Por José María Arévalo

(Plaza y Colegio de Santa Cruz. Acuarela de José María Arévalo. 34x 43) (*)
Los nefastos efectos de la desamortización sobre el patrimonio artístico trataron de paliarse por la Real Academia haciéndose cargo de las obras que habían sido acumuladas por los empleados de los Arbitrios de Amortización que no se había preocupado de custodiarlos, como hemos visto en los dos artículos que hemos dedicado a la desamortización de Mendizábal en Valladolid, siguiendo la “Historia de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de la Purísima Concepción de Valladolid” de doña Amalia Prieto Cantero, que estamos reseñando -con lo que nos unimos a la celebración del 230 aniversario de que Carlos III admitiera a la Academia vallisoletana bajo su protección, en 1783-. Quedaba pendiente el destino definitivo, y la comunicación de la Academia de San Fernando de 2 de marzo de 1836 produjo en la de Valladolid gran satisfacción, ya que preveía que los objetos artísticos desamortizados se destinasen al estudio de las nobles artes, evitándose así su extravío, y formándose con ellos colecciones completas con el nombre de Museos, de los cuales uno sería Nacional y los demás Provinciales. La formación de colecciones, con el nombre de museos, lo había iniciado la Real Academia vallisoletana ya en 1828 organizando una de escultura a base de las estatuas de los pasos de Semana Santa, titulándose a sí misma desde dicha fecha «Academia de Nobles Artes de la Concepción y su Museo».
La evolución de estas disposiciones, sin embargo, no iba a serle favorable. Como ya hemos comentado la solución que el Gobierno daría sobre el destino definitivo de los objetos recogidos en los conventos, desató las luchas por asumir estas competencias. Titula doña Amalia el apartado b) del capítulo ya recogido sobre Disposiciones dadas acerca del destino de los objetos recogidos, “Decreto del 9 de Marzo del mismo año”. “Estaba la Academia vallisoletana disfrutando de este estado de euforia cuando se promulgó el decreto de 9 de marzo de 1836 que determinaba, en uno de sus artículos, el destino que debía darse a los objetos recogidos en los conventos, cuyo cumplimiento no ofrecía dudas puesto que los libros y efectos científicos se destinarían a una biblioteca y los objetos de arte se entregarían a un museo, academia o establecimiento de instrucción pública.
“Los libros y efectos de ciencia –continúa su relación-, está claro, irían a la Biblioteca de la Universidad y de Santa Cruz, en tanto que los objetos artísticos se la debieran adjudicar a ella de forma definitiva, ya que en esta ciudad el único Museo y Colección de obras de arte, entonces existente, era el que la corporación académica tenía en sus salas y era, también ella, la única Academia de Nobles Artes de Castilla la Vieja cuya jurisdicción se extendía, según sus estatutos, a las provincias de los antiguos reinos de Castilla y León estando dedicada, como instrumento de instrucción, a la enseñanza de la juventud, a la que iniciaba en el conocimiento de las nobles artes.
Reunía, por consiguiente, las condiciones requeridas para que se la adjudicasen definitivamente los objetos de arte ya depositados en sus salas y los que, en lo sucesivo, se recogiesen. La afirmaba en su creencia el hecho de que, después de promulgado el sobredicho decreto, la Comisión Recolectora seguía entregando a Pedro González las obras de arte que se recogían las cuales, dicho comisionado, si eran de positivo mérito, colocaba en las salas que la corporación académica tenía. Como el Jefe Político, primera autoridad de la provincia, era Presidente de la Comisión Recolectora, mostraba, al realizarse esto, que él aprobaba la interpretación dada por la Academia.
A lo largo de 1836 y principios del año siguiente continuaron las cosas como se ha indicado: La Academia recibía en sus salas los objetos artísticos y contribuía, a veces, económicamente, a los gastos del traslado. Con estos efectivos de arte proyectó o, más bien, se afirmó en su proyecto de organizar en sus salas una Galería Artística para la cual el único obstáculo era el estado ruinoso de la casa que ocupaba, de la que tan sólo podía utilizar parte, pese al elevado alquiler que por ella abonaba. Por tal motivo se había dirigido al Gobierno de la nación, en diciembre de 1836, solicitando el edificio de alguno de los conventos suprimidos en la capital. Quizás, por entonces, ya aspiraba al del palacio del Colegio de Santa Cruz que, aunque todavía no había sido suprimido, tenía de tiempo atrás un funcionamiento irregular y podía preverse que la Junta de Defensa y Armamento de Valladolid, con motivo de las obras y líneas de fortificación hechas para defender la ciudad de los posibles ataques carlistas, presionaría para decidir la supresión del mismo cuyo edificio suscitó las apetencias, no sólo de la Academia sino también de la Universidad que aspiraba a poseer la biblioteca del fundador del Colegio Cardenal don Pedro González de Mendoza, existente en el repetido palacio.
