Arquitectura religiosa olvidada. 7. Los edificios en ruina y su futuro

Por José María Arévalo

( Corrales de Duero. Acuarela de Francisco Pedro Roldán Morales, en el libro “Las ruinas de Dios. Arquitectura religiosa olvidada en la Provincia de Valladolid” ) (*)

Concluimos hoy la Introducción del libro que estamos reseñando en esta serie, “Las ruinas de Dios. Arquitectura religiosa olvidada en la Provincia de Valladolid” de los arquitectos vallisoletanos Juan José Fernández Martín, Francisco Pedro Roldán Morales, José Ignacio Sánchez Rivera y Jesús Ignacio San José Alonso. En la parte final de esta Introducción, los autores indican el criterio seguido para la clasificación de los edificios en cada una de las partes que constituyen este trabajo, incluyen un capítulo de “Agradecimientos”, y finalmente un apartado muy interesante cuyo titulo lo dice todo: “Acerca de los edificios religiosos en ruina y su futuro”. Posponemos el capítulo de agradecimientos para el final de este artículo.

Esta última parte de la Introducción que hoy nos ocupa, recoge, bajo el subtítulo “Partes del trabajo”, lo siguiente: “Por último, queremos indicar qué criterio se ha seguido para la clasificación de los edificios en cada una de las partes que constituyen este trabajo. El primer apartado, es el de edificios donde la ruina está en un estado que permite conocer todavía con detalle cómo fue su configuración, hasta tal punto que es posible hacer una reconstrucción virtual de su estado anterior a la ruina. Un ejemplo sería la iglesia parroquial de San Juan Bautista en Tordesillas.

También se incluye aquellos otros en los que la ruina, en un estado avanzado, sólo permite conocer parte de su configuración, pero no es posible hacemos una idea general del edificio, como sucede en la iglesia parroquial del despoblado de Jarrubias o Santa Cruz de Pedrosa del Rey, donde sólo se conserva la torre.

Dentro de este apartado, como de todos los demás, se ordenan por orden alfabético de partidos judiciales (Mota del Marqués, Peñafiel, Tordesillas y Valoria la Buena) y, dentro de ellos, por términos municipales.

En el segundo apartado, de las ruinas desaparecidas, se recogen todos aquellos edificios de los que se tiene constancia por citas bibliográficas o referencias escritas, pero que no ha sido posible identificar in situ más allá de un montón de escombros y, en ocasiones, ni siquiera el solar, y donde se haría necesaria una intervención arqueológica para poder determinar las dimensiones y forma de lo que en su día fueron edificaciones religiosas.

Están en este apartado la iglesia parroquial de Quintanilla de Yuso, en el término de Trigueros, donde se conoce el lugar del pueblo y se identifican montones de piedra que deben corresponder a su iglesia parroquial.

( Iglesia de Ciguñuela . Acuarela de Francisco Pedro Roldán Morales) (*)

Por último, en el tercer apartado, de las recuperadas de la ruina, se incluyen tanto aquellas que han sido motivo de intervención por parte de particulares u organismos oficiales como algunos casos singulares en los que el celo de sus propietarios, en ocasiones con cambios de uso, ha hecho posible que los edificios, aun hoy en día, se mantengan en pie en un elogiable estado de conservación. Sirva como ejemplo la parroquial del despoblado de Torre Duero, en Torrecilla de la Abadesa”.

“ACERCA DE LOS EDIFICIOS RELIGIOSOS EN RUINA Y SU FUTURO”
Como hemos dicho, continúa el final de esta Introducción con el apartado que titulan “Acerca de los edificios religiosos en ruina y su futuro”: “Después de lo manifestado en la introducción sobre las razones que han motivado la situación actual de multitud de edificios religiosos en el medio rural, situación caracterizada por el estado ruinoso, en mayor o menor medida, es preciso reflexionar sobre este hecho y a la vista de la exhaustiva documentación que se acompaña, intentar dar una respuesta coherente con tal situación.

Este trabajo, por tanto, pretende no quedarse en una mera catalogación de edificios religiosos en estado de ruina, recogiendo mediante testimonios graficos -planos y fotos-sus emplazamientos, su formas, volúmenes, materiales de que están construidos, etc., cosa que de por sí ya constituiría un motivo más que suficiente y que justificaría plenamente este trabajo, al ayudamos a conocerlos y comprenderlos, sino que además quiere aportar ideas sobre el futuro de estos restos cuya degradación es progresiva, la mayor de las veces debido a un total abandono y en general por una pérdida de uso al estar alejados de los núcleos de población, y por qué no decido también, por una pérdida de religiosidad, éxodo del campo a la ciudad, etc.

