Cada cosa a su tiempo…

Por Carlos de Bustamante

( El regreso del hijo pródigo. 1668-1669. Óleo de Rembrandt en el Hermitage de San Petersburgo. Pintura.aut.org. 262 x 205 ) (*)

¡Pero qué manía nos ha entrado! Lo digo, porque hay, por lo general, el afán de juzgar sucesos o costumbres pasadas sin considerar el paso de los tiempos. Digo con exageración: ¿cómo equiparar la mentalidad del hombre de Neanderthal, por ej., con el actual (incluso ya lejano) que puso el pie en la luna? Sin necesidad de remontarse mucho antes de los fenicios, ¿cómo comparar, también por ej., el tribunal de la que se llamó Santa Inquisición con el actual Sacramento de la Confesión, Penitencia o Reconciliación? En tan bárbaro tribunal se pagaban los pecados –fueran los que fueren- con las más horribles penas de muerte ejecutadas públicamente con el regocijo o aquiescencia de los espectadores: hombres, mujeres y niños. En el actual Tribunal eclesiástico – tan eclesiástico como lo era el otro- se perdonan pecados, herejías y hasta las más graves desviaciones doctrinales o perversidades humanas con la absolución del sacerdote que es en realidad el propio Cristo en el confesionario. El que presente en el hombre ordenado sacerdote nos absuelve en nombre y persona de Cristo.

Podría seguir citando ejemplos hasta aburrir a las mismísimas ovejas. Dada la capacidad de comprensión del posible lector, con lo dicho basta. Cada cual podrá añadir-¡sin pasarse!- cuantos ejemplos sean precisos y que vengan al caso de cada cosa a su tiempo.

Cuando con lo dicho, dicho está cuanto quería, se me vienen a las mientes dos conceptos que, a lo mejor en algo vienen al caso: progresía y conservadurismo. Progresistas y conservadores en política y creencias religiosas.

Según el título, habrá quien diga -tomando a S.S. el Papa como ejemplo (¿?)- que hay hoy católicos en contraposición con él, anclados entre los llamados conservadores. Permítanme que difiera y lo califique de craso error.

Por supuesto que ahora, y desde hace décadas, vivimos tiempos de progreso imparable. Y que no son pocos los que recuerdan con añoranza tiempos que califican de mejores, sin titubeo alguno. Este gran grupo, normalmente entrado en años, además de otros apelativos que rayan en lo ofensivo, inmediatamente se les califica de conservadores. Naturalmente por los “otros”.

Puesto que algo dije del Sacramento de la confesión, sigo sobre él: ¿trasnochado…?, tridentino…? Repito y razono: craso error. “Es que yo me confieso directamente con Dios”, dicen y se quedan tan oreados. ¡Oiga, que también yo, no te fastidia! Puesto que no es el hombre, posiblemente tan pecador como el que se confiesa quien nos absuelve, sino cueste o no creerlo, ya les dije que es el propio Cristo quien dice: “Yo te absuelvo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Parece y es hombre; pero al que por el Sacramento del Orden, se le dio la potestad que instituyó el propio Cristo. La facultad de perdonar los pecados: “Lo que atareis en la tierra, quedará atado en el cielo y lo que desatareis en la tierra quedará desatado en el cielo”. “A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados y a quienes se los retuviereis les serán retenidos”.

Nos convendría, digo, leer el Catecismo de la Iglesia Católica y, en su defecto o por más breve pero conciso, el del Padre Astete. Y en él, las condiciones para confesar los pecados “como Dios manda”. ¿Lo recuerdan?: examen de conciencia; contrición de corazón; propósito de enmienda; confesión de boca y satisfacción de obra. Luego, cumplir la penitencia que nos imponga del confesor.

Pues hay quien asegura que el actual Pontífice Francisco está con el progreso y con él revoluciona a la Iglesia, suprimiendo viejos arcaísmos conservadores. Vamos, que Francisco (como le dicen a secas), es enteramente progresista-“progre”-. Nuevo y más rotundo craso error. S. S. el Papa Francisco, también se confiesa y recomienda vivamente que los fieles lo hagan “con frecuencia”(referido, claro, a la confesión sacramental) . S.S. el Papa Francisco reza diariamente el Santo Rosario a la Virgen y recomienda que se rece en familia. S.S. el Papa Francisco, celebra la Santa Misa a diario y se reviste siempre con los ornamentos litúrgicos establecidos. No viste habitualmente de paisano, salvo en las ocasiones que la prudencia y el medio donde se mueve así lo aconsejan. Que está a favor de los pobres… ¡pues claro! Que es su deseo no hacer ostentación de riqueza en su persona… ¡pues naturalmente! Pero en lo que se refiere a Jesús sacramentado, todo le parece poco. S.S. el Papa, se atiene a las palabras litúrgicas establecidas para celebrar la Santa Misa sin invenciones caprichosas.

Podría enumerar diversas innovaciones o reformas que para nada cambian ninguna norma fundamental de la Iglesia. Son las que sacadas de contexto, utilizan para acomodo para sus preferencias personales no coincidentes con lo establecido por el Papa y con él, el Magisterio de la Iglesia.

¿Pero quién es el atrevido- ¿o malintencionado?- que ha dicho que S.S el Papa Francisco esté a favor de los homosexuales? ¿Pero quién ha dicho que S.S. el Papa Francisco aprueba el divorcio? ¿Pero quién ha dicho que también el aborto? ¿O que quienes infringiendo lo que clara y repetidas veces dijo recogido en los Evangelios sobre quien repudia a su mujer o marido (divorcio), pueden recibir tranquilamente la Sagrada Comunión u otros sacramentos? Otra cosa es y, por favor lean bien, que no se les aparte de la Iglesia como apestados y se les facilite el arrepentimiento para la confesión y enmienda de su transgresión. Y que cada caso particular se estime o estudie con detenimiento, comprensión y afecto.

En lo fundamental de la Iglesia y sus preceptos S.S. el Papa no ha cambiado o suprimido “nada fundamental”. Puede, sí, haber enmendado abusos introducidos desde hace tiempo; puede, sí, haber adecuado algunas disposiciones a los tiempos que nos ha tocado vivir; o que, en su modo de gobernar la Iglesia, plasme su carácter y cualidades “sobrenaturalmente humanas” de afabilidad, austeridad y amor a los pobres. Pero lo blanco en la Iglesia y entre los hombres, sigue siendo blanco. Y negro lo negro. Porque todos hemos de entender bien sin arrimar el ascua a nuestra particular sardina, que cada cosa a su tiempo y los nabos en adviento. Claro ¿no? Pues eso. No nos pasemos de listillos…

Recuerden, en fin, y por fa, al “progre” en su tiempo, San Josemaría. Al hoy “santo de lo ordinario, que algunos “de los buenos” tacharon de hereje. Al que hoy en los altares “revolucionó la Iglesia” de su tiempo porque dijo y practicó santificar con vocación laica de casados o solteros todas las actividades humanas honestas. Todo oficio o profesión honrados ofrecidos a Dios con la mayor perfección humana posible.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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