Por José María Arévalo

( Foto antigua, que publica Vallisoletvm, de la calle Duque de la Victoria, y edificio del Casino) (*)
Tras recorrer las calles de Miguel Íscar y Mantería, y continuando el capítulo “Zona de la Plaza de España”, del itinerario que sigue Juan Carlos Urueña Paredes en su libro “Rincones con fantasma. Un paseo por el Valladolid desaparecido”, que estamos reseñando, le toca ahora a la calle del Duque de la Victoria con sus clásicos edificios, especialmente el Casino y el antiguo Banco Castellano, hoy BBVA, a lo que añadiremos, tomada de Vallisoletvm, la historia del primer semáforo que se puso en Valladolid, en la confluencia de Duque de la Victoria con Regalado; para acercarnos finalmente a la calle Panaderos, y en ella recordar el desaparecido Cine Capitol.
De la calle del Duque de la Victoria dice Urueña: “Fue una de las calles principales del Valladolid antiguo, conocida como de “Olleros” por tener en ella sus talleres los fabricantes de ollas y aperos similares. Fue cambiado su nombre por el del Duque de la Victoria en honor del general Espartero que ostentaba tal título. Dos edificios destacan en ella: el palacio de Ortiz, hoy sede de un importante banco, y el popular Casino de nuestra ciudad. Este último es todavía conocido por la gente como “la pecera”, pues se decía que era posible ver a los “peces gordos” del interior a través de las amplias cristaleras de la planta baja. Es un bonito edificio modernista que conserva su rancio carácter y por eso ha valido de escenario en alguna película”.
“A Duque de la Victoria –continúa Urueña- sale un triste callejón, parte de una calle hoy truncada, de la que otro tramo salía a Menéndez Pelayo. Para asombro de los que leen su nombre en la placa, se llama “calle de la Alegría”, sin ser calle ni tener alegría alguna. Se dice que la llamaron así por el hecho de que el verdugo de la ciudad tuvo su casa por las cercanías y que llegando a ella daba por terminada su jornada laboral y dejaba de sacudir al pobre reo de turno. Aquella gente, al verse libre y a salvo de los palos, daría rienda suelta a su alegría, dando nombre al callejón.

( La triste calle de la Alegría) (*)
Otras callejuelas de la zona tuvieron nombres tales como “Peligros” y “Desengaño”, pero sin ninguna historia conocida que justificara aquellos apelativos”.
Antes de pasar a la relación de Urueña sobre la calle Panaderos, completamos la información con el artículo de Vallisoletvm “Calle Duque de la Victoria”, de Octubre de 2009. “La calle del Duque de la Victoria se encuentra situada en la parte centro de Valladolid, en el distrito nº 1. Nace en la calle de Ferrari, junto a la Plaza Mayor y desemboca en la Plaza de España. El nombre le viene dado como homenaje y reconocimiento de la ciudad de Valladolid al general Espartero cuyo título de duque de la Victoria le fue concedido en 1839 por la reina Isabel II.
Historia de la calle. Esta vía se abrió en el siglo XIII con el nombre de calle de los Olleros y así se puede ver citada en una carta que doña Violante (esposa del rey Alfonso X el Sabio) dirigió el 6 de marzo de 1267 a los monjes franciscanos. En ella hace cesión de unos terrenos de su propiedad para construir un monasterio a fin de que sea habitado por la comunidad franciscana que sería trasladada desde la finca llamada «Río de Olmos», a dos kilómetros de Valladolid, a orillas del río Pisuerga. En dicha carta se hace mención también de la ubicación de esos terrenos, en la calle de Olleros de la que se hace también una descripción del lugar donde se encuentra.
Según el “Becerro de la catedral”, en el siglo XIV tenían en esta calle sus aposentos algunos criados del rey. El Cronicón de Valladolid registra un suceso acaecido en esta vía el 8 de septiembre de 1470. Parece ser que hubo una refriega entre dos cofradías, la de Trenidad (escrito con e) y la de san Andrés, en que murieron varias personas. Al ser una calle nacida en la Edad Media, tenía un trazado estrecho, con algunos quiebros y una alineación irregular. En el siglo XIX, debido a la mentalidad higienística de ese momento, esos espacios ciudadanos parecían inadecuados, por lo que la calle se alineó y se ensanchó en los años 1845-1870.

( Foto antigua del Banco Castellano en la Calle Duque de la Victoria.) (*)
La mayoría de sus edificios datan de las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX, si bien algunos inmuebles fueron construidos en los años 1950-1985, siguiendo el Movimiento Moderno o tendencias herederas del mismo.