Es conocido que la intervención en edificios que han llegado a un claro estado ruinoso, salvo contadas ocasiones, es nula. Esto tiene una lógica aplastante que es la que deriva principalmente de una escasez de medios económicos para intervenir en el amplísimo patrimonio arquitectónico heredado, desviándose los recursos para aquellas edificaciones que mantienen o un uso concreto o bien se encuentran en un estado general aceptable desde un punto de vista estructural, o tienen una reconocida categoría monumental, como es el caso de los BIC; es decir los recursos son limitados y por tanto se canalizan para aquellas actuaciones consideradas imprescindibles, no siempre con el mejor criterio selectivo, pero siempre con la mejor intención. Si a esto añadimos que nuestro trabajo se refiere a construcciones muy modestas en el medio rural sin la catalogación de BIC, es lógico que el estado de tales edificios sea el que es, por lo que desde estas líneas pretendemos dar algunas pistas sobre la forma de corregir esta situación al menos en casos más relevantes o importantes. De otro modo se engrosaría el amplio capitulo II de edificios desaparecidos.

Consideramos que la ruina, para recuperar un cierto valor, puede y debe ser entendida de una forma diferente; bien como una «escultura» o como edificio «a medio acabar» y no a medio derruir, y por tanto debe ser objeto de atención en la planificación de los municipios, concediéndoles la protección adecuada en cada caso, para intentar conseguir que cuando menos se evite su total destrucción. Esto últimamente viene siendo casi habitual, pero el hecho de no haberlo sido antes ha colaborado en la situación que nos encontramos. No es lógica la postura contraria, es decir aquella que omite su presencia, ya que con ello se propicia y garantiza su desaparición y paralelamente parte de la historia de una localidad.

(Arroyo de la Encomienda .Dibujo de Francisco Pedro Roldán Morales) (*)

Se trata pues de recuperar al inválido y no practicar una eutanasia, de hecho, lenta e inexorable, basada en el olvido, pues hay que tener presente que estos edificios fueron en un pasado relativamente reciente parte activa de la vida de las comunidades y por tanto de nuestra memoria religiosa y de sus advocaciones. Las instituciones regionales, los municipios y los planificadores deben ser conscientes de este hecho para actuar consecuentemente según la naturaleza y entidad de los restos existentes, ya que una mínima intervención a tiempo puede evitar un problema mayor. Pero no podemos olvidar que se trata de un patrimonio común, y por tanto, es responsabilidad de todos (cada uno en la medida de sus posibilidades), conservarlo y transmitirlo a las generaciones venideras.

Pero tanta importancia como la recuperación de unos restos la tiene su acceso, ya que en la mayor parte de los casos se trata de ermitas próximas a los pueblos, en los que muchas veces se han perdido los caminos, debiéndose recuperar los itinerarios, como lugares de paseo, para hacer accesibles los restos con las debidas señalizaciones para llegar a ellos, cosa que no siempre es posible actualmente.

A lo señalado en el párrafo anterior hay que añadir que el panorama que se desprende del examen detenido de este trabajo es muy diverso, ya que nos encontramos con situaciones diametralmente opuestas, pues existen desde restos irreconocibles -nuestras queridas «esculturas»- hasta arquitecturas que parecen «a medio acabar», al haber perdido partes más o menos importantes de su volumetría, pero fácilmente reconstruibles a través de sus restos y trazas. Es por ello por lo que el tipo de intervención para cada caso pasa por diversos grados en función de la naturaleza de los restos, y del uso a que se destinen.

Debido a que la casuística es importante, las soluciones serían múltiples, no obstante en una primera aproximación los diversos grados de intervención podrían ser los siguientes:

TIPO A: Consolidación de ruina: Entendida como aquella actuación cuya finalidad es parar el progresivo deterioro de los restos a través de una intervención mínima que implique necesariamente un presupuesto asumible para un pequeño municipio a través de las ayudas de instituciones supramunicipales. Comprendería también la recuperación de su entorno inmediato así como la necesaria información «in situ» de la historia del edificio, advocación, fecha de construcción etc. Estaríamos en el caso de restos «escultura», cuyo ejemplo mas paradigmático es el de la ermita de Piña de Esgueva, que figura en la portada de este trabajo.

