Regenerando a España

Por Javier Pardo de Santayana

( Viñeta de Caín en El Norte de Castilla el pasado día 7) (*)

Parece mentira, pero cuando tenemos sobre el tapete en toda España una campaña de “regeneración política”, miren ustedes lo que sucede con la decisiones de los jueces: nuevo gobierno municipal en el escaparate de la capital, y ahí tienen ustedes ya de entrada la ocasión de juzgar casos patentes de esa degeneración que habría que evitar.

Lo saben ustedes igual que España entera. Uno de los candidatos a concejal, o, más que candidato, elegido a dedo por la exigente nueva edil, nos muestra en su perfil perlas tan significativas del talento que aportaría a la administración como – me canso ya de repetirlo – unas propuestas ingeniosas sobre las inocentes víctimas de unos asesinatos, incluidas jóvenes y niñas, a las que el tipo en cuestión hace objeto de sus chanzas.

Pues – asómbrense ustedes una vez más – para nuestra justicia esas burradas son ”pelillos a la mar”. Y no crean que porque la legislación no prevea y castigue tales comportamientos, sino porque el señor juez así decide interpretarla en beneficio de una recta lectura de la Ley. Como supongo que ustedes se extrañarán cuando les digo esto, les explicaré que la razón principal de esta benevolencia hacia el perverso es que la única víctima citada expresamente por su nombre en aquellas gracietas ocurrentes es precisamente una mujer que, habiendo perdido sus dos piernas de niña en atentado de ETA, dice que no se considera humillada por quien hizo mofa de ella.

Perdóneme ustedes si les digo que, por muy significativa que en la opinión del juez pueda parecer esa única opinión, quedan sin consulta, y esto es incontestable, las casi novecientas víctimas del terrorismo etarra que por yacer hoy en sus tumbas se ven imposibilitadas para expresar la suya; caso aplicable también a las niñas violadas y asesinadas en un lugar de mal recuerdo, y no digamos a los millones de judíos exterminados por los nazis, cuya voz también es, naturalmente, imposible de escuchar. Sí que podría acudirse, sin embargo, a los supervivientes del Holocausto y de los atentados de ETA y a las familias de las niñas, pero comprendo que esto sería cuestión de mucho tiempo y quizás su señoría tuviera una encomiable prisa por emitir su razonada decisión.

De todas formas convendría puntualizar algunas otras cosas: tener en cuenta, por ejemplo – digo yo – que la niña mutilada es una persona excepcional, así que su caso no debería ser tomado sin más como la actitud más probable de la mayoría de las víctimas. Ella – hoy casada y madre de dos hijos – tomó desde el primer día la heroica decisión de conseguir que no ganaran la partida quienes pretendieron desgraciarla, así que se esforzaría por asumir su irreversible condición de mutilada y hacer que su experiencia sirviera de ejemplo a los demás. Su esfuerzo se orientó a construirse un futuro en el que reinaran la alegría y la felicidad. Pero una reacción así no se puede exigir a todo el mundo.

Aún algo más añadiría yo con el mayor respeto: si en parecidas circunstancias a mí mismo me preguntara un juez si me sentía “humillado” por lo que dijera o escribiera un individuo de tan baja estofa, yo respondería también que no. Diría que era él el que se denigraba y mostraba su vileza; que yo en nada iba a cambiar porque el decidiera rebuznar como lo hizo.

Pero lo que más me extraña de esta curiosa justicia nuestra, que tan oportunamente sienta jurisprudencia en beneficio del esfuerzo nacional de regeneración política, es que los jueces indaguen a las víctimas en vez de a los perversos. Quiero decir que no veo por qué ha de buscarse la opinión de los buenos cuando lo que se pretende es juzgar a los malos; o sea que no se trata de juzgar la reacción de los agraviados sino la maldad intrínseca de los actos de quienes delinquen. Fíjense ustedes en este simple ejemplo: según la regla de tres aplicada en este caso, los muchos cristianos que – desde los circos romanos a las cunetas españolas – murieron perdonando a quienes les asesinaban, exonerarían a sus asesinos de cualquier castigo por vía judicial. Y a mí esto no me parece ni lógico ni justo.

Ahí está el resultado de esta intervención en nuestro proceso de regeneración política: finalmente, y si el fiscal general no lo remedia, tendremos a alguien al que llamaremos “desalmado” con toda razón y precisión lingüística representando a la población de unos importantes barrios de Madrid, con el sonrojo, supongo y espero, de los representados y, por supuesto, de unas inmensa mayoría de los españoles.

Item más: según parece, y en la misma línea de apoyo judicial a la regeneración política, se acaba también de exonerar, por toda una carga de razones que supongo sumamente interesantes, otro hecho de todos conocido y del que existe apabullante constancia documental: el nepotismo que permitió embolsarse más de un milloncejo de euros al hijo y hermano de sendos concejales de otro barrio de la capital de España. Por lo visto, si no estoy mal informado, éstos no se enteraron de que su pariente tenia aquella empresa a la que beneficiaron, pese a que, no encontrando alumnos suficientes – el negoció cerró sólo un año después – la misma hermana se apuntó para echar una mano fraterna al empresario.

PS: Enhorabuena a la gran familia de la Mala Baba y sus tuiteros. A menos que lo remedie el fiscal general, ya tienen vía libre asegurada y un buen sistema para financiarse. Por fin nos vemos en el luminoso camino de la regeneración.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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