Paco Roldán, maestro de la acuarela

Por José María Arévalo

( Programa de la exposición “El hueco tiene la palabra”, de Francisco P. Roldán Morales, en el BBVA de Duque de la Victoria ) (*)

Hasta el lunes que viene se puede ver la exposición “El hueco tiene la palabra”, de Francisco Pedro Roldán Morales, que presenta 41 acuarelas seleccionadas de entre más de 90 que ha venido realizando estos años, con ocasión de su trabajo de campo como arquitecto, en el que, como explica en el folleto editado al efecto, “he tenido la oportunidad de ir cosechando una serie de datos e imágenes referidos a los elementos de la arquitectura popular y en especial a los «huecos» que son los protagonistas de esta exposición”. Pero estas acuarelas, en la sala del BBVA en Duque de la Victoria, no son en modo alguno una descripción técnica de formas y peculiaridades de la arquitectura rural castellana, sino una extraordinaria interpretación de su belleza y originalidad.

Especialmente me ha sorprendido, ahora comentaremos, la factura, llena de matices de color, que consigue de la madera de puertas y ventanas, maltratadas por el tiempo y el clima, y que son las protagonistas de esos “huecos” en los muros de tapial o adobe tan típicos de nuestras casas rurales, cuyo espesor produce increíbles efectos de luces y sombras, que Paco Roldán describe con pincelada maestra. Desgraciadamente cada vez son menos los núcleos rurales que conservan estas casas antiguas, con sus cuarterones, portones remachados con clavos de forja, o pronunciados aleros y voladizos. Lo comentábamos estos días pintando en Velliza, uno de los pocos pueblos de nuestro entorno donde todavía se encuentran, al que nos acercamos a pesar del intenso frío, en una de las salidas al campo del grupo de acuarelistas que empezamos hace años, liderado precisamente por Paco Roldán.

“Pero aunque los motivos remitan a la arquitectura popular – sigue explicando en el folleto de la muestra-, nada tienen que ver con un repertorio tipológico. Más bien he buscado la singularidad expresada por la originalidad y también por la combinación de materiales y sus colores, de los rotos, de las manchas, de las ruinas, etc., todo ello matizado y ennoblecido por el paso del tiempo, dando lugar, a veces, a combinaciones abstractas tan apreciadas por Leonardo da Vinci y recomendadas en sus «precetti» como fuente de inspiración pictórica”.

( Acuarela de Francisco P. Roldán Morales, en su exposición del BBVA de Duque de la Victoria ) (*)

“El estímulo del que ha nacido la exposición es el hechizo que siempre me ha producido la rotura del muro que da lugar a los llamados «huecos», como frontera-diafragma entre lo público y lo privado, con su halo de misterio y la invitación a asomarse a lo desconocido. Una fascinación que no es nada nueva: otros antes que yo la han sentido y la han reflejada en sus obras desde distintas motivaciones: Matisse,Chagal, Dalí, Tapies, Duchamp, Trouille, Wyeth y tantos otros en la historia de la pintura”.

“La muestra que aquí les presento se puede considerar, en cierto sentido, una prolongación pictórica de mis publicaciones sobre la arquitectura popular, y también como la continuación de mis anteriores exposiciones de acuarelas”. Efectivamente, los efectos devastadores del paso del tiempo pero en edificios religiosos aparecen también en el libro “Las ruinas de Dios. Arquitectura religiosa olvidada en la Provincia de Valladolid” que publicara Roldán junto con otros tres arquitectos vallisoletanos en el año 2004, interesantísimo estudio que estamos ahora reseñando, semanalmente, en estas páginas, y en el que se incluyen muchos dibujos y acuarelas suyos, con los que también ilustramos cada artículo, como lo hacemos con ocasión de otros muchos, todos los cuales pueden verse fácilmente con el buscador de este blog.

