No cabe mayor vergüenza.
En el siempre inflamable debate sobre la inmigración en España, a veces basta una sola frase para encender la mecha. Esta vez, el protagonista ha sido Víctor Gutiérrez, diputado socialista y secretario de Políticas LGTBI, que durante su intervención en el programa ‘En boca de todos’ de Cuatro soltó una sentencia que rápidamente se viralizó: “¿Quién va a limpiar el culo a los abuelos? ¿Quién va a recoger la fruta en el campo? ¿Quién se va a dedicar a hacer todas esas cosas que vosotros no queréis?”. El comentario, dirigido a Samuel Vázquez, portavoz de Vox en materia de Seguridad e Inmigración, pretendía desmontar la viabilidad de las deportaciones masivas defendidas por la formación de Santiago Abascal. Lo que consiguió, sin embargo, fue retratarse demostrando su clasismo.
Ser inmigrante y apoyar a la izquierda, es elegir ser un eterno esclavo.
Ellos no nos verán nunca como personas con ciertas capacidades intelectuales, sino como sus limpiadores de culos tal y como dice aquí este diputado socialista.@victorg91 admiro tu sinceridad
¡Las cosas… pic.twitter.com/0qN6Z6UtJf— Bertrand Ndongo (@bertrandmyd) August 20, 2025
Este 21 de agosto de 2025, el Partido Popular ha exigido una disculpa pública al PSOE y la rectificación inmediata del diputado, tachando sus palabras de “bochornosas” y “clasistas”. La portavoz popular en el Congreso, Ester Muñoz, no ha escatimado en calificativos: “Esa es su humanidad y su progresismo. Espero que le rectifiquen de inmediato”. El asunto ha saltado del plató televisivo al Congreso, avivando una vez más el eterno fuego cruzado entre partidos por la gestión de la inmigración y el mercado laboral.
Lo que ha desatado la tormenta no es tanto el fondo como la forma. El discurso, que pretendía ser una defensa del aporte laboral de los inmigrantes, ha sido percibido como una reducción utilitarista, casi deshumanizadora, de las personas migrantes a meros “hacedores de trabajos que los españoles no quieren”.
El comentario de Gutiérrez no solo ha provocado la ira del PP, que ha pedido respeto y dignidad en el tratamiento de la inmigración, sino que también ha generado incomodidad en otros sectores progresistas y entre activistas sociales. Incluso en el plató, la afirmación fue tachada de “clasista” por participantes de distintas sensibilidades políticas.
El episodio llega en un contexto de máxima tensión política y social, agravada por incidentes recientes como el incendio de una iglesia en Albuñol, presuntamente provocado por un joven magrebí, que han vuelto a situar la inmigración en el centro del enfrentamiento partidista. Mientras tanto, la sociedad asiste, no sin cierta resignación, a un intercambio de reproches en el que los argumentos de fondo se ven eclipsados por la batalla del titular y el zarpazo en redes sociales.