El nombre La calle de Olleros terminaba en un espacio llamado el Campillo de San Andrés donde tenían sus talleres y hornos los fabricantes de ollas y pucheros de barro a los que vulgarmente se conocía como olleros. En 1856 el Ayuntamiento decidió cambiar el nombre antiguo por el que tiene actualmente como fidelidad y homenaje al líder del movimiento liberal de 1854 con motivo de la presencia del general en la inauguración de las obras del ferrocarril en Valladolid.
Edificios notables. Palacio de Ortiz Vega. La sede del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (en el nº 12), edificio conocido en su origen como palacio de Ortiz Vega se construyó en la segunda mitad del siglo XIX siguiendo los planos del arquitecto Antonio Iturralde Montel, perteneció al acaudalado banquero y hombre de negocios Antonio Ortiz Vega. Fue levantado sobre parte de los antiguos terrenos del monasterio de San Francisco. Más tarde sirvió este edificio como alojamiento del Ayuntamiento cuando fue derribado el antiguo. Después lo adquirió el Banco Castellano para instalación de sus oficinas mientras en la planta alta se situaba el Gobierno Civil. El edificio fue remodelado por el arquitecto M. Cuadrillero y Sáez en 1920, resultando de ese momento su aspecto ecléctico. En la actualidad es la sede del Banco de Bilbao Vizcaya y conserva, además, un jardín rodeado por una verja.
El Banco Castellano fue una institución financiera española creada en Valladolid en 1900, año en el que se aprobaron los Estatutos del Banco Castellano y convocó concurso para proveer en pública oposición varias plazas para empleados. Tuvo sede en la calle Duque de la Victoria, nº 12, de Valladolid. Desde 1917, el Banco Castellano crea una Caja de ahorros en la que las cuentas pasan de un saldo de dos millones a 31 de diciembre de 1917, a más de veintiséis al final de 1921. Hasta 1922 sólo operaban en Valladolid dos bancos, el de España y el Castellano, a los que se suma en 1922 el Hispano Americano”.

( Foto antigua del Círculo de Recreo, hoy Casino) (*)
Sobre el edificio del Casino, que también se describe brevemente en el citado artículo, hemos encontrado más información en otro, también de Vallisoletvm , de Mayo de 2010, titulado “El Círculo de Recreo” del siguiente tenor: “La prosperidad agrícola, industrial y comercial de Valladolid se fue traduciendo a lo largo del siglo XIX en la creación de entidades culturales y recreativas. La que alcanzó mayor renombre ha sido el Círculo de Recreo. Sus miembros utilizaron primeramente un edificio en la calle Teresa Gil, y luego otro en la Acera de San Francisco.
En 1853 decidió la sociedad construir edificio propio, y para ello se buscó un solar situado en la calle del Duque de la Victoria, esquina a la de Constitución, que había pertenecido al Convento de San Francisco. Dio los planos el arquitecto don Antonio de Iturralde y Montel. Este primer casino tuvo corta vida, pues aparte de la ruina que presentó, la sociedad había experimentado un empuje tal que requería un edificio adaptado a sus poderosos medios.
Fue promotor del casino don José Antonio Pintó, quien presentó la petición ante el Ayuntamiento el 18 de abril de 1900. Los planos corresponden al arquitecto don Emilio Baeza Eguiluz, y se custodian en el archivo del ayuntamiento, como un ejemplo de admirable delineación. Hay plantas y alzados de sus fachadas, reproducidos en negativo. La planta baja se reservó para tiendas, en orden a obtener una rentabilidad, pero posteriormente el casino ocupó también este espacio. La entrada la tiene por la calle del Duque de la Victoria.
Don Juan Agapito y Revilla, arquitecto municipal, dio informe favorable al proyecto, sobre todo teniendo en cuenta el notable papel que en él se daba a la ornamentación, con lo cual el edificio constituiría “un elemento de ornato público de alguna estimación, ya que por lo general se deja relegado a segundo término tan importante particular”. Aprobado el proyecto, las obras se llevaron con celeridad, concluyéndose en mayo de 1902.