( Acuarela de Francisco P. Roldán Morales, en la actual exposición del BBVA de Duque de la Victoria) (*)

Precisamente estos días atrás incluíamos su acuarela de felicitación de las Navidades, una versión libre de El sueño de los Magos, del Cenotafio de San Vicente en la Basílica de los Santos Mártires abulense, en la que ya se observa un cierto hiperrealismo en la definición tan preciosista del tema, como el que ahora también se aprecia en las acuarelas de esta exposición. Comentado con algún compañero, pienso que no es, en modo alguno, el hiperrealismo su estilo, sino que la naturaleza de lo que quiere transmitir, objetos muy concretos, le obligan a detallar, como si el primer plano o plano grande del enfoque lo requiriera. En este sentido a veces puede parecer excesiva la minuciosidad con que describe unos ladrillos o la anfructuosidad de los desconchones de un muro, que quitan protagonismo a la madera, como digo, actor principal en casi todas las obras de la muestra. Pero ésta es solo una impresión mía, asombrado como estoy de la riqueza de expresión en puertas y ventanas que nuestro gran acuarelista ha conseguido, utilizando todos los recursos de la acuarela, tanto de color como de formas, con magníficos degradados y desmatizados, y describiendo con gran limpieza lo que se oculta en la sombra.

Le comenté esta valoración mía de su trabajo de las distintas formas en que aparecen elementos de madera, que para mi gusto son el tema principal de la mayor parte de estas acuarelas, y me confirmó la idea, añadiendo que es la madera el elemento más vivo de estas construcciones, y por tanto más atractivo a nuestra percepción. Pienso que justo en la transcripción de puertas y ventanas aquel abigarramiento es menor, aunque solo sea por la preponderancia del color sobre las vetas e incluso las grietas, que también, lógicamente, presenta la madera tan trabajada por el tiempo.

( Puente de Cabezón. Acuarela, no incluida en la exposición, realizada en 1991 por Paco Roldán) (*)

Mucho más impresionista es su concepción del paisaje, como pudimos ver en su anterior exposición, “Mi visión del Canal de Castilla”, con otras tantas acuarelas –no recuerdo si algunas más, sí que realizadas en formato mucho mayor que estas- que acogió el Palacio de Pimentel y de la que se publicó un magnífico catálogo patrocinado por las Diputaciones de Valladolid y Palencia. Sus dibujos, de ordinario, también lo son, sumamente sintéticos. No tuve ocasión de ver su exposición de 1984, “Dibujos de palomares”, en la que supongo recogió las que preparó para ilustrar el libro “Palomares de barro en Tierra de Campos”, publicado un año antes. Otro tanto me pasa con varias publicaciones más de las que es también coautor, de edición agotada, “Arte de hacer estuco jaspeado o imitar a poca costa” (1988), “Arquitectura popular en Castilla y León, bases para un estudio” (1992), “Arquitectura popular de la provincia de Valladolid” (1996), y “El canal de Castilla” (2004), anterior a la exposición comentada.

Creo bien merecería esta exposición y el conjunto del trabajo realizado sobre este extremo de la arquitectura rural, una publicación como las antedichas. Sin duda su experiencia en temas relacionados con el patrimonio arquitectónico de la provincia de Valladolid y con la arquitectura popular en Castilla y León – ha desarrollado su trabajo en la Junta de Castilla y León en la conservación del patrimonio arquitectónico-, le ha sido muy útil en esta concreta interpretación de la originalidad de las antiguas casas castellanas que hoy vemos. Pero sobre todo pienso en su aportación al tan difícil arte de la acuarela, que está a la altura de los mejores en nuestro país, y de la que me enorgullece haber aprendido en nuestras salidas al campo desde el año 2.000. Por aquellas fechas fundamos la Asociación de Acuarelistas de Castilla y León, de la que fue el primer Presidente. Quienes nos iniciamos con él en esta técnica estamos muy agradecidos a su magisterio, y celebramos el éxito de esta nueva muestra de su arte.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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