Mis contactos con la astronáutica

Por Javier Pardo de Santayana

(Patches of Light. Acrílico de Richard Thorn en richardthornart.co.uk)(*)

Quizá ya les haya adelantado en otra ocasión algo de lo que les diré a continuación, pero he escrito ya tanto en este blog que no me resulta fácil localizarlo. Así que les advierto que en todo caso encontrarán nuevos detalles y situaciones que remataré con el comentario final que motiva este nuevo artículo.

Como se deduce del título, hubo un tiempo en que estuve relacionado con el mundo de la astronáutica. Vivía yo entonces en Huntsville, Alabama, y estudiaba misilística en el Redstone Arsenal. Era éste una parte del George Marshall Space Center, donde a la sazón se preparaba el primer viaje a la Luna. Desde las aulas oíamos tronar los motores del cohete Saturno, y teníamos como vecino y jefe del proyecto al doctor Werner von Braun, quien, pese a haber sido el inventor de las V-1 que Alemania lanzó repetidamente sobre Gran Bretaña, sería luego invitado por los norteamericanos a dirigir tan increíble empresa. Una cosa curiosa: estando yo allí tuvo lugar el encuentro entre él y Walt Disney, dos grandes creadores de fantasía.

Para mí, la larga estancia en Huntsville fue sumamente interesante: allí pude visitar los lugares donde probaban los cohetes y también aquellos en los que se estudiaban y ponían en práctica los experimentos preparatorios de la misión lunar. Y allí tuve ocasión de conocer al científico español Oró y entablar amistad con Frederick Ordway III, norteamericano encargado de la divulgación “literaria” del proyecto, y Harry Lange, un alemán que realizaba la misma tarea en sus aspectos gráficos.

Precisamente este último era el autor de aquellas fantásticas ilustraciones que nos hicieron vivir las hazañas espaciales aun antes de que se realizaran. Uno y otro – el norteamericano y el alemán – eran amigos, y el primero estaba casado con una colombiana; de ahí provino la relación de ambos con nosotros, los españoles. Yo, que entonces estudiaba el sistema de misiles antiaéreos más avanzado de la época, estaba suscrito a una revista de astronáutica y seguía con el mayor interés los preparativos de la expedición lunar. Fred Ordway me enseñaba en el despacho de su casa las últimas fotos obtenidas por las sondas especiales, y yo le preguntaba cosas tales como si estaban o no seguros de la consistencia del suelo, o los efectos psicológicos del paso de la gravedad terrestre a la de nuestro satélite.

Un buen día Ordway y Lange nos dieron la noticia de su marcha a Hollywood. “Vamos a colaborar en una película muy interesante”, nos dijeron. Aún conservo la primera página del “Huntsville Times” en la que se anunciaba su marcha con una gran fotografía de ambos. Al releer el documento unos años después, supe que la película en la que ambos colaborarían se titularía “2001, a Space Odyssy” y estaría dirigida por Stanley Kubrik. Nada menos.

Ahora, contando con la inestimable ayuda de Google – ese invento increíble que es capaz de localizar y presentar en unos brevísimos segundos referencias de cualquier cosa que pueda haber aparecido en cualquier publicación del mundo – he vuelto a localizar a mis antiguos amigos y he podido conocer la trayectoria que siguieron uno y otro después de nuestro encuentro. También he podido leer algunos escritos suyos en los que hacen referencia a la época en que yo tuve ocasión de conocerlos.

Mas no fue ésta mi única relación con el ambiente astronáutico, pues años más tarde mi mujer y yo nos encargamos personalmente de acompañar por España a Vance Brand, piloto del módulo de mando en la famosa misión del Apolo-Soyuz, primer encuentro de un vehículo aeroespacial ruso y otro norteamericano. Brand era miembro de una asociación con sede en Houston conocida como los “Granaderos de Gálvez” en honor del general español que cubrió el flanco sur de los Estados Unidos y fundó en Texas la ciudad de Galveston. Formada por personas influyentes en distintos ámbitos, esta asociación, que con motivo del segundo centenario de la independencia de los Estados Unidos logró que el Senado norteamericano reconociera la importancia de la contribución española, acude periódicamente a visitar a nuestro Rey, motivo que permitió que yo les conociera. Y lo curioso es que en esta visita visten los uniformes de la época. De aquel viaje conservo las fotografías y recuerdos con que nos obsequió el astronauta, que más tarde desempeñó el cargo de comandante en tres misiones del trasbordador espacial.

Otro contacto mío con el sugerente mundo de la astronáutica tuvo lugar cuando acompañaba a una alta autoridad española en un inolvidable viaje a los Estados Unidos que incluía un fin de semana en Orlando. Tuve la suerte de que una tormenta obligase a retrasar la salida del primer vuelo del primer trasbordador espacial, es decir, del famoso“Columbia”, y esto me permitió llegar a tiempo de verlo despegar del suelo al día siguiente de mi llegada, muy de mañana, mientras oía los comentarios del locutor sobre la misma imagen que yo veía en el televisor junto el gran ventanal de mi habitación del hotel del “Holandés Errante” (“The Flying Dutchman”) de Disneyland, situado precisamente frente a las torres de lanzamiento de Cabo Cañaveral. Por falta de espacio no entraré a describirles el fascinante momento del despegue vertical, la estela que el cohete dejaba tras de sí, el instante en que se desprendieron los “boosters”, o cómo el trasbordador iba desapareciendo poco a poco en el cielo azul, momentos que registré en una libreta para que no escapasen de mi memoria.

Hace unos días leí una entrevista al astronauta español López Alegría en la revista “Excellence” (“la revista del liderazgo, la gestión y la toma de decisiones”) publicada por el prestigioso Grupo Atenea. Me pareció magnífica, porque, a diferencia de lo que hace la mayoría de los entrevistadores, el que la hizo en esta ocasión, en vez de remitirse simplemente a lo puramente anecdótico, abordó cuestiones sumamente interesantes en todos sus matices. En la entrevista, el astronauta describe el perfil del piloto como una combinación adecuada de prudencia y “agresividad” – o sea, arrojo -, cosa nada fácil de encontrar porque que esta última cualidad se encuentra principalmente entre los jóvenes, donde, en contraste, la prudencia tiende a no prodigarse. También trata específicamente del piloto de pruebas, para quien la combinación que hay que buscar es la de un aviador que “sienta” el vuelo y que al mismo tiempo observe el funcionamiento de la aeronave y los datos instrumentales con la frialdad del ingeniero. Y habla de los problemas inherentes al trabajo con personas de otras culturas y al trato y la convivencia entre colegas, que por lo que se ve no suelen ser conflictivos gracias a su perfil común, a su dependencia mutua, y a su instrucción y su misión compartida.

La entrevista, esmaltada de observaciones inteligentes, se remata con un cuestionario “íntimo y personal” que incluye una pregunta breve: “Defina con una frase el mundo en que vivimos”, y una contestación más breve aún – “Frágil” – que, la verdad sea dicha, da mucho que pensar.

—
(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://farm7.static.flickr.com/6015/5960023475_f6fe72f96f_b.jpg

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

Lo más leído