( Biblioteca del Círculo de Recreo, hoy Casino) (*)
El arquitecto valoró debidamente el emplazamiento del edificio en una esquina, y por eso la definió con torreón, cubriéndolo con cúpula bulbosa. Consta de cuatro alturas, graduadas con flexibilidad para no incurrir en monotonía. El piso principal ofrece un balcón corrido; las festividades de la ciudad ofrecían a los socios la posibilidad de contemplar los espectáculos desde allí. Los balcones se separan por pilastras y encima vienen ojos de buey de forma ovalada. En el cuarto piso el balconaje se muestra aislado. Aún viene un ático con barandillas y tejado de pizarra muy inclinado, todo de gusto francés. Se combina la piedra con el ladrillo, y hay proliferación de adornos de talla, como concierte al estilo ecléctico. Para valorar la fachada principal, en la cumbre el balcón se flanquea por dos estatuas femeninas a manera de cariátides, con los atributos de la industria y la agricultura. Cierra en el ático el escudo del Círculo, sostenido por dos niños.
En el interior reúne las distintas funciones de un casino. Hay biblioteca, salas de juego, pero sobre todo destaca el gran salón de fiestas. Para la decoración de estos interiores se efectuó un concurso, con gran concurrencia de ofertantes. De todo ello da cumplida información González García- Valladolid. Ganó el concurso don Eugenio Oliva Rodrigo, quien se encargó, como señalaban las condiciones, de le ejecución de toda la obra. Lo más notable es la pintura del salón de fiestas, donde se ha figurado la apoteosis del poeta Zorrilla, y se ha retratado a personajes ligados a la historia de Valladolid, con el conde Ansúrez”.
Y completamos todo ello con una “Historia del Banco de España en Valladolid” que Vallisoletvm recoge a continuación: “El Banco de España, tras serle concedido en 1874 el monopolio de emisión de billetes, comienza a ampliar su red de sucursales, que en aquel momento se limitaba a Valencia y Alicante. En Valladolid, donde no había ningún banco de emisión operativo, el Banco inicia sus operaciones en enero de 1875, instalándose en una casa alquilada en la calle del Duque de la Victoria, nº14. Desde 1875 a 1879 el Banco está instalado en un inmueble alquilado situado en la Calle Duque de la Victoria, número 14.

( Foto antigua del Banco de España en Duque de la Victoria) (*)
En 1879 se inaugura un nuevo edificio en propiedad, en el solar de 1208 m2 comprado al Ayuntamiento, hasta aquel momento ocupado por el matadero municipal. En este lugar está el edificio del Banco de España hasta que en 1954 es demolido para la construcción sobre el mismo solar del edificio actual, hoy Plaza de España, número 15.
El edificio actual de la Sucursal del Banco de España en Valladolid es construido entre 1955 y 1958, según proyecto del arquitecto del Banco D. Romualdo de Madariaga y Céspedes. Parte de la superficie corresponde a terrenos sobre el río Esgueva, desviado en el siglo XX, al convertirse la zona en el centro de la ciudad. El inmueble, que tiene estructura y cimentación de hormigón armado, se compone de una planta semisótano y cuatro más sobre rasante.
Madariaga realiza un proyecto totalmente clasicista que huye de repertorios ornamentales, aplicando una esquematización a los elementos y eliminando capiteles y frontones. Aun así, mantiene el sentido monumental acentuado por el empleo del granito procedente de las canteras de Mingorria (Ávila) y la piedra caliza de Boñar (León). El edificio, que tiene fachadas a la Plaza de España, Claudio Moyano y Miguel Íscar, no ha sufrido variaciones de consideración desde su construcción, manteniendo intacta su configuración arquitectónica y disposición estructural”.
Y concluimos esta zona con el prometido artículo “El primer semáforo de Valladolid” , en el que cita Vallisoletvm com fuentes “Valladolid Cotidiano (1939-1959)” artículo de José Miguel Ortega Bariego en El Norte de Castilla del 23-09-2010. “A mediados del siglo XX Valladolid estaba creciendo en todos los sentidos. La ciudad alcanzaba ya los 140.000 habitantes lo que se hacía notar en un espectacular incremento del parque de vehículos a motor, por encima de los 9.000 en 1957. Aunque todavía transitaban carros de tracción animal por nuestras calles, éstas ya estaban empezando a ser tomadas por automóviles y motocicletas que inexorablemente iban a cambiar los ritmos y costumbres de una apacible ciudad provinciana. La gente estaba acostumbrada a cruzar por donde le daba la real gana y era frecuente que los chicos convirtieran la calle en improvisado campo de fútbol, sin que los coches que transitaban de vez en cuando supusieran ningún peligro.
