Guadalupe Ortiz de Landázuri. 4. Sus últimos días

Por José María Arévalo

(Guadalupe Ortiz de Landázuri, maestra)

Abordamos el último capítulo sobre la vida de Guadalupe Ortiz de Landázuri, de la serie en la que estamos reproduciendo el artículo recién publicado, en La Gaceta Cultural del Ateneo de Valladolid, por Josemaría de Campos Setién, “Guadalupe Ortiz de Landázuri, Doctora en Ciencias Químicas, en Humanidad y en Santidad” (tercero de su «Galería histórica de universitarias ilustres»). Aparecen ahora sus últimos días, tras recoger su actividad docente e investigadora a su vuelta de los años que vivió en México.

“Su insuficiencia cardíaca se agrava –continúa de Campos Setién-, tose con frecuencia y se ahoga con facilidad, por lo que, en el mes de abril de 1975, se decide a pedir licencia para interrumpir las clases, comentando: Es necesario estar contenta, hay que reconocer que una no es imprescindible y dejar hacer a los médicos. El episodio se agudiza, y los médicos deciden arrostrar el gran riesgo de la intervención quirúrgica, ingresando el 1 de junio en la Clínica de la Universidad de Navarra. Mientras la someten a observación y análisis del preoperatorio Guadalupe, con su proverbial laboriosidad y fortaleza, se dedica a ultimar la revisión para la imprenta del libro sobre la química de los detergentes del que se había agotado la primera edición. Al fin, el 1 de julio se la operó, poniéndola las dos válvulas (mitral y aórtica), así como un anillo en la tricúspide, con resultados aparentemente satisfactorios.

Obedeciendo al requerimiento de numerosas amigas, dedica los días del posoperatorio a escribir sus memorias y, siguiendo fielmente sus normas y plan de vida contemplativa, en medio de sus circunstancias, con alegría sobrenatural, porque la tristeza es estéril. Pero el día 15 sufre una gravísima recaída, por la noche entra en coma. Los médicos, en un último esfuerzo, trataron de reanimarla, pero sobrevino la definitiva parada cardiaca y su parábola humana y espiritual finaliza en brazos de María. Era la seis y media de la madrugada de la festividad de la Virgen del Carmen.

Doctora en Ciencias Químicas y en Humanidad. ¿Y en Santidad?… El proceso está abierto para reconocérsela. Toda su trayectoria fue un camino de santidad en la acrividad profesional, vivió su existencia con categoría de misión, realizando una extraordinaria labor pero, sobre todo, haciendo extraordinariamente bien las pequeñas cosas de cada día para, con la gracia de Dios, santificar el trabajo, santificarse en el trabajo y santificar a los demás con el trabajo, convirtiendo todos los momentos y circunstancias de la vida en ocasión de amar a Dios y de servir con alegría y sencillez a la Iglesia, al Romano Pontífice y a las almas, iluminando los caminos de la tierra en la luminaria de la fe y del amor; dejándose impregnar completamente de Dios y, por consiguienre, estando totalmente abierta al prójimo. Y a las personas con tal trayectoria vital, Dios las lleva a culminar en plenitud lo que ya son.

El cardenal-arzobispo de Madrid, presidiendo la sesión inaugural del proceso de canonización, el 18 de noviembre de 2001, subrayó: “Se nos presenta una vida cristiana de gran atractivo y de gran hondura. En medio de la sencillez y detrás de esa no apariencia pública hay una riquísima trayectoria de vida humana, con puntos y aspectos decisivos, como lo fuera el encuentro con el fundador de Opus Dei, Josemaría Escrivá que le abriría el camino de su vocación seglar, contemplativa en medio del mundo, que vivió plenamente, trabajando a la perfección, con vocación a la santidad”.

Y el postulador de la Causa, Benito Badrinas, afirmó: “Ahora que Juan Pablo II desea mostrar modelos de santidad próximos en el tiempo, consideramos que Guadalupe encarna un modelo cercano y amable: fue una trabajadora infatigable, que afrontó cristianamente los problemas de su época. Se preocupó por las necesidades educativas y espirituales de quienes la rodeaban, con un gesto siempre amable. En todo, el amor a Dios y al prójimo fue el motivo de su actuar”.

Así concluye el magnífico artículo de don Josemaría de Campos Setién, tercero de su «Galería histórica de universitarias ilustres» publicado el pasado día 1 de Julio en La Gaceta Cultural del Ateneo de Valladolid, y que tituló “Guadalupe Ortiz de Landázuri, Doctora en Ciencias Químicas, en Humanidad y en Santidad”. Esperamos atentamente nuevos capítulos de esta interesantísima Galería.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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