Este asunto del edificio de Santa Cruz no se resolvió hasta más adelante y la corporación académica, aunque preocupada por el precario estado de la casa que ocupaba, seguía satisfecha creyendo que los objetos depositados en sus salas se la habían adjudicado de forma definitiva. En esta creencia estaba cuando la R. O. de 27 de mayo de 1837 puso fin a la Junta Recolectora y creó otra, en su lugar, con amplias atribuciones para continuar la labor por ella iniciada. Poco después una Ley de Cortes, de 29 de julio de dicho año, reforzó el contenido del Decreto de 9 de marzo de 1836. Esto reafirmó aún más la creencia de la Academia pese a que, en la práctica, la creación de la nueva Junta no la fue favorable para mantener su criterio.
Dedica ahora doña Amalia un nuevo apartado, que titula “Comisiones de arte con las que estuvo relacionada la Academia” , a analizar las relaciones de la Academia con los organismos existentes, para aclarar coómo se planteaba la posible concesión definitiva del depósito de las obras de arte desamortizadas.
“a) Comisión Científica y Artística (27-V-1837 a 13-V-1844).
Al llegar este punto interesa recordar que, como consecuencia de las órdenes desamortizadoras de Juan Alvarez de Mendizábal, de 1835 y posteriores, referentes a la disolución de las comunidades monacales y ocupación, posterior, de sus temporalidades, se creó en Valladolid una Comisión especial de Ciencias y Artes cuya finalidad fue la de conocer, inventariar y recoger los objetos artísticos existentes en los suprimidos conventos de la capital y provincia. Más adelante esta Comisión recibió el nombre de Recolectora en atención a la labor que se la asignó. Al disolverse ésta, establecida por agosto de 1835, se creó en su lugar otra llamada Comisión Científica y Artística que, como la anterior, presidía el Jefe Político, quien en la práctica fue el que impulsó su actuación. El Vicepresidente fue Manuel Martínez Lozar, y miembro destacado –como en la Recolectora- Pedro González Martínez, Director de la clase de Pintura de la Academia de Nobles Artes. A ella se incorporaron más adelante los vocales que habían formado la disuelta Comisión Recolectora.
Las atribuciones asignadas a la nueva Comisión fueron más amplias que las de la anterior. Según la R. o de 27 de mayo de 1837, que la creó, debía preocuparse de reunir, en edificio adecuado, los objetos recogidos ya y los que se recogiesen en lo sucesivo de los conventos suprimidos, cuyo edificio serviría, a la vez, para biblioteca y museo, en el cual se colocarían tales efectos de arte y ciencia a gusto de la Comisión Científica y Artística.
Uno de los artículos de la citada R. O. determinaba que no tendría lugar lo dispuesto en ella en la capital del Reino, es decir en Madrid, ni en las localidades donde los libros y objetos artísticos recogidos hubieran sido destinados ya a bibliotecas o museos existentes. Esto es de interés tenerlo en cuenta porque la Academia de la Concepción vio en ello un punto de apoyo para defender la posesión de los objetos que se la habían entregado, por orden del Jefe Político, a partir del 9 de enero de 1836.
Para desarrollar su objetivo la nueva Comisión fue dividida en dos secciones con los nombres, la una, de Sección Científica y, la otra, Artística. La primera se ocuparía de las bibliotecas y archivos procedentes de las suprimidas comunidades religiosas; y la segunda de los efectos de las tres nobles artes: pinturas, esculturas y objetos arqueológicos de fácil transporte. Esta Sección Artística fue la que atrajo la atención de la corporación académica por tener con ella objetivos comunes, ya que los asuntos de la Científica no constituían, por entonces, la finalidad de su actuación.
b) Junta clasificadora de objetos artísticos (VIII-1837).
Para el buen funcionamiento de la Sección Artística el Jefe Político estableció, con miembros de la Comisión Científica y de la Academia, una Junta, la cual, por la labor que hubo de desarrollar, se llamó Clasificadora. Fue nombrado Presidente el citado Manuel Martínez Lozar y Vocal Pedro González Martínez, que desde agosto de 1835 se ocupaba de los objetos artísticos.
No tardó la referida Junta en comenzar sus trabajos. El Jefe Político, Presidente de la Comisión, la encomendó en 23 de agosto del indicado año que pasase a la iglesia de San Benito el Real y trasladase al sitio que la pereciese más a propósito los objetos artísticos que en ella se hallasen. Pese a dicha orden el traslado, en su totalidad o en parte, no se efectuó hasta 1844, tal vez por decidir la Junta no entregarlos a la corporación académica de Nobles Artes a cuyas salas y locales habían ido a parar los hasta entonces recogidos obrando, pues, así desde un principio con absoluta independencia de ésta.
Tal cambio de conducta no dejó de llamar la atención de la Academia que observaba, alarmada y expectante, los trabajos de la indicada Junta Clasificadora la cual, por su parte, no ocultaba su propósito de llevar a cabo lo dispuesto en la R. O. de 27 de mayo, que mandaba establecer la Comisión Científica y Artística. La alarma se acentuó poco después al asignársele a la referida Junta el edificio del Colegio Mayor de Santa Cruz, con la finalidad de colocar en él el museo y biblioteca que preceptuaba la referida R. O”.
En el próximo artículo continuaremos la trascripción de estos hechos, que determinaron el destino final de las obras de arte que fueron objeto de incautación como consecuencia de la desamortización de Mendizábal.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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