Pero en pocos años aquella tranquilidad se vio amenazada, como lo acreditaba la notable subida en el número de siniestros con víctimas registrados en el casco urbano durante el año anterior, concretamente 2 muertos y 54 heridos, como consecuencia de colisiones entre vehículos, y 5 muertos y 77 heridos por atropellos. Estas cifras fueron consideradas alarmantes tanto por los medios informativos como por el Ayuntamiento que, al tiempo que recomendaban más cuidado y disciplina a peatones y conductores, se plantearon muy en serio la necesidad de impulsar una reordenación del tráfico. El alcalde don José González Regueral, anunció que en la segunda semana del mes de enero de 1957, una vez concluidas las fiestas navideñas, se iba a acometer la tan demandada reforma del tráfico con la implantación de discos prohibiendo todo lo que hasta entonces había estado permitido.
Aunque los semáforos se implantaron por el creciente tráfico de Valladolid, en los primeros meses de su funcionamiento aún era posible ver imágenes tan insólitas como ésta, con un carro girando desde la calle Regalado a Duque de la Victoria y el guardia urbano vigilando la maniobra, como si no se fiara de la eficacia del semáforo que se ve a la izquierda
La Corporación Municipal encargó a la Sociedad Ibérica de Construcciones Eléctricas la fabricación, en hierro fundido, de los postes necesarios para regular el cruce de Duque de la Victoria con General Mola y Regalado que, según los informes técnicos, era el más conflictivo. Los cronistas municipales explicaban en sus comentarios previos a la definitiva instalación, las características y funcionamiento de los semáforos, como si la gente nunca hubiera visto uno, hablando del cometido de cada uno de los tres discos luminosos y de la obligatoriedad de que todos, conductores y peatones, respetaran el significado de los colores. Y por fin, en el comienzo de las ferias y fiestas de San Mateo del 57 se produjo la inauguración del primer cruce regulado por semáforos de Valladolid, con una inusual afluencia tanto de vehículos como de viandantes.
Durante los días siguientes, el diario El Norte de Castilla tuvo que hacer casi de autoescuela para explicar a los ciudadanos cómo interpretar las nuevas señales. Por ejemplo, «si hay luz roja con una flecha de dirección en verde, la circulación está permitida solamente en el sentido de la flecha, pero no continuar de frente», apreciación necesaria porque no todos los conductores sabían descifrar la complicación del mecanismo. El 6 de septiembre de 1957, el periódico informaba de que técnicos madrileños, supervisados por personal municipal, acordaron desmontar y cambiar de ubicación algunos.
El columnista Publio explicaba el 13 de diciembre de 1957 una nueva dificultad: el semáforo «obliga a la gente a permanecer unos momentos quieta, expuesta a la lluvia, si la luz está roja». El debate del tráfico, ya en 1957, era un clásico en El Norte, con protestas porque había coches «mal aparcados» en María de Molina o Duque de la Victoria que entorpecían el tráfico. En fin, nada nuevo bajo el sol”.

( La Calle -que fue Corral- Torneros) (*)
Y ya continuamos con Juan Carlos Urueña hacia la “Calle de Panaderos. Como su propio nombre indica nos encontramos con una calle gremial donde se agrupaban los talleres artesanos de dicho oficio, pero no fue tal su nombre original pues anteriormente se llamó de “zurradores” o curtidores. Aun teniendo este nombre, en la calle y alrededores también hubo panaderos a la vez que zurradores, y cuando estos últimos fueron mudando sus talleres a la plaza de las Tenerías, los panaderos ganaron la calle y la rebautizaron. En 1702 se trasladó a esta calle la Alhóndiga, depósito de granos de la ciudad, pues la cercanía de los panaderos así lo demandaba. Se mantuvo este importante y vetusto edificio muchos años y con diferentes usos, hasta que fue derribado. Aproximadamente, en su solar se alza hoy el grupo escolar Cardenal Mendoza”.
También completamos esta información de Urueña con varios artículos de Vallisoletcvm, el primero “Las antiguas calles gremiales de Valladolid”, de Octubre de 2010, escrito por Javier Burrieza Sánchez. “Antiguamente existía una intensa relación entre los gremios y la denominación de las calles de la ciudad, pues el nombre procedía de la situación de sus talleres, obradores y tiendas. Después fueron sustituidos muy tardíamente, en la segunda mitad del siglo XIX y especialmente a partir de 1863, cuando la burguesía gobernante dotó de sentido político a la forma de denominar las calles de la ciudad.
