lobby de Huawei en sus instalaciones.

La política tecnológica se entrelaza con la diplomacia y la economía. Para España, que aspira a liderar la digitalización y la ciencia en Europa, depender de proveedores con sospechas de espionaje no resulta aceptable.

¿Y ahora qué? Innovación, IA y autonomía digital

La cancelación del contrato pone de relieve la necesidad de apostar por proveedores nacionales y europeos, tanto en hardware como en software. El Gobierno prepara una nueva licitación para renovar la infraestructura de RedIRIS, priorizando la ciberseguridad y la independencia tecnológica. La modernización de la red es clave para soportar aplicaciones avanzadas, desde supercomputación hasta la inteligencia artificial (IA), que demanda redes ultrarrápidas y seguras.

La IA se cuela en el debate: la transferencia de grandes volúmenes de datos científicos, el entrenamiento de modelos de aprendizaje automático y el despliegue de servicios inteligentes requieren infraestructuras robustas y protegidas. Sin una red nacional segura y rápida, la ambición española en IA y supercomputación se vería limitada.

En paralelo, la estrategia europea Next Generation EU y los fondos de recuperación ponen el foco en el desarrollo de tecnologías propias. El objetivo: dejar de ser dependientes de actores externos y blindar los datos, la ciencia y la innovación frente a riesgos geopolíticos.

Un mensaje claro para el futuro digital

España ha lanzado un mensaje nítido: la ciberseguridad y la autonomía tecnológica van de la mano. Renunciar a proveedores cuestionados internacionalmente puede suponer un coste económico inmediato, pero refuerza la confianza en las instituciones y en la soberanía digital. En un mundo cada vez más interconectado y con amenazas digitales en constante evolución, la decisión marca un antes y un después en la política tecnológica nacional. El próximo capítulo, sin duda, se escribirá en clave de innovación, confianza y, por supuesto, velocidad de conexión.

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