La Esteban ha intentado independizarse pero debería volver a ‘casa’ con urgencia. El viernes 11 de mayo de 2012 se estrenó ‘Los ojos de Belén’ dentro de ‘Sálvame Deluxe’ y aunque la audiencia no fue mala, de la calidad, ni rastro. En su programa debut, la ‘princesa del pueblo’ apareció demacrada y poco generosa. ¿Dónde está el animal televisivo que se supone que es?
Cuando supimos que la de San Blas -vale que ahora vive en Paracuellos pero para un servidor San Blas es mucho San Blas- iba a tener programa propio no pudimos más que aceptar una liberadora verdad. Por muy mediática, aplaudida y magnánima que sea, Belén es una palmera, un personaje secundario que necesita un profesional cerca (llámese Ana Rosa o Jorge Javier) que le pueda sacar su jugo. La ex de Jesulín es un torbellino inmaduro y, por lo tanto, incontrolable que exige mano dura.
Esto debieron de pensar -tarde- los de Telecinco ya que, finalmente, el debut en solitario de su gallina de los huevos de oro -después de que el piloto fuese rechazado por mala calidad- se estrenó arropado por ‘Sálvame Deluxe’. No podía ser de otra manera, papá Vázquez tenía que guiar a su ‘díscola’ presentadora.
El capítulo piloto jugó al pez fuera del agua y metió a una pudorosa y monjil Esteban en algo que siempre le ha dado mucho asquito: el sexo. Así, la madre de Andreíta se paseó por sex-shops, barras americanas, prostíbulos y shows de fornicación en crudo. Es decir, el enésimo documental sobre el mundo del porno español en el que no faltaban los lugares comunes del género, sala Bagdag incluída.
Lo que primero llamó la atención fue el mal aspecto que tenía la protagonista. Podríamos decir que parecía demacrada o desfavorecida pero dejémonos de eufemismos y digamos las cosas por su nombre: estaba fea. Más fea que la parte de abajo de un camión. ¿Qué era eso, realismo social? ¿No podía haberse maquillado? Si hasta Chiqui Martí -la bailarina erótica que la enseñó a subirse a una barra- se lo dijo.
Y la escasez de cuidado físico no fue la única falta de generosidad de la Esteban. Vale que a ella lo del sexo le da palo pero vamos podría haber sido más graciosa. Al comienzo, en el sex-shop, no hacía más de despreciar a la vendedora. Su actitud rezumaba pereza, daba la sensación de que no quería estar ahí. ¿No ha aprendido nada en una década? ¿No sabe cómo dar juego?
La cosa se fue animando pero no por la Esteban sino por la fauna que la rodeaba. Lo mejor, su charla con madame Rius en un prostíbulo que era de todo menos erótico -lleno de ¡ángeles!-. La buena mujer hizo promoción de sus memorias -que acaba de publicar- y habló de su negocio, de su infancia y de cómo Camilo José Cela tenía la necesidad de romper platos justo antes de encamarse con alguna de sus chicas.
También fue gracioso el momentazo del show de sexo en vivo en el que una pareja modélica, sentada al lado de la Esteban, de prontó, se desató y se puso a fornicar ante una presentadora que no sabía dónde meterse.
Pero una cosa es indudable: Belén es natural. Yo me la creo. Ella es así. No interpreta pero en este negocio, querida, a veces es necesario. Ahora hay que preguntarse si su mirada merece la pena o no. De momento, a un 14% de la audiencia le interesa, veremos a ver qué pasa la semana que viene.