Existía toda una jerarquía gremial compuesta por aprendices, oficiales y maestros, con sus correspondientes contratos de aprendizaje, la oficialía y el examen de maestría. Se hallaban presentes relaciones de familiaridad entre todos ellos, porque los aprendices muchos de los oficiales vivían en las mismas habitaciones del maestro. Recibían de éste vestido, cama, atención sanitaria, además de la preparación profesional. De hecho, la vida del gremio no era únicamente laborar, producir y vender sino que cada taller era sobre todo una gran familia. Aún así, la cúpula de cada una de ellos favorecía sus propios intereses, facilitando la entrada de los hijos de los maestros, impidiendo el acceso de los extranjeros y aplicando las disposiciones de la limpieza de sangre.

( Grabado antiguo. Gremio de los panaderos ) (*)
Los oficiales formaban parte de una clase artesanal modesta, que podía mantener una familia pero que carecía de capacidad de ahorro. Existían oficiales con la suficiente confianza de su maestro como para convertirse en sus lugartenientes, cuando se trataba de sustituirle en la dirección del taller. Pero, en ocasiones se producía cierta confusión entre los oficiales y los maestros. En el caso de la escultura, muy bien estudiado por Jesús Parrado, dependía de la capacidad de aceptar obras de importancia y de montar un taller adecuado para realizarlas. El prestigio que hubiese acumulado como oficial favorecía su futuro trabajo”.
Y finalmente “El desaparecido Cine Capitol”, de Septiembre de 2011, de José Delfín Val, en el que Vallisoletvm cita como fuente “Valladolid en la nostalgia” de Angel Allué, en Ambito Ediciones. “Hace casi 30 años que el simpático y castizo cine de la calle Panaderos cerró sus puertas sin que nadie se haya dignado a dedicarle el más mínimo recuerdo por lo mucho que supuso en los días en que no había televisión ni nada de nada en el mundo del espectáculo asequible o casero con que pasar las horas tediosas de las interminables tardes invernales. El ir a “Capi” un día a ver una película del Oeste y una comedia americana, bien pertrechados de pipas o “cacagüeses”, era una verdadera solución al problema para entretener al aburrimiento y las ganas de merendar en los tiempos del gasógeno, la cartilla de racionamiento, del riche más negro que el alma de Judas para todo el día y las labores de “picao” al cuadrado de la Tabacalera o de los “Ideales”, a los que se les llamó como suprema alabanza “caldo de gallina”.
Programas dobles con documentales de la UFA de la Segunda Guerra Mundial, con contraluces de torpedeamientos de barcos mercantes, piquetes y alambradas, bombardeos espeluznantes y lanzamientos masivos de paracaidistas alemanes desde un trimotor, fueron el “introito” de cada día como embocadura macabra de las películas que, entre el triscar de las pipas y el crugido de los “cacagüeses”, íbamos contemplando sentados en las duras butacas de Capitol, que eran un símbolo y un punto de apoyatura para el recuerdo de la dureza de la vida de aquellos días que no debíamos olvidar por la grandiosa fantasía de los salones que veíamos a través de la pantalla.
El Capitol, se inauguró en el otoño de 1931, con una película sonora, por supuesto, y hablaba en español, cosa no muy frecuente por entonces, que ustedes recordarán y que se titulaba “Su noche de bodas” y en la que hacían las delicias de los espectadores Miguel Ligero, con su proverbial gracia y simpatía, y la elegante y guapa Imperio Argentina, quien con su voz de cristal cantaba aquello de: “Recordar las dulces horas del ayer/Recordar aquella noche loca…”.
También en Capitol, puesto que teatro era, se hicieron representaciones de comedia y zarzuela, así como variedades. Hubo también, revista en Capitol, desfilando por allí vedettes como Conchita Paez en “La pipa de oro”.
Pintado de color azul fue Capitol en sus primicias, con acomodadoras jóvenes, gentiles y agraciadas que con educación y destreza atendían al público con sus uniformes también azules y primorosamente hechos. El Capitol quería ser el reflejo, al modo popular, del teatro Calderón. Si en el teatro Calderón se celebraban por carnavales grandes bailes de máscaras para la alta burguesía, el Capitol no se quedaba atrás y los organizaba para las clases más modestas. Pero el Calderón siempre ganaba en calidad, en cantidad y en recursos y artificios teatrales.
Poco a poco el querido cine de la castiza calle de Panaderos, se fue deteriorando como la salud de un enfermo a quien no se pone adecuado remedio hasta que el mal se hace incurable, acabando con su existencia. Nadie se acuerda de los viejos ni de lo viejo, por eso nadie nos hemos acordado del Capitol de otros días, y al bullicio de su existencia jacarandosa, simpática y popular, acompaña hoy el silencio interminable del olvido.”
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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