TIPO B: Consolidación de ruina y reconstrucción parcial: Con la reconstrucción parcial se pretende devolver la fisonomía y volumen original de parte del edificio, conformando espacios cubiertos y/o cerrados, además de consolidar aquellas partes arruinadas e irrecuperables.

Evidentemente este tipo de intervención media a nivel económico debe venir justificada por la utilización del edificio, ya que sin este requisito no se justificaría probablemente la intervención y tarde o temprano volvería a arruinarse. Respecto a su accesibilidad, entorno, información, etc., cabe decir lo mismo que en el punto anterior.

TIPO C: Reconstrucción parcial-total: Constituiría el grado máximo de intervención posible en un edificio de los que nos ocupa el presente trabajo. Obviamente se trata de una situación límite aunque posible en determinados casos y por supuesto para un uso predeterminado, ya que el costo necesariamente seria alto y estaríamos hablando de una intervención en profundidad. Sería el caso paradigmático de la iglesia a medio construir de VilIardefrades, situada en el centro del casco urbano y con unas grandes posibilidades de aprovechamiento para un uso sociocultural, a través de soluciones imaginativas.

TIPO D: Rehabilitación: Entendida como actuación en aquellos edificios que integran un grupo muy limitado que se mantienen casi íntegramente y que solo necesitan una pequeña intervención o impulso para devolverles su valor íntegramente, y que por diversas razones se encuentran cuasi abandonados en la actualidad, como es el caso del humilladero de S. Sebastián en Pesquera de Duero o la ermita de S. Román en Valbuena de Duero.

Estamos seguros que con independencia de las modestas ideas aquí reflejadas, la imaginación y la toma de conciencia de lo que estas edificaciones han representado hasta fechas relativamente recientes, por las personas interesadas e involucradas en la posible recuperación de nuestros apreciados restos, suplirá las deficiencias de lo aquí señalado, incrementando con ello las posibilidades de recuperación, sin grandes costos, de estos hitos religiosos de nuestra cultura popular, historia y forma de ser.

En cualquier caso, si con este trabajo se salvase de la total destrucción uno solo de los restos, ya estaría cumpliendo su objetivo.

A continuación se recoge un listado de edificios o restos, significando para cada uno de ellos el tipo de intervención considerado “a priori” como más adecuado en función de las definiciones expuestas, dentro de los amplios márgenes de mínimos y máximos considerados como óptimos.

Los nombres de los edificios corresponderán a su último uso antes de cerrarse el culto; así, un edificio pudo fundarse como monasterio, pasar luego a templo parroquial y terminar como simple ermita antes de cerrarse al culto. En ese caso, nosotros le daremos la denominación de “ermita”.”

“AGRADECIMIENTOS

No queremos terminar sin expresar nuestro agradecimiento a aquellos organismos y personas que han contribuido a hacer posible que este trabajo haya llegado a realizarse y publicarse. Así la publicación ha sido posible a la colaboración entre la Delegación en Valladolid del Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla y León Este (COACYLE) y el Departamento de Publicaciones de la Universidad de Valladolid, quienes han tenido a bien gratificamos con la edición de este texto.

De igual manera nos ha apoyado el Arzobispado de Valladolid, a través de la carta que D. Vicente Vara (Secretario General), nos facilitó como presentación a los curas párrocos de los municipios donde se encontraban los edificios estudiados. Agradecimiento que queremos hacer extensivo a los Curas Párrocos por la ayuda y facilidades prestadas, así como a los propietarios particulares de algunos de estos edificios estudiados.

Por último no queremos dejar de agradecer su colaboración a nuestro compañero Juan Manuel Báez, quien nos ha facilitado los planos de la iglesia de Villardefrades, así como a los muchos alumnos de la Escuela de Arquitectura que de manera desinteresada nos han ayudado en la elaboración de parte de la documentación gráfica del trabajo”.

Concluida, pues, la Introducción del libro “Las ruinas de Dios. Arquitectura religiosa olvidada en la Provincia de Valladolid”, la próxima semana comenzaremos ya, por localidades, la relación de edificios o restos, significando para cada uno de ellos el tipo de intervención considerado “a priori” como más adecuado. Será el primer artículo para los existentes en Mota del Marqués y Adalia.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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